Allá en el fondo molestan
6:00 pm. - 12/05/2017 0 comentarios | | |

Allá en el fondo molestan

¿Y quién les pone freno? ¿Quién les pone un bozal o los invita a que abandonen el inmueble? Casi nadie. Y, sin embargo, todos deberíamos voltearnos, sin muchos miramientos, y pedirles silencio total o darles la opción de que se marchen de inmediato
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

Como los malos alumnos, que nunca quieren aprender absolutamente nada, ellos siempre deciden sentarse al fondo de la sala, el teatro, la biblioteca… Lo que está ocurriendo delante les interesa el clásico pepino. Están en la actividad porque alguien les dijo que debían estar o porque se aparecieron en ella de puros aventureros y metecabezas.

Delante se exhibe una obra, se presenta un libro o se imparte una sustanciosa conferencia sobre cine, historia, literatura, medio ambiente, psicología, o sobre cualquier cosa útil para la vida. Pero ellos, sentados cómodamente al final del recinto, hablan y hablan y hablan y siguen hablando, y acaban por convertir en una “periquera” no solo el fondo del lugar, sino el lugar entero.

En medio de los conceptos, sugerencias, revelaciones, inquietudes, informaciones… que se están ofreciendo al frente, al fondo ellos (y ellas) se regocijan contando con quién anda ahora enredado Manolo o Margarita, quién se mudó a otro barrio o se acaba de divorciar, qué nuevo champú sacaron o dejaron de sacar en la TRD o en la tienda en moneda nacional.

No escuchar a los que más saben es para ellos un acierto, casi un modus vivendis. ¡Madre mía! Los padezco (y compadezco) una y otra vez.

Y los padece gente como yo, interesada en saber un poquito más, porque, descendientes al fin y al cabo del filósofo Sócrates, “solo sabemos que no sabemos nada”. Pero ellos no quieren que sigamos sabiendo algo más de este mundo. Son maleantes de sala, prescindibles participantes en eventos culturales, a los cuales solo van a causar indisciplina en lugares donde, en muchas ocasiones, la cultura se está escribiendo con letras mayúsculas.

¿Y quién les pone freno? ¿Quién les pone un bozal o los invita a que abandonen el inmueble? Casi nadie. Y, sin embargo, todos deberíamos voltearnos, sin muchos miramientos, y pedirles silencio total o darles la opción de que se marchen de inmediato.

No sé qué pensarán otros. Pero yo, al menos, no necesito para nada a esta clase de sujetos, por mucho bulto que hagan en una sala de conferencias o presentaciones o en un evento cultural.

No me interesa para nada brindar la falsa impresión de que el local está lleno de gente ávida por conocer algo más de la cultura cubana o universal. A la postre, la mentira siempre tiene patas cortas y se viene abajo en un santiamén. Basta mirar a los maleantes papagayos del fondo para darse cuenta de que, definitivamente, están en el lugar como puros “inspectores de atmósfera”… y para nada, absolutamente para nada, merecen estar allí.

No sé qué pensarán otros. Pero yo, al menos, no necesito para nada a esta clase de sujetos, por mucho bulto que hagan en una sala de conferencias o presentaciones o en un evento cultural. Foto: Tomada de Internet
No sé qué pensarán otros. Pero yo, al menos, no necesito para nada a esta clase de sujetos, por mucho bulto que hagan en una sala de conferencias o presentaciones o en un evento cultural. Foto: Tomada de Internet
4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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