Diciembre 6, 2018 - 8:30am
- 06/12/2018 0 comentarios | | |

Tristes figuras anteriores a la Revolución

De acuerdo con la información brindada por el historiador Israel Valdés, autor de un trabajo investigativo sobre la cúpula militar de Fulgencio Batista, dos de los generales que integraban el círculo militar más allegado a él eran artemiseños: Luis Robaina Piedra y Juan Rojas González
Daniel Suárez Rodríguez daniel@artemisa.cip.cu

Orgullosos nos sentimos los artemiseños de nuestra historia. Y no por saber que también mal nacieron en estas tierras personas que por su vida y obra son un bochorno y una mancha, debemos sentirnos menos satisfechos de nacer donde nacimos.
Por estos días en que rememoramos acontecimientos heroicos  trascendentales de la lucha insurreccional en 1958, no podemos obviar a tristes figuras de aquella etapa: quienes torturaron y vivieron al amparo de la dictadura, igual forman parte de la historia.
De acuerdo con la información brindada por el historiador Israel Valdés, autor de un trabajo investigativo sobre la cúpula militar de Fulgencio Batista, dos de los generales que integraban el círculo militar más allegado a él eran artemiseños: Luis Robaina Piedra y Juan Rojas González.
Robaina Piedra nació en el pueblo de Las Cañas, apenas un mes después del inicio de la República en 1902. Y ¡vaya premonición! De la primera ubicación laboral de este militar de academia, en La Cabaña, salió sancionado por delito de robo y encubrimiento.
Como jefe del Regimiento 6 de la Guardia Rural en Pinar del Río, conspiró con Batista para el cuartelazo del 10 de marzo de 1952: fue el chofer del carro en que entró el tirano por la posta 4 de Columbia ese día.
Lo anterior fue mérito suficiente para que le regalaran el grado de general de brigada y le entregaran el cargo de jefe del Cuartel Maestre, en el cual tuvo a su cargo la logística, el combustible, el transporte, la alimentación y el vestuario. Pusieron en sus manos una mina de oro para cebar la corrupción.
Una hija suya fue esposa de Rubén Batista Godínez, descendiente del sátrapa en su primer matrimonio, por lo que el tirano siempre le favoreció para cualquier negocio sucio y millonario. Solo en Cienfuegos y Las Cañas llegó a tener cientos de caballerías de tierra dedicada al ganado, la caña y cultivos varios.
Tan alto voló en los negocios que se convirtió en copropietario con Batista de la fábrica Cemento Santa Teresa S.A., en Artemisa.
Tanto lo apreciaba el dictador que le confió la responsabilidad de Inspector General del Ejército y, en diciembre de 1957, lo ascendió a Mayor General. No por gusto Robaina fue uno de los elegidos para escapar de Cuba al triunfo de la Revolución, en puesto de privilegio con toda su familia hacia Estados Unidos.  
En Guanajay, también en 1902, nació Juan Rojas González, que sin tener el arresto, la audacia y el parentesco con Batista de Robaina, sí fue vil rastrero para escalar bien alto militar y monetariamente después del golpe del 10 de marzo. Tampoco quedó detrás en eso de comenzar su vida laboral, encausado por irregularidades en la custodia de prisioneros.
El cuartelazo de Batista lo sorprendió en Holguín, como oficial pagador en el Regimiento 7 de la Guardia Rural. Gracias a su colaboración en el golpe, lo ascendieron a coronel y a jefe de Regimiento; después, a jefe del Departamento Militar de la Cabaña, de una División de Infantería y del Cuartel General Maestre del Estado Mayor del Ejército. En la misma camada de Robaina, le hicieron Mayor General en diciembre de 1957.
Según la investigación de Israel Valdés, al abandonar el país Rojas González no tuvo tiempo de retirar una cuenta bancaria de dos millones 83 mil 300 pesos. Fue también uno de los pasajeros con asiento de privilegio en el avión DC-4 donde Batista huyó de Cuba.
Si bien estos dos generalotes de Batista no tuvieron vínculo directo alguno con torturas y crímenes, otros dos mal nacidos en tierras de la actual provincia Artemisa sí  fueron inescrupulosos asesinos de jóvenes revolucionarios: Orlando Piedra Negueruela y Esteban Ventura Novo.
Piedra nació en San Antonio de los Baños, escoltó a Batista hasta Columbia cuando el golpe de 1952, y fue jefe del tristemente célebre Buró de Investigaciones, del Servicio Secreto del Palacio Presidencial y de cualquier institución encargada de matar opositores a Batista; por solo mencionar dos, asesinó a Oscar Lucero Moya y a Pelayo Cuervo.
Ventura Novo vio la luz primera en el poblado artemiseño de Pijirigua. Jugueteó como un niño más en el batey del entonces central Andorra; pero luego se ganó ser conocido como “el sicario del traje blanco”. Convirtió la Quinta y también la Novena Estación de Policía, en La Habana, en verdaderos centros de terror y crimen, especializados en torturas.
Fue el asesino de los cuatro jóvenes en Humboldt 7, de otros cuatro en el reparto Juanelo, de Lidia Doce, Clodomira Acosta y, en Goicuría y O’Farril, de los revolucionarios bajo el mando de Machaco Ameijeiras, barbarie muy bien recreada en el filme cubano Clandestinos.
Piedra y Ventura tampoco fueron abandonados por Batista. Ambos lo acompañaron en su estampida cobarde del Primero de Enero de 1959, para escapar de la justicia revolucionaria.
 

Esteban Ventura Novo, criminal al servicio de Batista / Foto: Tomada de Ecured
Esteban Ventura Novo, criminal al servicio de Batista / Foto: Tomada de Ecured
Diciembre 6, 2018 - 8:30am
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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