8:15 am.
- 06/09/2017 1 comentario | | |

La ternura, sobre el miedo y la tristeza

Elsita sabe que su fuerza principal radica en aliviar el peso de tantos otros, ya sea en su labor cotidiana o en misiones especiales donde descubrió el miedo y el horror por primera vez en casi 40 años de profesión.
Joel Mayor Lorán joeldeartemisa@gmail.com

Algunos dicen que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Esa cualidad abunda en este pedazo de tierra rodeada de agua, donde se cuentan cientos de historias estremecedoras, como las de la enfermera artemiseña Elsa Valentina Castillo, en medio del Ébola.
Elsita sabe que su fuerza principal radica en aliviar el peso de tantos otros, ya sea en su labor cotidiana o en misiones especiales donde descubrió el miedo y el horror por primera vez en casi 40 años de profesión.
Parece que fue la enfermería la que la eligió a ella, porque desde niña le gustaba inyectar y curar, y picaba ranas y lagartijas en sus “experimentos” iniciales por poner más vida en el cuerpo a los “pacientes”.
Nunca le tuvo miedo a nada, ni a la sangre ni al peligro; era la primera en ofrecerse para tomarle la vena a alguien. Solo que estaba habituada a ganarle peleas a la muerte, a que en Cuba nadie muere de enfermedades prevenibles, a que todo lo sencillo tiene solución, con conocimiento y cuidados.
Así comenzó su obra en 1980, se graduó de Licenciada, se hizo Máster en Urgencias Médicas y dirigió a sus colegas en la Sala de Terapia Intensiva del Hospital Provincial Ciro Redondo. Pero un día, mientras hacía lo que mejor sabe, con tal de ayudar a reducir la tasa de mortalidad infantil, en Sierra Leona, África, la sorprendió el Ébola.
Entonces sí sintió temor. Lo confiesa. “No son momentos lindos para recordar”, casi reclama. Alude al estrés, al riesgo de contagiarse, al dolor, a la impotencia, al combate contra la enfermedad y la ignorancia de quienes pensaban que la epidemia era una mentira.
No pertenecía al Contingente Internacional Henry Reeve, ese integrado por Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias. Apenas estaba en el lugar cuando ocurrió todo. No tuvo más preparación o entrenamiento especial que la experiencia y la percepción del riesgo.
Estaba sacando un feto muerto antes de su nacimiento, en un útero materno, cuando un chofer la haló: la población le iba a dar candela al hospital. Lo bloquearon. Rompieron ambulancias. Pensaban que lo del Ébola era una estratagema.
“Permanecimos encerrados en un almacén hasta que pasaron las piedras y el peligro. Pero no les dimos la espalda, aunque nuestro personal se quedó solo”. Al anestesista leonés le levantaron la piel de la cabeza a palos; ella misma lo cosió. “No dejamos nunca de trabajar, pese a que no alcanzábamos”.
Bajo esas condiciones fue más tenaz aun. Vio un niño llegar y morir, luego la madre y enseguida el padre. Otro lloraba y pedía ayuda; eran él y su papá solitos en el mundo: el padre consiguió escapársele a la policía y llegar donde el pequeño, para que su hijo lo contaminara y morir juntos.
Bien sabía Elsita que el mejor ejercicio para el corazón es agacharse y levantar personas, así que se irguió sobre el miedo y la angustia, en apoyo de quienes la necesitaban. Incluso superó la tristeza de enterarse de la muerte de su propio papá, sin renunciar a concluir la obra.
Al regresar a la Patria, le encomendaron una nueva misión, en Nicaragua, donde formó a los primeros intensivistas: 71 enfermeras en urgencias y emergencias y 19 en cuidados intensivos. Tampoco la rodearon solo la brisa y la belleza de la ciudad de Estelí, o el cariño de la población: en esos días murió la mamá; a ella le dedicó el orgullo de cumplir.
Ahora le sucederán otros desafíos, en la Sala de Nefrología que dirige provisionalmente, en la pelea noble de la vida contra la muerte, y quizás en alentar a su hijo Carlos (ya en tercer año de la especialidad de Otorrinolaringología) para que sea protagonista de sus propias historias de solidaridad.
 

8:15 am.
- 21/04/2014 1 comentario | |

COMENTARIOS DE LA NOTICIA

Miladys
- 09/11/2017 - 17:08
1
Elsita mucha fuerza, ternura y amor por salvar vidas.

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