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- 12/04/2018 0 comentarios | | |

Simplemente El Chava

Lo cierto es que el octogenario Daniel Chavarría, a sus venerables años, seguía siendo ese autor energizado e ingenioso que escribía magníficas novelas policiacas, sociales, históricas, amorosas
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

La noticia de su muerte la recibí una noche, en plena Feria del Libro en la Isla de la Juventud, adonde había llegado en compañía del otros escritores cubanos para participar en este acontecimiento cultural.

No. No era mentira la noticia. Las claras imágenes y las precisas palabras de un locutor televisivo estaban frente a mí: Daniel Chavarría, El Chava, el popular escritor cubano-uruguayo había fallecido a los 85 años, dejando como legado una impresionante cifra de premios nacionales e internacionales, una obra literaria para ser conservada como patrimonio, y una cantidad de lectores dignos de envidiar por cualquier cantidad de escritores.

Por mucho que la cifra numérica (85) nos reportara una suerte de resignación por aquello de “vivió suficiente tiempo y dejó amplio legado”, lo cierto es que un extraño y doloroso sentimiento no dejó de conmovernos al saber la caída definitiva del autor de Joy, La sexta isla, El ojo Dindymenio, Viudas de sangre, Príapos, Adiós muchachos y  otras piezas memorables.

Siempre se desborda con los grandes personajes este tipo de sensación. Sentimos que se marchan antes de tiempo, como si vivir 85, o 100, o 120 años no hubiera sido suficiente para ellos, como si la inmortalidad la causara una infinita extensión de años vividos y no la obra dejada  para el regusto de los actuales y futuros lectores.

Y es que nunca nos bastará lo que vivan. Nuestra imposible intención es que sean eternos, esperanza que la providencia, la naturaleza o el milagro jamás conceden a ninguno de los seres vivos.

Sobre esta edad caminaba el gran vocalista francés Charles Aznavour cuando declaró muy convencido: “Estoy todavía muy joven para morir”. Y aunque su coterráneo, el filósofo Jean-Paul Sartre, aseguró: “se muere siempre demasiado pronto o demasiado tarde”, lo cierto es que el octogenario Daniel Chavarría, a sus venerables años, seguía siendo ese autor energizado e ingenioso que escribía magníficas novelas policiacas, sociales, históricas, amorosas...

Durante su última visita a la Feria del Libro en Artemisa, una de las periodistas de este periódico, María Caridad Guindo, tuvo la suerte de asistir a su hilarante y lúcida presentación (un sello “chavarriano”, sin dudas) y reseñarla para las páginas de el artemiseño.

Yo no tuve la suerte estar allí aquella tarde; pero tuve la dicha de ser su alumno en la Universidad de La Habana, de escucharlo cautivar a todo el auditorio, escuchar sus filias y sus fobias literarias (si amaba a unos autores, también detestaba a otros con toda su alma) y comprobar su inmensa generosidad y su “aplatanamiento” absoluto a la tierra y la cultura cubanas.

Una de mis compañeras de aula entonces, Lidia Señarís Cejas, puso el empeño y tuvo la suerte de entrevistarlo para una publicación y ahora, mientras evoca al fallecido novelista, recuerda “el disgusto” de cierto renombrado intelectual del patio por haberse atrevido ella en la entrevista a definir a tan encumbrado autor como una “mezcla de cultura y pachanga”.

A Lidia le confesó El Chava cuánto había disfrutado de esta ocurrente definición, a contrapelo de lo que opinaba el almidonado personaje.

Daniel Chavarría fue ganador del Premio Planeta en México, el Dashiell Hammett en España, del Premio Nacional de Literatura, fue profesor de latín y griego, traductor de alemán, renovador del policíaco cubano, guionista de cine y televisión...

Pero ninguno de estos méritos pudieron almidonar la actitud de este gran ciudadano, con sobrenombre de detective pueblerino, defensor de los proyectos de la Izquierda latinoamericana, hijo del Uruguay, y eterno hijo de la Cuba donde fue, sobre todo y simplemente, El Chava.

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- 21/04/2014 0 comentarios | |

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