Como una entrañable presencia
8:15 pm. - 10/05/2016 0 comentarios | | |

Como una entrañable presencia

La Revolución, desde que se hizo en guerrilla, parece imposible sin Celia. En la dirección del periódico Granma, a un costado de la mesa redonda principal, estaba siempre aquel sillón de palma, alto, si se quiere enclenque y hasta incómodo, siempre solo, sin nadie que lo ocupara desde que ella dejó de hacerlo
Leticia Martínez Hernández yailin@artemisadiario.cip.cu

Recuerdo una ocasión, recién graduada entonces, en que llegué corriendo a una reunión, de bateadora suplente porque el jefe estaba en alguna cobertura importante, y con todos los asientos ocupados fui a parar al sillón de la soledad. A punto estaba de acomodarme finalmente en él, cuando alguien gritó alarmado: “¡Ahí no, ese es el sillón de Celia!”.

Nadie imaginó la pena que pasé. Desde entonces nunca me gustó el sillón; sin embargo, aquel objeto, motivo de una de mis primeras novatadas en el diario, despertó en mí una curiosidad tremenda por aquella mujer sobre la que tanto había escuchado hablar en la escuela.

Aquella heroína murió cuatro años antes de que yo naciera y se me había descubierto siempre hermosa en las fotos de uniforme verde y botas altas, o de vestidos largos con bordados y alpargatas, o rodeada de papeles, al teléfono, anotando cosas como queriendo resolver todo a la vez.

 De repente había hallado, casi a la fuerza, un pedazo habitado por Celia en las noches cuando la madrugada la sorprendía en el periódico, trasnochada, cumpliendo algún encargo de Fidel.

Ella era como el horcón del medio para el Comandante, siempre a su lado, una especie de ángel de la guarda. Dice Eusebio, el siempre Leal, que sentía un “amor inmenso hacia Fidel, inmensamente correspondido”… y le quitaba del camino “espinas, dolores, disgustos, sinsabores, sin jamás ocultarle la verdad de las cosas. He ahí su sabiduría”.

Su vida parece leyenda y ella una diosa de la épica revolucio­naria. Nació el noveno día de mayo de 1920, en un pueblo con nombre de astro, Media Luna. Sus padres, proféticos como todos los progenitores, le pusieron Celia Esther de los Desamparados.

Cuentan que en aquel hogar le brotó temprano el amor por su país. No es de extrañar que siendo una treintañera se sumara a aquella expedición de buenos cubanos que, machete en mano, cuando los caminos aún no estaba traza­dos, subieron el busto en bronce de Martí hasta el Turquino.

La Revolución, desde que se hizo en guerrilla, parece imposible sin ella. Quienes la conocieron en plenas lomas de  la Sierra narran que mandaba sin vacilaciones, que trabajaba incansablemente buscando suministros para los rebeldes, que apadrinaba las bodas y era madrina de cuanto vejigo nacía en el monte.

Mientras tanto, iba atesorando cada papel, cada nota, cada orden o mensaje manuscrito. Sabía que años después serían esas las piezas de una tremendísima epopeya.

De detalles estuvo repleta la vida de Celia. Y tiene que haber sido muy feliz porque fue útil. El Parque Lenin, el Centro Turístico Guamá, el Palacio de Convenciones, el de Pioneros y el de la Revolución, tienen su sello.

Como mismo lo llevan, entrañablemente, como hijos de ella, todos esos muchachos que desde cualquier sitio remoto de Cuba llegaron a La Habana, por obra y gracia de Celia, para convertirse en hombres y mujeres de bien.

Hasta de los vestidos para las quinceañeras cubanas estuvo pendiente ella, de los zapatos adecuados, de las fotos para la ocasión… No había tiempo para el descanso, aun cuando su cuerpo empezara a resentirse. Ella resultó más grande que su propio pesar.

Después de algunos años del “incidente” en el periódico, he llegado a pensar que aquella mujer tan solícita, tan presta a ayudar, tan atenta al dolor de los demás, tan sensible y dis­puesta para todos, no iba a negarse nunca a que me sentara en su mismo sitio. Y en los días en que me agarra la nostalgia de otros tiempos, puedo escucharla, extrañamente con voz de anciana, decirme: “ven, mi'jita, mi sillón también es tuyo”.

Su vida parece leyenda y ella una diosa de la épica revolucionaria/Tomada de Radio Habana Cuba
Su vida parece leyenda y ella una diosa de la épica revolucionaria/Tomada de Radio Habana Cuba
4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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