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- 16/05/2018 0 comentarios | | |

Y mira con los ojos del Sol (+Décima)

ANIVERSARIO 123 DE LA CAÍDA EN COMBATE DE NUESTRO HÉROE NACIONAL
Elena Milián Salaberri elenams18081966@gmail.com

Bastó media hora. Fue entre la 1:00 y la 1:30 de aquel 19 de mayo. Dos Ríos era hasta ese instante un sitio apacible del oriente cubano; después, ya no más: José Martí entraría allí definiti­vamente en la inmortalidad. Dicen que si alguien puede mirar al Sol todos los días, sin apartar la vista, no muere.

Llegó con 48 años de edad, la lite­ratura en las venas, en el corazón un hijo, y la Patria a flor de piel… tan en la piel como para hacerlo cohesionar voluntades dispersas, entrar en razo­nes con caudillos de gestas iniciadas cuando él era un adolescente —haba­nero por demás, lejano a la manigua redentora—, y erguirse frente al Par­tido Revolucionario Cubano para la contienda definitiva.

Ni siquiera se dice fácil, pero así lo sorprendió aquella tarde; luego del almuerzo con Máximo Gómez, el lla­mado a combatir el convoy conducido por el coronel Ximénez de Sandoval. El Generalísimo trató de entablar com­bate en un lugar fácil para maniobrar y no pudo, pues la tropa española for­mada en cuadro rompió fuego contra los cubanos.

Gómez le ordenó: “¡Hágase usted atrás, Martí; no es ahora este su puesto!” Sabía el dominicano cuánto representaba el Delegado del Partido.

Sus palabras resuenan aun al pasar el tiempo: “¡Hágase usted atrás, Martí…!” Pero el fragor de la lucha, el temple del Apóstol, la vida, la muerte… lo colocaron en posición de blanco perfecto para la avanzada con­traria, oculta entre la hierba cuando cruzaron él y su acompañante, Ángel de la Guardia, entre un dagame seco y un fustete caído: las balas se ceba­ron en el cuerpo del hijo de Mariano y Leonor, que se desplomó de su corcel herido, Baconao.

Cayó impactado por tres dispa­ros: una bala le penetró por el pecho, al nivel del puño del esternón, que quedó fracturado; otra, le entró por el cuello, en su trayectoria de salida le destrozó el lado izquierdo del labio superior, y una lo alcanzó en un muslo.

¡Conmovedor el des­asosiego del Generalísimo, al punto de hacerse a toda carrera a la búsqueda infructuosa del cuerpo! Inquietantes el despojo del cadáver de Martí, su controversial identifica­ción, sus sepulturas hasta la definitiva en Santa Ifigenia, la mezcla de sentimientos incluso entre los ene­migos, las interrogantes a lo largo de la historia…

¿Buscó Martí la muerte de manera voluntaria en Dos Ríos? ¿Fue sorpren­dido por el enemigo en el momento en que marchaba hacia la costa a fin de salir del país? ¿Se le hicieron insos­tenibles las desavenencias con los jefes militares de la guerra? ¿Acaso la fogosidad de su caballo Baconao lo hizo meterse sin querer en las líneas españolas? ¿Sería cosa inevitable de la guerra y sus crueldades? Y es que nadie quiso ni quiere prescindir de él.

Se dice que llevaba —según el capi­tán español Satué, quien lo identificó por conocerlo de Santo Domingo— una moneda americana de cinco duros, tres de plata, la escarapela, una car­terita de bolsillo y las cartas atadas con cinta azul, de Clemencia, hija de Gómez; su sortija de hierro debió serle despojada cuando le quitaron revól­ver, reloj, cinto, polainas, zapatos y papeles.

Sin embargo, queda el Moder­nismo, movimiento literario del cual fue precursor, con mérito suficiente para que la International Astrono­mical Union (IAU) decidiera dar su nombre a uno de los cráteres de Mer­curio, validado así su cualidad astral.

También viven el verbo periodís­tico y el diplomático, la genialidad política, el amor genuino de hombre enamorado, la visión de esta Amé­rica compleja y bella, la fe en Cuba… esos bienes tangibles e inagotables no se fueron; desde Dos Ríos salieron en tropel con la fuerza del hombre que mira el mundo desde el Sol.

 

EL APÓSTOL VUELVE A ANDAR
Mayo diecinueve, bríos
da a la leyenda mambisa.
Por las venas de Artemisa
están corriendo Dos Ríos.
Se nos han vuelto sombríos
ambos lados del sendero,
y sin ser julio ni enero
son la gratitud más franca
sembramos la rosa blanca
para el amigo sincero.
Martí, como era mayor
que la condición humana,
fue tan hijo de Mariana
como de doña Leonor.
Su verbo fue un surtidor
de decoro, y en la guerra
-donde con saña se aferra
a los más bravos la muerte-
echó el maestro su suerte
con los pobres de la tierra.
Colocó la cubanía
en un sitio tan sagrado
que no amarla era pecado
y no honrarla una herejía.
Su cuerpo no conseguía
mantener el alma atada,
y se escuchó renovada
su voz del pecho vibrando
cuando regresó dictando
las órdenes del Moncada.
Martí volvió con Fidel
que, cuando subió al azul
Turquino junto a Raúl,
quiso llevarlo con él.
No se marcha porque es fiel
al pueblo que supo amar.
Vuelve el Apóstol a andar
porque, cuando lo impactó,
la bala multiplicó
lo que intentaba matar.
Reinier del Pino

 

12:15 pm.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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