¿Ciudad sin memoria?
2:00 pm. - 03/08/2018 0 comentarios | | |

¿Ciudad sin memoria?

La vida no comenzó ayer e incluso para olvidar hay que tener memoria. Urge entonces salvar cuanto aún se pueda; con la pérdida de la arquitectura merman la historia palpable el rostro levantado por los artemiseños, por los cubanos para sí mismo y para posicionar su cultura de vida ante el mundo.
Elena Milián Salaberri elenams18081966@gmail.com

Está demostrado: la identidad pasa inevitablemente por la imagen y, aunque mucho se habla del tema, al parecer el patrimonio arquitectónico quedó desplazado de las prioridades. Basta una mirada somera a nuestras ciudades para comprobar cuán difícil les resultará a las próximas generaciones imaginar el pasado.

Si bien desde el año 1977 Cuba dispone por Constitución de legislatura en materia patrimonial y urbanística (Ley # 1), actualizada posteriormente con varios decretos, las regulaciones resultan eficaces a macro escala, pero en lo profundo de nuestras localidades la preservación ha sido víctima, fundamentalmente, de la indolencia. Y aclaro, la desidia, es peor que la incapacidad.

En San Cristóbal, una de las seis ciudades de la provincia artemiseña, las muestras de arquitectura colonial e incluso no pocas de época anterior a 1959 perecieron; de tal modo los años transcurridos desde 1830-fecha oficial de su fundación- hasta el siglo XX fueron borrados de la faz de la tierra.

Recalco “fueron borrados” porque inmuebles como la casa de la familia García, eminentemente colonial, desapareció del entorno a base de puro maltrato; hoy su espacio lo ocupa la Casa de Abuelos, edificada sobre el terreno donde estuvo la casona, no quedó una piedra a fines de los años 80. Igual destino corrieron viviendas que fueron exponentes de la arquitectura campestre norteamericana.

Y no hay que ir tan lejos, hoy la vivienda del odontólogo Braulio Sánchez, en el poblado de Chirigota, se hunde como tragada por la hierba; con ella perecen los elementos coloniales de lo que fuera su regia estructura.

Por suerte, sobrevivió la vivienda techada con tejas de cola de castor-por la forma de esos elementos-, lo cual intenta alzarse como testimonio único contra el olvido en medio de la ciudad sancristobalense.

Ocurre que muchas de nuestras ciudades y pueblos presentan hoy un panorama de deterioro generalizado debido a falta elemental de proyección y apego histórico- cultural, carencia de una política de mantenimiento sistemático y al extenso Período Especial con sus limitantes económicas.

Más que hurgar en la búsqueda de responsabilidades, ya insalvables, el llamado es a no reiterar errores; si demolemos a diestra y siniestra, entregamos inmuebles o les cambiamos su objeto social sin detenernos a pensar en su conservación, o sencillamente los mantenimientos constructivos dejan de contemplarse en los planes, la “desmemoria” puede enseñorearse incluso de la llamada arquitectura de la Revolución, ya demandada de programas profundos para su cuidado.

Casi el 77 por ciento de la población cubana vive en zonas urbanas; por tanto, el legado de cinco siglos no es-o sería- solo de una altísima calidad patrimonial, sino también resulta imagen construida de la nacionalidad y sede a la vida diaria de sus pobladores. 

Es necesario no ceder prioridad a preservarlas dentro de los programas de desarrollo nacionales y, particularmente, en los locales, pues en cada porción de suelo cubano se sostiene la identidad del terruño y más allá: la cubanía.

La vida no comenzó ayer e incluso para olvidar hay que tener memoria. Urge entonces salvar cuanto aún se pueda; con la pérdida de la arquitectura  merman la historia palpable el rostro levantado por los artemiseños, por los cubanos para sí mismo y para posicionar su cultura de vida ante el mundo.

Cerrando puertas a la emigración de la memoria palpable de inmuebles que un día abrigaron los sueños y afanes de sus moradores, sellamos un exilio espiritual muy peligroso: el de la identidad perdida.

La historia no debe atesorarse solo en los museos
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4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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