9:45 am.
- 06/06/2018 1 comentario | | |

¡Que no nos hagan llorar de más!

Los precios asequibles para los campesinos en la Empresa de Semillas, e igualmente factibles de la Agropecuaria y Acopio, para que el producto llegue al pueblo, además del precio “regateable” de los vendedores de cebollas, permiten entrever que estos últimos piden demasiado
Joel Mayor Lorán joeldeartemisa@gmail.com

-¿Esas cebollas son de Artemisa o de Sancti Spíritus?
-De aquí, las sembré yo mismo.
-¿A cuánto las vende?
-A 60 la pata, responde presto el vendedor de una de las tarimas de la Feria Agropecuaria, en la capital artemiseña.
-Trae 15, así que sale ¡a cuatro pesos cada cebolla!
-Es que he perdido algunas. Debo tratar de sacarles “algo”, justifica en tono lacrimógeno, para que sea yo quien se conduela.
-¡Pero están muy caras!
Ya había dado media vuelta sobre mis pasos, cuando percibo que alguien le hace un comentario al oído al vendedor.
-Oiga, venga acá. ¿Le hacen falta unas cebollas? Llévese estas (y me coloca una ristra en las manos).
-No, gracias. Tengo.
Aunque anoté el nombre de la CCS a la cual pertenece, no me parece demasiado relevante, pues en otra tarima me las ofrecieron a 120 la ristra, y luego quisieron rebajármela a 100, a 90… Tanta gentileza e insistencia en el regalo de aquellas y la “mejor oferta” de estas, me confirma que sus precios son injustificados.
 
Ni coser ni cantar
Sin dudarlo, llevé mis preguntas y mis botas hasta Güira de Melena, la tierra donde más cebollas cosechan en la provincia. ¿Primera escala? La Empresa Agropecuaria.
El ingeniero fitosanitario Alfredo Ramos, Máster en Protección de plantas y en Agroecología, con el preciado título de “30 años en el fango, al lado del campesino”, estima que la ganancia debe emanar “de producir más, de sacarle un óptimo rendimiento al surco, no del precio”.
Aun así, advierte que “la cebolla requiere tantas atenciones como el ajo, pero el paquete tecnológico se entrega por grupos de cultivos; por tanto, el productor debe usarlo para todas las hortalizas: desde luego, las prioridades apuntan al tomate o la calabaza.
“También el pago a custodios (hoy imprescindibles) y a las brigadas que emplean para combatir la hierba y las plagas, elevan el costo”.
Por si no bastara, Ramos menciona otro elemento adverso. “Aunque nuestro plan de siembra sea el más notable de toda Artemisa, asciende apenas a 145 hectáreas (ha), de las 8 000 que cultivamos. Si el Estado exigiera siembras superiores, no se cumplirían los planes, porque no hay cultura de ese cultivo en Güira de Melena”.
Y de veras llama la atención que el mayor productor de este municipio dedique únicamente tres hectáreas a la cebolla. Yoel González, socio de la CCS Frank País, estaba junto con una brigada a la que paga a 20 pesos la hora (140 al día), por recoger bulbos para volver a sembrarlos, y no esconde su disgusto con los elevados gastos y “escasas” ganancias.
El que se ponga a sacar cuentas, no siembra. Conseguí la semilla a 1 500 pesos la libra. Luego lleva fertilizantes y plaguicidas que nunca llegan a tiempo… y mucha guardia: cuatro o cinco custodios en un pedacito, a 80 0 100 pesos la noche. Finalmente el rendimiento es bajo. Y la cebolla verde la pagan a 300 pesos el quintal”.

