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- 13/02/2017 0 comentarios | | |

Silencio!… se gesta una Revolución

Tiempo después, fue trasladado junto a sus compañeros de lucha también caídos, al Mausoleo a los Mártires de Artemisa, un sitio al que hoy acuden cubanos de todas las generaciones a agradecer el gesto de quienes ofrendaron su sangre para legarles un mejor futuro
Adianez Fernández Izquierdo adianez.fernandez@gmail.com

Iniciaba apenas la segunda mitad del siglo XX. En el barrio La Matilde, en Artemisa, un hijo pedía a su madre el carro de la familia, un Buick del 49, y algún dinero inicial para hacer negocios. Sería comisionista, un trabajo que según le dijo, proporcionaría más ingresos que los que percibía en la Casa Cabrera.

Tiempo después, la supuesta mejoría económica no llegaba; mas, el hijo seguía trabajando sin descanso, vendiendo mercancías, y estudiando en las noches en la Academia Pitman.

No decía nada a sus padres, apenas un círculo estrecho de amigos conocía sus pasos; hablaban en el patio de su casa ubicada en calle 37, entre 46 y 48, o le acompañaban en el carro a fincas distantes o cercanas a Artemisa.

Ciro, el tercer hijo de Clara García y Evaristo Redondo, gestaba en secreto, junto a algunos amigos, y Fidel, el redespertar de las ansias libertadoras en Cuba. En cada uno de sus empeños emergía Martí, el inspirador de su generación, ese que les había enseñado a donar sus ingresos a la causa libertadora.

Sergio Redondo, el cuarto y último hijo de esa unión, y doce años menor que Ciro, recuerda pinceladas de aquella etapa en la que pudo disfrutar de la compañía de un joven multifacético, que “hablaba de carpintería, jugaba a la pelota, gustaba de manejar, y empinar papalote, tenía enamoradas, era excelente consejero, y muy trabajador”.

“Días antes del asalto, Ciro le devolvió a mamá las llaves del carro y el dinero que ella le había prestado; dijo que aquello no daba negocio y había decidido irse para la finca de su amigo Ismael Ricondo a trabajar”, recuerda.

Después del asalto, la cárcel fue apenas la antesala de lo difícil que sería el camino. De esa etapa Sergio atesora postales que Ciro enviara a sus padres, y algunas fotos.

“Como el resto de los compañeros, mi hermano siguió apoyando la causa revolucionaria, a tal punto que fue expulsado de Artemisa; finalmente tuvo que salir a México; no sabíamos con seguridad en qué andaba, pero al saber de un grupo de expedicionarios que desembarcó en Oriente entendimos que Ciro era uno de ellos”.

Un artículo en un diario, visto por un amigo de la familia, que anunciaba la caída en combate de uno de los grandes de Fidel, nombrado Ciro Redondo, fue el primer indicio que tuvieron de su muerte. Después, la certeza.

“De la Sierra llegó un emisario para confirmarnos que estaba bien, y con el tiempo fueron llegando fotos hasta el día trágico en que el propio Ramiro envió un emisario para comunicarnos de su muerte. Mamá no lo supo hasta el triunfo de la Revolución, cuando llamó a la Comandancia, en Cojímar.

“Luego pidió un despacho con Fidel, quien personalmente nos ofreció apoyo, e incluso la posibilidad de mudarnos para La Habana, pero mi madre solo necesitaba una cosa: tener cerca los restos de Ciro, y así fue”.

Desde Mar Verde llegaron a la Artemisa natal, entre un mar de pueblo que se juntó el 14 de marzo de 1959 en las inmediaciones del Parque Libertad para rendirle tributo antes de ser enterrado en el cementerio, en la bóveda familiar.

Tiempo después, fue trasladado junto a sus compañeros de lucha también caídos, al Mausoleo a los Mártires de Artemisa, un sitio al que hoy acuden cubanos de todas las generaciones a agradecer el gesto de quienes ofrendaron su sangre para legarles un mejor futuro.

Y allá, en el sitio donde cayera, un monumento señala la tragedia y cada 29 de noviembre niños y jóvenes santiagueros se adentran en el lomerío para rendir tributo a quien, por derecho propio, es hoy el patriota insigne de nuestra provincia.

En ambos espacios ha estado Sergio. En su memoria, y en fotos, están ambos sitios. A Mar Verde quizás ya la edad no le permita regresar muchas veces, pero su hermano está cerca, y no porque descansa en el Mausoleo, sino porque late en cada cosa buena, en cada hombre trabajador, en cada causa justa.

9:45 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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