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- 30/04/2014 0 comentarios | | |

Que mis cenizas descansen en Artemisa

Esa es la voluntad de Héctor Arcadio Canciano Laborí, artemiseño vinculado al Movimiento 26 de Julio en la antigua provincia de Pinar del Río y abogado defensor en el juicio del Moncada
María Caridad Guindo Gutiérrez mguindogutierrez@gmail.com

Héctor solo necesita oportunidad para revelar un sinnúmero de anécdotas. Al llegar, no sin pocos tropiezos, a su apartamento en el Reparto Camilo Cienfuegos, en Habana del Este, parece estar detrás de la puerta, esperándonos.

A sus 89 años todavía le vemos ágil y con buena salud. Conserva fresca la memoria, y documentos que sustentan los recuerdos.

Nació en Pijirigua, Artemisa, en 1924, en una familia numerosa compuesta por dos hermanos varones y seis hembras. "Mi padre se llamaba José Luis, y fue antimachadista. Por eso abandonó el poblado. Era negociante de tabaco. Mi madre era ama de casa y descendiente del dueño del ingenio Laborí, donde Maceo combatió. Se llamaba Rosario".

A los 11 años falleció su madre y aprendió a hacer alpargatas con un vecino, después se convirtió en torcedor de tabacos. Realizó estudios en el Instituto de Artemisa. Aprobó el examen de ingreso y ganó la matrícula gracias a sus altas calificaciones.

Trabajó en la fábrica de tabacos Hoja Selecta, en la Villa Roja. En la década de 1940 perdió el empleo, y en busca de suerte llegó a La Habana, donde consiguió vincularse a la fábrica H. Upmann.

"Contemplaba la escalinata de la Universidad, y me dieron deseos de subirla. Entonces, matriculé la asignatura Derecho Civil por la libre, sin asistir casi a las clases."

Fidel Castro y Héctor Canciano fueron compañeros de carrera en la misma modalidad. "En un examen recuerdo que Fidel salió, y los que esperábamos le preguntamos qué nota había recibido. Él la enseñó: sobresaliente".

Después del Triunfo de la Revolución, Canciano asume la presidencia del Tribunal Supremo Popular. En el acto de toma de mandato, Fidel le dice a Reyes Siriá, antiguo compañero de clases: "Estás en deuda conmigo". Resulta que el Comandante había apostado a que sacaría 20 asignaturas con sobresaliente en el curso por la libre.

Fundó el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) en Artemisa, del cual fue delegado y representante en la Junta Electoral del municipio. "Allí tuve contacto con todos los candidatos políticos, en especial con Salvador Masip, quien aspiraba a senador por el partido encabezado por Eddy Chibás, y con el periodista Juan Amador Rodríguez.

"Carlos Rodríguez Careaga, dirigente del Partido Socialista Popular y del Sindicato Tabacalero, me propuso incorporarme a las filas de esa organización política (la ortodoxia). Así podía ser más útil para luchar por los derechos del movimiento obrero". Héctor Canciano también fue masón y perteneció a la logia Evolución, lugar de encuentro entre Fidel y los jóvenes de la Generación del Centenario.

El rechazo al Golpe de Estado de Batista en marzo de 1952 no se hizo esperar en Artemisa. Los estudiantes del Instituto, representados por Armando Heras, organizaron un acto de repudio al alcalde Félix Noa, quien apoyó el zarpazo militar.

Canciano se graduó como abogado en ese mismo año, junto a Armando Hart, "pero mi estreno fue en el juicio del Moncada", sostiene.

Causa 37 de 1953: la prueba de fuego

Al conocer los sucesos del 26 de julio, Canciano decide partir rumbo a Santiago de Cuba para asumir la defensa de sus coterráneos. Los abogados defensores comunistas conversaban en el Palacio de Justicia de Santiago de Cuba. Fidel, el principal acusado, demoraba en aparecer. El comentario era que estaba muerto. "Al verlo, yo grité: ‘¡Ahí viene Fidel!', y el alguacil se puso tan nervioso que soltó el arma. Muchos lo esperaban desencajado por los maltratos. Yo lo aprecié más erguido que nunca, me pareció que arrastraba a la soldadesca que lo conducía hacia el tribunal, vestido con traje, corbata y la frente en alto."