Habla el Mercado
Miguel Sánchez, director de la Empresa Agropecuaria de Güira de Melena, asegura que entregan la cebolla verde al Mercado Agropecuario Estatal de la localidad a 3.50 la libra, y la seca a 4.20. ¡Un precio razonable para un manojo de cebollas!
De todos modos, me inquietó la afirmación de Sánchez sobre la proporción de este producto que distribuyen a La Habana, no solo por la prioridad concedida a la capital de todos los cubanos, sino; porque si fuera muy alto el por ciento a comercializar en el territorio… no se vendería.
Dudarlo dirigió mis pasos hacia el referido Mercado, donde Aida Moinelo, la administradora, también se encogió de hombros. “¿La cebolla? Cuesta menos de un peso cada una, y se vende al momento. Tiene muy buena demanda. Hemos tenido 18 cajas, los estantes llenos, y la que no vendemos en el día la llevan al día siguiente. La climatización la protege.
“En marzo recibimos cinco veces: el día 2, fueron 133 kilogramos; el 5, trajeron 281; el 16 y el 19, una caja (24 kg); y el 23, otros 130 kilogramos. Pero en mayo solo han traído en dos ocasiones: 46 kilogramos (cien libras) el día 2 y 56 el día 9. Hemos regulado la venta para que todos puedan comprar, porque igual vienen los revendedores, no los carretilleros, los que la ofertan en su casa.
“Los carretilleros sí la venden cara. No creo que la compren principalmente a los camiones que vienen de Sancti Spíritus, sino a los propios guajiros de aquí. Uno de ellos me lo dijo una vez”, revela Moinelo.
Alfredo Ramos, de la Empresa Agropecuaria, opina que “las cebollas en las carretillas no proceden de Güira, sino de Sancti Spíritus. Lo aprecio en  el color de la tierra adherida, que en lugar de suelos rojos tiene el componente rocoso de las zonas montañosas”. Entonces, decidí abordar a algunos.
En un extremo del pueblo encontré un hombre entrado en años que pregonaba diversos productos, incluidas “patas” con cebollas pequeñas a un precio aceptable.
-¡Buenas tardes! ¿Esas cebollas son de aquí, de Güira?
-No, estas las compré a un camión de Banao (consejo popular al sur de Sancti Spíritus).
Casi a las puertas del bulevar hallé a otro vendedor, relativamente joven. Proponía los plátanos más hermosos que he visto, además de ajíes e infinidad de alimentos en el bien utilizado espacio de su vehículo-carretilla; desde luego, unas cebollas medianitas, a cinco pesos cada una, desencadenaron la conversación.
-Busco las de Sancti Spíritus.
-Ahora no hay. Tengo estas, de aquí de Güira, muy buenas.
-¿Se las compras a los campesinos?
-Sí.

Viaje a la semilla
Resulta obvio que no pocos campesinos alivian sus costos negociando parte de la producción con los carretilleros. Y estos últimos igual aprovechan las ventas de los referidos camiones espirituanos, esos que escapan de las rutas pactadas en busca de dividendos adicionales.
Elsa Ramos, prestigiosa periodista de la radio en esa provincia central, accedió amablemente a contribuir con la realización de este reportaje.
Si bien es cierto que el Decreto Ley 95 del Ministerio de la Agricultura les permite vender fuera de la provincia, una vez cumplidos sus contratos con Acopio, la industria y Frutas Selectas, este año no fue autorizada tal prerrogativa, a causa de los efectos perjudiciales del huracán Irma”, constató Ramos en la Empresa Provincial de Acopio.
“Hasta han decomisado camiones que violaron esa indicación. Ahora mismo en los mercados de la provincia, la mayor productora de cebolla en el país, no hay ninguna”.
La reportera, especialista en tales temas, indagó sobre los diferentes precios de Acopio: “compran la blanca a 3.23 la libra y la venden a 3.85 la libra; la semiseca blanca sin rama a 4.20 y la comercializan a 5; la Caribe a 8 y la venden a 12”. No hay pretexto alguno para que el consumidor haya de pagar a cuatro o cinco pesos cada cebolla.
Nuestra colega también escudriñó en la Empresa de Semillas. Y los datos recopilados contradicen que sean tan caras como algunos aseveran.
“La semilla importada, y subvencionada por el Estado, la venden a 400 pesos el kilogramo (alcanza para sembrar unas 250 000 cebollas en una hectárea). En cambio, la Caribe cuesta a 1 600 el kilogramo, pero la producen los propios campesinos en Banao, y se la venden a la Empresa de Semilla”.
Algo similar comprobé al departir con Hildelisa Acosta, técnica comercial en la Empresa de Semillas ubicada en San Antonio de los Baños. “La Regen (de Israel) la vendemos a 495 pesos el kilogramo, la Texas a 178 y la Tamor a 69. Solo la Caribe certificada vale 1 204 el kilogramo (la libra a 602)”.

¿Siempre en la cocina?