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- 11/03/2018 0 comentarios | | |

Razones de una jornada singular

En las boletas —la verde con candidatos a diputados y la blanca con candidatos a delegados— no aparecen los millonarios o el amigo de la esquina, sino los más genuinos intereses de la mayoría, las voces de la enfermera, el barrendero, el doctor, el periodista, el constructor y la ama de casa, movidas por las mismas inquietudes y aspiraciones
María Caridad Guindo Gutiérrez mguindogutierrez@gmail.com

Nunca los cubanos podríamos confundir lo cotidiano con lo normal, o dejar de percibir lo extraordinario detrás de actos aparentemente intrascendentes, como el intercambio de un diputado al Parlamento de un país con estudiantes de un centro educacional.
Lo he visto. Sé que sucede. También lo podemos apreciar en fábricas, bodegas, hospitales, cooperativas agropecuarias, en el barrio, el primer espacio de interrelación con los electores, de los cuales nacen en Cuba el mayor por ciento de las propuestas a delegados a la Asamblea Provincial y diputados a la Asamblea Nacional.
Como muchos temas cardinales en la sociedad, el sistema electoral gozó de la clarividencia de Fidel, quien definió la responsabilidad del diputado con la nación, su localidad y con quienes lo eligieron.
Según nuestro líder, este “debe hacer todo lo que pueda por su distrito, y cuando no pueda hacer nada, hablar con los electores (…) y explicarles qué se hace y qué no se hace, qué puede hacerse y qué no puede hacerse. Constantemente hay que estar dando explicaciones”.
De tal manera marcaba en 1993 la conducta de los dirigentes del país, todos amparados en el poder del pueblo y conminados a deberse a él.
Y si bien pudiera parecer mera consigna, les invito a recordar que las campañas políticas en la mayor de las Antillas no funcionan, “porque la campaña electoral aquí es la propia vida del hombre, nominado por el pueblo; su campaña electoral es su propia biografía, su conducta a lo largo de su vida, y su página de servicios a la Patria”, afirmaba nuestro Comandante en Jefe en 1974.
Esta filosofía, que tuvo su más fiel reflejo en la vinculación de Fidel con el pueblo, sostiene el sistema político en Cuba, y debe compulsarnos a las urnas este 11 de marzo, en uso de un derecho constitucional.

En las boletas —la verde con candidatos a diputados y la blanca con candidatos a delegados— no aparecen los millonarios o el amigo de la esquina, sino los más genuinos intereses de la mayoría, las voces de la enfermera, el barrendero, el doctor, el periodista, el constructor y la ama de casa, movidas por las mismas inquietudes y aspiraciones.
Se puede votar por todos, por algunos, por uno o por ninguno: representa una decisión personal. Sin embargo, el voto unido apela a la conciencia, y ha de basarse en una labor persuasiva y de educación, a partir de las fortalezas de nuestro sistema social.
En las primeras elecciones sin la presencia física de Fidel, muchas ideas pudieran parecer repetidas hasta el cansancio. Pero las mayores razones para votar se sustentan en el prestigio de la Revolución, en la dignidad de una tierra donde los muertos no marcan cruces, nadie altera la fecha de nacimiento para mitigar el hambre, ni “llueven” las promesas en boca de los “panzallena”.
Votar en Cuba habla de ética, del orgullo de los pioneros junto a las urnas, abre las posibilidades de ejercer su derecho hasta a los encamados, es prestar atención a las reclamaciones de quienes quieren plasmar, de su puño y letra, el respaldo a la tranquilidad y la garantía de otras jornadas singulares, por la alegría, jamás por la violencia.

De tal manera marcaba en 1993 la conducta de los dirigentes del país, todos amparados en el poder del pueblo y conminados a deberse a él
De tal manera marcaba en 1993 la conducta de los dirigentes del país, todos amparados en el poder del pueblo y conminados a deberse a él
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- 21/04/2014 0 comentarios | |

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