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- 06/01/2018 0 comentarios | | |

El Rubio de Mery

Una vida como la de René González Novales, dedicada a la lucha revolucionaria, que lo ha hecho merecedor de notables condecoraciones y reconocimientos, no puede pasar por alto ni quedar en el límite de la memoria familiar.
Daniel Suárez Rodríguez daniel@artemisa.cip.cu

“Es uno de los tipos más guapos que yo he conocido”. “Cuando se hable de combatiente con sangre fría y valor a toda prueba, ese es El Rubio”. “Hablar de El Rubio en la lucha contra Batista en Pinar del Río, es hablar de pantalones bien puestos”.

Estos y otros pronunciamientos similares se escuchan cuando se habla de René González Novales, nacido en octubre de 1939 en el barrio Cabezas, corazón de la Sierra de los Órganos, y trasladado luego a Pinar del Río con María Novales, su madre, donde ella fue dueña de cantinas y bares, como el Mery Bar. Tal circunstancia, junto al color de su cabellera, le deparan al intrépido combatiente el apelativo de El Rubio de Mery.

El clima propio de los bares, la convivencia entre personas mayores que le acostumbró desde niño a lidiar en ambiente de hombres, hicieron de El Rubio un muchacho rebelde, audaz y temerario, muy poco dado a medir el peligro.

Con solo 16 años llegó a ser jefe de un grupo de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio, por lo que en varias ocasiones fue detenido y expulsado de la provincia: sufrió prisión en diez ocasiones, tiempo que aprovechó en la lectura de literatura universal y le proporcionó una cultura enciclopédica 

Nada lo detuvo. Antes de la huelga de abril de 1958 participó en un atentado contra un dirigente mujalista, testaferro batistiano. Dirigió la acción en el bar La Cabaña, propiedad de su madre, donde fue ajusticiado un soldado de la tiranía, por lo cual fue condenado a muerte, pero escapó y se incorporó al grupo guerrillero del Capitan Rogelio Payret, en la zona montañosa de El Rubí.

Fue fundador de la guerrilla móvil del circuito norte de Vueltabajo y, aun en solitario, ejecutó acciones que elevaron su prestigio de combatiente, como el ajusticiamiento de un cabo del ejército que lo reconoció en un ómnibus sobre el puente del río Santiago. Enfrentó y evadió a los masferreristas que intentaron detenerlo.

Y participó en el ataque a los carros patrulleros del SIM, en la noche del 16 de noviembre de 1958, entre Cabañas y Bahía Honda.

Luego del Primero de enero, El Rubio fue jefe de unidades de combate en el extremo occidental de Cuba. Encaró un desembarco de armas enemigas y ataques piratas, e intervino en innumerables movilizaciones: resaltan las de Playa Girón y la Crisis de Octubre.

Durante la lucha contra bandidos, la dirección de las FAR y el Minint le designó Jefe del Comando que realizó la infiltración y captura de la banda de Pedro Celestino Sánchez, autor de crímenes horrendos en las montañas de San Cristóbal, como la matanza de Cinco Pesos.

La leyenda que fue tejiendo como combatiente de primera línea no fue impedimento para que El Rubio de Mery realizara estudios militares en la Unión Soviética, superación profesional que le permitió desempeñarse en cargos técnicos de dirección en el Estado Mayor General de las FAR, hasta su jubilación en 1989 con el grado de teniente coronel. 

Una vida como la de René González Novales, dedicada a la lucha revolucionaria, que lo ha hecho merecedor de notables condecoraciones y reconocimientos, no puede pasar por alto ni quedar en el límite de la memoria familiar.

Por eso escribió el libro Al pie del Rubí, a fin de narrar una parte importante de la lucha insurreccional en el occidente cubano, y tiene en preparación otros escritos sobre el tema.

Cuando lo vemos como orador en el acto por la masacre de Cabañas, o caminando por las calles de Artemisa, no podemos advertir el héroe que habita en René González Novales, El Rubio de Mery, sin reclamar siquiera la más mínima atención a su persona y preocupado siempre por atender las necesidades e intereses de sus compañeros de lucha.

10:30 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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