Artemiseños somos e identidad construimos
12:30 pm. - 01/07/2015 1 comentario | | |

Artemiseños somos e identidad construimos

Apuesto por el aporte de la Universidad junto con otras instituciones de carácter cultural y científico, en aras de acopiar saberes de los 11 municipios, cuyos habitantes amanecimos en enero de 2011 con otros gentilicios y, créanme, apruebo el acierto de la nueva división político- administrativa, imprescindible para apuntalar las transformaciones económicas cubanas
Elena Milián Salaberri elenams18081966@gmail.com

Con menos de un lustro como provincia, Artemisa, uno de  los más jóvenes territorios cubanos, suma a sus no pocos desafíos el de construir su identidad, un proceso consciente, siempre con la mira en tributar a la unidad nacional.
¿Cómo somos los artemiseños? La respuesta requiere tiempo e intención, pues se trata de hallar cuanto nos une y conocerlo, sin desechar las diferencias. El respeto a lo distinto es el ápice de la autopercepción, tanto en el plano individual como en el social.
Apuesto por el aporte de la Universidad junto con otras instituciones de carácter cultural y científico, en aras de acopiar saberes de los 11 municipios, cuyos habitantes amanecimos en enero de 2011 con otros gentilicios y, créanme, apruebo el acierto de la nueva división político- administrativa, imprescindible para apuntalar las transformaciones económicas cubanas, sin desconocer lo complicado del asunto.
Si bien yo como expinareña no me despego del “alabao”, ni me resulta indiferente la novena de béisbol pativerde, creo que los otrora habaneros pudieran añorar su antiguo estatus de cuasi capitalinos. Y eso no se borra al chasquido de los dedos.
No obstante, más allá de fundamentos económicos e históricos, incluso en el gracejo popular ya se forjaba el ideario del territorio: a San Cristóbal se le llamaba “el pueblito de La Habana”, toda vez que al estar equidistante entre la Capital y la ciudad de Pinar del Río, sus pobladores optaban por La Habana como destino en los más abarcadores ámbitos.
Tampoco es improvisado el apego de Mariel, Guanajay y la propia Artemisa por los más occidentales, debido a que alguna vez también fueron “vueltabajeros”.
Y es que toda la vida así se forjaron las identidades. Ese es el artemiseño de hoy, el que mezcla “¿ves?” y “alabao” con el humor inteligente de los ariguanabenses, pedalea con la historia ciclística de Guanajay y se aferra a la bravura de los jóvenes que un día arremetieron contra la segunda fortaleza militar de Cuba, con los sueños como armas.
Artemisa: la Pupila insomne, Angerona, la Sierra del Rosario, el puerto de Mariel y su proyecto, las colinas de Caimito, el mago de Bauta, Soroa, la “Belier”, el suelo fértil, los centrales azucareros, las vallas con parte de la historia en la entrada de los pueblos.
Mientras asumimos esa necesaria mirada hacia dentro, para patentar similitudes y diferencias, sí está claro que somos cubanos, los del siglo XXI, con conocimiento de una autoimagen más balanceada, que mezcla orgullo nacional, gracia y filantropía, sin ser perfectos.
Pequeños y gigantescos momentos, inaprensibles en un texto, solo vivos en el alma de este archipiélago, de cuyos pobladores dijo Don Fernando Ortiz parafraseando el Evangelio: “¡Bienaventurados los cubanos que sean cubanos —y digo yo los buenos artemiseños— porque de ellos será el reino de los cielos!”
 

4:45 pm. - 09/05/2014 1 comentario | |

COMENTARIOS DE LA NOTICIA

Fernando Cobo S...
- 07/07/2015 - 07:08
1
Una vez más quedo anonadado de la narrativa de Elena, con la claridad que nos describe los desafíos de Altemisa como provincia. (Desde este lado del mundo, cuanto aprendo de todos vosotros) Gracias Elena

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