¡100% cubanos!
11:15 am. - 25/07/2017 1 comentario | | |

¡100% cubanos!

El café acabado de colar siempre nos saca la frase: “por ahí están haciendo café”. Las toallas hervidas. La comida hecha al carbón (la más rica del mundo). El pan con timba y las caldosas. Los amigos que se quieren como hermanos. Los colores exagerados. La torpeza típica con la tecnología. Tomarse una fría o un laguer los domingos en familia (y que todos sabemos es beber cerveza). El saludo caluroso a una persona que solo conocimos ayer. Las pañoletas de los pioneros bien planchadas.
Myrla Pizarro de la Uz myrla@artemisa.cip.cu

Indiscutiblemente las raíces son los detalles más importantes con los que un ser humano ha de cargar siempre, sea cual sea su viaje o sendero, para iniciar el día o para acabarlo; ahí han de estar… las gigantes, las profundas.

Y, ¿qué decir de los cubanos? A nosotros no hay que inculcarnos el sentir por las raíces; crecemos amando cuanto nos identifica. Vivimos por y con nuestra cubanía; es un hecho irrefutable.

Somos una población muy variada. No obstante, cuando vamos a las esencias nos percatamos que, pese a esa mezcla de tantos lugares, somos muy parecidos en verdad.

Cierto, como dice una frase común, “el cubano cuando no llega, se pasa”. De acuerdo, pero no permito que me digan que por eso no somos especiales.

Ya he tenido varios encuentros con personas de otras nacionalidades, y me lo han dejado ver. El más fuerte impacto lo viví en mi residencia estudiantil, en F y Tercera, con la vietnamita del aula. Se llama Diana; ese es el nombre que le asignaron en la embajada al ingresar al país, para que resultara más fácil, por lo complejo de su idioma.

Ella empezó las clases en la primera fila, sentada sola con su tecnología (laptop para copiar las clases), un moño hecho al detalle sin eso que nosotros llamamos “gallos” y con los colores de ropas más opacos que he visto, allí a lo lejos, con su metro y medio de distancia para todos y su saludo seco bajando la cabeza.

Hasta que llegamos nosotros, los cubanos, y le viramos al revés sus costumbres. Luego de un mes ya besaba y abrazaba a todo el mundo, lo conociera o no, porque se le pegó esta maña nuestra de querer y “besuquear” sin medidas a todos. Ya se sentaba en la última fi la rodeada de muchachitas para “chismear”, le bastaba una libreta para todas las clases (la laptop polvorienta en su piso 13), y su ropa y su pelo frescos como lluvia de mañana. Sí, llegaron los cubanos y cambiaron a Diana. Terminó cogiéndoles tanto cariño a los latinos que se hizo novia de un colombiano.

Pero ¿sabe qué? Le reto a una prueba muy sencilla: levántese por la mañana y dígase “voy a cocinar sin nada de lo que tengo en mi cocina”, y verá como lo logra. Cruce al frente y pida una latica de arroz: se la regalan. Vaya al lado y ahora pida un poquito de frijoles: si pueden, se los dan incluso hechos, y una que otra vianda para freír. Pida dos huevos a alguien más, y de buenas a primeras le sale un almuerzo gratis, con la ayuda, no de sus familiares, sino de los vecinos. A la inversa pasa también. ¿Verdad o mentira?

Vecinos que cuando nos ven enredados haciendo limpieza general, brincan y se ponen a la par nuestra a hacer cosas… y, si hay niño, se lo llevan el día entero y cuando lo entregan ya jugó, le enseñaron algo nuevo, comió, se bañó y tiene sueño, directo para la cama. ¿No es verdad?

Cuando vamos por la calle, ¿injusticias? Na’, de ningún tipo, ni con los animales. Sea cual sea el problema que veamos, nos competa o no, salimos corriendo a socorrer y ayudar sin pedir nada a cambio. Y ni hablar de cuando hay problemas de hospitales.

El café acabado de colar siempre nos saca la frase: “por ahí están haciendo café”. Las toallas hervidas. La comida hecha al carbón (la más rica del mundo). El pan con timba y las caldosas. Los amigos que se quieren como hermanos. Los colores exagerados. La torpeza típica con la tecnología. Tomarse una fría o un laguer los domingos en familia (y que todos sabemos es beber cerveza). El saludo caluroso a una persona que solo conocimos ayer. Las pañoletas de los pioneros bien planchadas.

¿Qué más? La música alta, los gritos estruendosos a los conocidos en medio de la calle, las franjas de mi bandera, la comida para los animalitos callejeros, los niños en los parques con sus papalotes, las bolas, los trompos y las bicicletas hechas con piezas de 10 bicicletas más.

También el firme rápido con las primeras notas del Himno, los regalos para todos el día de los padres y las madres, el juego del pon dibujado en las aceras, el guarapo frío y el tambor de papa, las sábanas limpias, el perfume que se siente a tres cuadras, el tiempo del hielo debajo de las camas por el calor insoportable, las antenas hechas de bandejas de comedor, el maní tosta’o, la felicidad y —a pesar de tantas necesidades y trabajo— la alegría de siempre.

Somos así: inigualables, cubanos, emprendedores e incansables con un proyecto e idea. Todo cuanto somos me enorgullece, me engrandece y me alivia, pues pase lo que pase sé que seguimos batallando con amor, y solidarios con el mundo, porque eso nos distingue… y nos eleva.

4:45 pm. - 09/05/2014 1 comentario | |

COMENTARIOS DE LA NOTICIA

bety
- 08/04/2017 - 18:41
1
Muy lindo Myrla, este artículo. Muchísima gente en el mundo nos quiere por nuestra solidaridad, nuestro cariño y nuestra alegría hasta en los momentos más difíciles, por nuestra dignidad y nuestra testadurez, por nuestro orgullo infinito de ser cubanos. Un saludo

ESCRIBIR COMENTARIOS

*Los textos que aquí se publiquen representan la opinión de los internautas. No obstante el periódico se reserva el derecho de publicar aquellos comentarios que tengan palabras obscenas, ofensas o emitan criterios en contra de los principios de nuestra Revolución.
SECCIONES