El Doctor Ramiro Arango, quien también asumió su autodefensa en el juicio, le preguntó a Fidel quién era el autor intelectual del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, a lo cual el líder revolucionario contestó: José Martí. Años después, Canciano comprendió la intención de Arango de tender una trampa a Fidel, para que este incriminara al ex presidente Carlos Prío Socarrás. La actitud del joven Fidel trascendió a la historia.

El abogado artemiseño logró la absolución de su defendido, Luis Arrastía, quien no participó en las acciones porque se le disparó el arma antes del combate, y de Marino Collazo, quien no confesó su presencia en el ataque.

En la segunda vista del juicio, intenta aproximarse a los moncadistas para conocer sobre el paradero de Marcos Martí, cuyo padre se encontraba desesperado, sin noticias.

Logró burlar la vigilancia y, una vez cerca de Ramiro Valdés, le pregunta por Marcos. Afirma que no sabe, que Marcos andaba con Ciro. A este último le reitera la interrogante, quien responde: ‘Lo mataron estos asesinos'. Canciano recuerda el momento como uno de los más tristes, que fue compensado por otro muy feliz.

Por intermedio del abogado Lucas Morán, se encuentra con Mario Lazo, uno de los asaltantes que permanecía escondido y a quien se le consideraba desaparecido o muerto. Aún convalecía de un disparo recibido en la cabeza cuando marchaba hacia las montañas después del asalto.

Tras el juicio del Moncada, Canciano continúa su trabajo en bufetes, y es preciso que salga hacia el exilio en 1957, debido a la persecución del ejército batistiano, por ser coordinador del Movimiento 26 de Julio en Pinar del Río. Regresó a la patria al triunfar la Revolución.

Hasta luego, Ciro

El 14 de marzo de 1959 se trasladan los restos del patriota insigne de nuestra provincia, Ciro Redondo, para la bóveda familiar ubicada en el cementerio de la localidad. Héctor Canciano pronunció las palabras de despedida al extraordinario combatiente.

Asistieron al sepelio Camilo Cienfuegos, Rogelio Acevedo, Ernesto Guevara, y los moncadistas artemiseños. "Tu sonrisa se ha multiplicado en la victoria que desborda a todo el pueblo a rendirte postrer tributo", señaló en aquella ocasión.

Ocupó varias responsabilidades tras el triunfo de enero de 1959. Fue asesor jurídico de Fidel, jefe de cultura de las FAR, fiscal en el Ejército del Centro y presidente de la Sala de lo Militar en el Tribunal Supremo de Justicia.

Ahora disfruta de su familia en el reparto habanero Camilo Cienfuegos. Llegó a la edad de jubilación, pero no de retiro. La memoria continúa viva para narrar tantos episodios llenos de valor para las presentes y futuras generaciones.

"Fidel es nuestro apóstol en la tierra", sostiene pletórico de emoción. "Sin él no habríamos concretado las ideas de Martí. Por eso, para mí, están al mismo nivel".

Quise hablarle por último de la tierra artemiseña, rebelde e indomable. "Deseo que mis cenizas estén allí, si los artemiseños lo permiten", revela, para reposar junto a Julito Díaz, Ciro Redondo y el resto de los moncadistas.

Fuentes:

Rodríguez, Silvia Regla: Pinceladas inéditas e insólitas del

Moncada y la lucha clandestina. Cortesía de Héctor Canciano.

Lazo Pérez, Mario; Mario Lazo Atala: Ciro Redondo capitán

del pueblo, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2012.

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- 21/04/2014 0 comentarios | |

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