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- 04/12/2017 0 comentarios | | |

Ser guajiro, la ciencia de Polo

Fernando Borrego Linares era el nombre del artista con 47 años a su muerte, residente sus últimos tiempos en el municipio de San Cristóbal, y líder de un septeto de formación autodidacta, con dos discos en vida, Guajiro Natural y Guitarra Mía, grabados bajo el sello de la firma discográfica francesa Lusáfrica.
Elena Milián Salaberri elenams18081966@gmail.com

Pasaron 15 años: la guitarra espera quieta y la voz callada se multiplicó en otros cantantes; ninguno tan genuino e ingenuo -conste que no es puro juego de palabras- como Polo Montañez, fallecido aquel 26 de noviembre de 2002, cuando al parecer murió también el único humano escapado de un cuento de hadas.
“No es fácil salir de la sombra de una mata de mango y amanecer en París”, solía decir el cantautor de Las Terrazas, en pleno corazón de la Sierra del Rosario, mientras sacaba un pedazo de cerdo asado, envuelto en nylon, del bolsillo de su suéter, durante un alto en el estudio de grabaciones de Radio Progreso.
Por eso genuino, e ingenuo, porque no tuvo conciencia de sí mismo: no se autoconcibió fenómeno cultural de masas, aun cuando integra el selecto grupo de cubanos premiados con dos Discos de Oro y uno de Platino, en una carrera artística corta, que truncó su deceso a causa de un accidente de tránsito.
En la vecindad terracera, cercana a su natal terruño de El Brujito, radica la casa museo, con objetos personales, fotos, instrumentos melódicos, su típico sombrero blanco y, entre los reconocimientos y premios, las réplicas de los citados Discos, entre múltiples recuerdos y un halo de leyendas que, como él, se mueven entre realidad y fantasía.
Hoy la memoria viaja caprichosa a su fallecimiento, precedido por una semana de vigilia de fanáticos de esta nación y de otras latitudes, pendientes de la evolución tras su ingreso en el hospital capitalino Carlos Juan Finlay, luego de la tragedia ocurrida la noche del 20 de noviembre de 2002.
Ese lamentable hecho puso en estado crítico al autor de Un montón de estrellas, dueño de los corazones del pueblo a fuerza de modestia y apego a las estampas cotidianas que le inspiraron decenas de canciones, muchas sin editar.
Ocurre que el cubano honra a las personas de esfuerzo honesto, a quienes con entereza se entregan a una obra, máxime cuando en esos individuos coinciden la capacidad de convertirse en todo un ídolo de multitudes y el poder de casi ignorarlo, para vivir como uno más sin olvidar sus días de machetero, ordeñador de vacas y tractorista.
Fernando Borrego Linares era el nombre del artista con 47 años a su muerte, residente sus últimos tiempos en el municipio de San Cristóbal, y líder de un septeto de formación autodidacta, con dos discos en vida, Guajiro Natural y Guitarra Mía, grabados bajo el sello de la firma discográfica francesa Lusáfrica.
Compartió con artistas como Rubén Blades, Andy Montañez, Margarita Francisco, Cesária Évora, Cándido Fabré, Francisco Repilado (Compay Segundo), Eliades Ochoa, Adalberto Álvarez, Danny Rivera, Gilberto Santa Rosa y otros. Colombia lo declaró Hijo Ilustre, y años después de su desaparición física, su tema Flor Pálida, pasea las escenas del mundo en la voz privilegiada de Marc Anthony, mientras Ady García, su última mujer y musa de esa pieza, la escucha discreta en pacto tácito con el espíritu simple del cantautor que un día la amó.

12:30 pm.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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