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- 05/01/2018 0 comentarios | | |

El sendero oculto tras una taza de café

A PARTIR DE 2015, LA PROVINCIA RETOMÓ UN PROGRAMA DE RENOVACIÓN Y CRECIMIENTO DE LA PRODUCCIÓN CAFETALERA, PREVISTO HASTA EL 2021
Aydelín Vázquez Mesa aydelin1987@gmail.com

Pretexto para una plática entre amigos, antídoto para espantar el sueño, estimulante matutino para comenzar un día con fuerzas renovadas, el café resulta indispensable a buena parte de la población mundial y… ¡qué decir para los cubanos!
Alrededor del año 1600 llegó a Europa, proveniente del mundo árabe. Al Papa Clemente VIII se le aconsejó prohibirlo, pues representaba una amenaza de los infieles. Sin embargo, después de probarlo, el Sumo Pontífice aceptó el café: era una bebida demasiado exquisita para dejar solo a otros el placer de disfrutarla.
Quien degusta una taza de “el néctar negro de los dioses blancos”, probablemente desconozca que para saborearlo, es necesario –además de todo el proceso poscosecha- aguardar al menos tres años hasta que el cafeto rinda sus primeros granos.

Panorama cafetalero en Artemisa
La provincia de Artemisa heredó de los antiguos municipios pinareños –San Cristóbal, Candelaria y Bahía Honda– grandes plantaciones cafetaleras y pobladores cuyas vidas están indisolublemente ligadas al cultivo del grano, actividad económica que marca la historia y el progreso de esas zonas.
En la primera de esas demarcaciones, los consejos populares de montaña Niceto Pérez y Ciro Redondo, concentran las mayores extensiones.
A partir de 2015, luego de un período de depresión provocado por los estragos de los huracanes en 2008, unido a insatisfacciones por problemas con los insumos y herramientas de trabajo, la provincia retomó un programa de renovación y crecimiento de la producción cafetalera, previsto hasta el 2021.
“En la actualidad existe un pequeño porciento de plantaciones menores de 10 años; la mayoría tiene más de 15, con afectaciones provocadas por la roya. Entre 20082014 y 2015 la plaga dañó el 70 % de los sembrados”, explica Mateo Falcón, director de Café en la Empresa Agroforestal Costa Sur, un hombre con más de cuatro décadas de experiencia en estos menesteres.
La vida productiva del cafeto oscila entre los 20 y 25 años, en dependencia del manejo agrotécnico, no obstante entre los siete y 10 alcanza la mayor productividad. El arábico y el robusta son hoy las especies en cultivo en estas zonas.
“Desde el 2015 hemos ido sustituyendo con variedades resistentes a la roya, traídas del centro del país, pero aún no están de cosecha”, aclara Mateo.

Tradición y perseverancia
Los hermanos Félix y Antonio Ariste Oliva heredaron el amor y la dedicación por los cafetos. “Nací en el 1946 y con menos de 10 años ya recorría los campos con mi papá recogiendo café”, dice el primero. Luego del paso de los huracanes de 2008 y los estragos de la roya ha tenido que sembrar tres veces.
Antonio destaca la importancia que atribuyen en la finca al cuidado del medio ambiente. “Para nosotros el agua es sagrada, por eso los cañadones que se forman no los chapeamos, cuando usted chapea el borde de los manantiales, se pierde el agua”, asegura.

Mientras, explica cómo usan el guano y todos los residuos de las plantas en la producción de materia orgánica, utilizada luego para abonar los cafetos.
Ambos, socios de la CCS Juan Rodríguez, dedican 2.2 hectáreas (hec) al café. En la presente cosecha, iniciada el 18 de agosto, han acopiado más de 80 latas y pretenden al menos completar la centena. Este año produjeron no solo sus propias posturas, sino que comercializaron con la cooperativa todas las que necesitó la entidad.
La recolección la asume la propia familia. Cubriendo con ropas la mayor parte del cuerpo, con sombrero y morral a la cintura, encontramos a Haydeé y Silvia Álvarez, dos veteranas en esta labor: en un día recogen más de dos latas y media, a veces alcanzan las tres y media y hasta cuatro.

Debajo de la cáscara
Como Félix y Antonio, el resto de los productores de la zona aspiran vender el café a la industria con la mayor calidad posible en busca de mejores ingresos. La UEB Industria de Beneficio Húmedo del Café, conocida como Despulpadora de Sabanilla, asume en plena serranía los volúmenes acopiados en las cuatros CPA, tres CCS, dos UBPC y la UEB estatal El Abrón.
La instalación, fundada en 1986, constituye referencia a nivel nacional en la actividad, según Mateo Falcón. En días de plena cosecha, labora entre 12 y 15 horas.
“El trabajo más fuerte comienza después de las 3:00 p.m., cuando empieza a acumularse café para despulpe”, dice Graciano Gómez, electricista y operador de maquinaria: Él ha permanecido más de tres décadas entre andamiajes de hierro y aroma de café. Desde lo alto, en un antiguo asiento, especie de “puesto de mando”, vela periódicamente el lavado para evitar que la máquina pique el grano.