Candelaria, un pozo y su virgen
3:00 pm. - 05/02/2018 0 comentarios | | |

Candelaria, un pozo y su virgen

También se dice que por largo tiempo el pozo estuvo abandonado y en el olvido. No fue hasta el 12 de enero de 2012 que inició su restauración, liderada por Marcos Méndez Hernández y un grupo de vecinos de la comunidad, devolviéndole el valor a tan sagrado sitio, enlace entre el pasado, el presente y el futuro.
Alejandro Lóriga Santos a.losantos@cmbs.icrt.cu

Cualquier visitante, nacional o extranjero, queda encantado con las maravillas que distinguen a Candelaria. Sus calles y montañas aún conservan la música de grandes como Enrique Jorrín y Polo Montañez; las orquídeas de Tomás Felipe Camacho y Agapito Hernández saludan con belleza y frescura a quienes las admiran; y muy cerca de las nubes un castillo observa sin descanso las frías y cristalinas aguas del río Bayate.

Por estos días decidí regresar para reencontrarme con mi infancia cerca de la abuela, los tíos y mi madre. En cada visita, me conmueve la hospitalidad de la gente de esta tierra… y las leyendas que transmiten de generación en generación, una de las más interesantes relacionada con el Pocito de la Virgen de la Candelaria.

No existe un candelariense que no lo conozca. Es considerado uno de los sitios históricos de mayor interés. Cuentan que, a mediados del siglo XIX, una fuerte sequía azotó este término de la Señora de la Candelaria, y provocó que se secaran los pozos y manantiales.

Ante la terrible situación, el poder de la Villa decidió trasladar el pueblo hacia donde se pudiera garantizar agua a los cristianos, las bestias y los sembrados.

En respuesta a la decisión tomada, un grupo de hombres salió por el camino de San Juan de Contreras-Sabana la Mar (hoy Barrancones). De regreso de las serranías, un esclavo llamado José se sentó a descansar cerca de aquel sitio. Al levantar la vista, quedó deslumbrado por una brillante y blanquecina luz que procedía del lado izquierdo del camino.

La curiosidad le hizo dirigirse de inmediato hacia el lugar, donde pudo distinguir la imagen de una mujer… igual a la que acostumbraba a ver en el altar de la iglesia: era la Virgen de la Candelaria.

José quedó inmóvil observando la bella aparición. Por si fuera poco, de las piedras en las que se apoyaba aquella ilusión comenzó a brotar un manantial de agua cristalina. La probó, y confirmó su potabilidad; entonces, se incorporó y salió corriendo a llevar la buena nueva al Señor Padre.

Fue así que después de escuchada la historia del caminante, el Padre propuso una procesión con la Virgen al milagroso lugar. Al llegar allí comenzó a llover fuertemente, de modo que lo bendijo y bautizó el santo manantial como Pocito de la Virgen de la Candelaria.

Transcurrió el tiempo y, el 2 de febrero de 1952, vecinos del poblado inauguraron la urna confeccionada por el alcalde Melesio Santos González y su hermano Manolo, ambos caballeros católicos.

Entre los pobladores existía extraordinaria confianza en los efectos saludables y hasta milagrosos del agua de este pozo. Muchas personas la recogían antes del amanecer, le encendían velas y le dejaban flores a la santa. El número de devotos era tan grande que, a la tarde, lo dejaban casi seco, pero a la mañana siguiente ya se desbordaba por el aliviadero.

Relatan que una señora iba cada semana desde La Habana, y cargaba varias botellas de la bendecida agua, para mejorar los ojos de su esposo ciego.

También se dice que por largo tiempo el pozo estuvo abandonado y en el olvido. No fue hasta el 12 de enero de 2012 que inició su restauración, liderada por Marcos Méndez Hernández y un grupo de vecinos de la comunidad, devolviéndole el valor a tan sagrado sitio, enlace entre el pasado, el presente y el futuro.

Ahora cada año, en los primeros días de febrero, candelarienses y foráneos se reúnen en este paraje para admirar el poder de la virgen que devolvió la vida a los pobladores. Luego, en la noche, una vigilia de creyentes pide bonanzas y tranquilidad para sus almas, mientras ella les recibe entre guirnaldas, cánticos y oraciones.

Esta es una de las tantas historias que el tiempo, de caprichoso, mantiene en la cotidianidad de su gente. Regreso a mi Guanajay con la convicción de que mi segunda tierra vive regocijada de páginas como la de la virgen.

Antes de despedirme, como todo visitante, cubro mi cuerpo con esa agua que —entre la realidad y las creencias— me lleva a esperar el milagro divino. Pasarán los próximos 365 días, y los ciudadanos de Candelaria volverán con fe a su pozo, ese que desde entonces calma la sed de los caminantes.

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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