11:30 am.
- 11/08/2017 0 comentarios | | |

Perseguidor de paisajes fugaces

Osmel anda con su talento a cuestas, silencioso, sin percatarse de lo que valen en términos cualitativos sus cuadros y esculturas, y la capacidad de asombrarse de la belleza de un paisaje como el del valle intramontano de La Soledad, a donde frecuentemente va a espera el amanecer para conjurar el poderío de los colores.
Elena Milián Salaberri elenams18081966@gmail.com


En lugar de la mirada poner la intención, es un privilegio de artistas; donde los demás ven, ellos aprecian y traman el misterio de la creación: Osmel Torres tiene los paisajes de su San Cristóbal natal atrapados en el lienzo porque lo desvela el encanto de su entorno.
“A veces le gano al Sol y salgo a recibirlo en alguna montaña con ganas de apresar los colores de la naturaleza”, afirma con voz entrecortada, como si no hubiera mérito en deleitarse, en estos tiempos, sin anhelar espacios exóticos.
Con 32 años y el aspecto de esas personas capaces de burlar el tiempo, Osmel no tuvo más academia que lo aprendido hace casi una década de la mano de Isyoel Damas en la Casa de Cultura local, ni exposiciones más allá de los salones de su pueblo, donde nace su inspiración sin cesar.
Sus cuadros pululan por toda la casa familiar con unos matices dorados, suficientes para identificarlos, para hacer de esa tonalidad su sello, ya sea en los paisajes o en los retratos, que confiesa no pertenecen a persona alguna en particular. Son brotes de rostros imaginados desde lo más interior de su timidez.
Sin embargo, este joven graduado como  Técnico Medio en Maquinaria Azucarera, logra rebasar el letargo de su comunión con la pintura y experimenta esculpir con materiales no convencionales: el cemento amasado con sus manos adquiere cualquier molde y su vivienda devenida taller la habitan leones, las Venus…o cualquier criatura.
Pero la ciudad de Artemisa muestra parte de su talento, pues junto al consagrado artista de la plástica sancristobalense Frank Hernández Tamayo, llevaron sus creaciones a Los Laureles y al Parque de la Asociación Hermanos Saíz.
Osmel anda con su talento a cuestas, silencioso, sin percatarse de lo que valen en términos cualitativos sus cuadros y esculturas, y la capacidad de asombrarse de la belleza de un paisaje como el del valle intramontano de La Soledad, a donde frecuentemente va a espera el amanecer para conjurar el poderío de los colores.   
 

vistas cotidianas no son fugaces a los ojos de Osmel
Vistas cotidianas no son fugaces a los ojos de Osmel
11:30 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

ESCRIBIR COMENTARIOS

*Los textos que aquí se publiquen representan la opinión de los internautas. No obstante el periódico se reserva el derecho de publicar aquellos comentarios que tengan palabras obscenas, ofensas o emitan criterios en contra de los principios de nuestra Revolución.
SECCIONES