Enero 30, 2015 - 11:00am
- 30/01/2015 0 comentarios | | |

Pasión sin fronteras

Junto a 53 cubanos, Luis Enrique Lemus Padrón esparce en Liberia semillas de una expresión diferente de amor pero que, al igual que el suyo por su esposa, no se intimida ante distancias y da sin pedir nada a cambio
Susana Alfonso Tamayo susanaat1989@gmail.com

Cuando tenían 15 años se conocieron, y desde entonces él vio en ella el amor de su vida, pero debió esperar cuatro años para que su corazón le correspondiera, e igual número de meses para hacerla su esposa. Cuatro años, cuatro meses, tiempo suficiente para cultivar pacientemente y hacer germinar un sentimiento que casi dos décadas después continúa vivo, fuerte como árbol de raíces profundas.

Hoy, a Laura y Luis Enrique los separan miles de kilómetros. Desde octubre pasado su pasión se alimenta de correos electrónicos o esporádicas llamadas. Junto a 53 cubanos, Luis Enrique Lemus Padrón esparce en Liberia semillas de una expresión diferente de amor pero que, al igual que el suyo por su esposa, no se intimida ante distancias y da sin pedir nada a cambio.

Este médico general integral de Güira de Melena forma parte del segundo grupo de colaboradores que partieron rumbo a África para combatir la epidemia causada por el virus del Ébola. Con anterioridad, había ejercido su labor humanitaria en Venezuela, por cinco años. A su regreso, asumió la dirección de Salud en Batabanó por otros tres, antes de pasar a ofrecer sus servicios en San Antonio de los Baños. Entonces, se le presentó la nueva oportunidad.

“Expresé mi voluntad de integrar el destacamento Henry Reeve. Creo que todas las misiones son importantes, pero esta resalta por tratarse de una enfermedad con alta letalidad, que pudiera expandirse por todo el mundo de no ser controlada y erradicada. No lo pensé dos veces para ofrecerme de forma voluntaria como soldado de bata blanca que honrosamente se debe a la Patria”

Del trabajo del personal de salud cubano en Liberia comenta: “Al arribar a Monrovia la prensa reflejó que el ébola ya estaba bajando, pues los cubanos habían llegado. Realmente no habíamos empezado a trabajar, pero eso pone de manifiesto el prestigio que internacionalmente hemos ganado con nuestras acciones.

“Compartimos con otros colegas de Liberia, de la Unión Africana y otras partes del mundo, una experiencia única. Las relaciones interpersonales son magníficas, basadas en el respeto, el alto nivel de profesionalidad y la ética. En nuestra brigada tenemos compañeros que entrenan a trabajadores del sector de la salud de este país incorporados a la batalla, condición que nos hemos ganado por nuestro alto nivel de preparación y dominio del protocolo de actuación; hemos elevado el índice de
supervivencia, a pesar de la demora de algunos pacientes en acudir a nuestros servicios”.

Recientemente los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia de una posible vacuna para curar el padecimiento, al respecto, Luis Enrique alega: “Desafortunadamente presenta efectos colaterales que invalidan su aplicación, por lo que continuamos desarrollando nuestra labor intensamente. La vacuna, por ahora, es el propio hombre y su empeño en combatir la epidemia”.

A la voluntad de todo el equipo médico se suma, y la hace más fuerte, el apoyo de la familia. En casa, junto a Laura, dos hijos esperan por él: una de 16 años y otro de 18, ambos orgullosos de la misión que lleva a cabo su padre, asegura Laura: “Al inicio fue difícil. Siempre está presente el temor a que se enferme, pero cuando hablamos me explica que se cuidan mucho entre ellos. También habla de los niños enfermos y de los otros padecimientos que existen allá y que aquí no acostumbramos ver”.

“Nos comunicamos con nuestra familia de forma diaria, por vía internet, a veces telefónica y a través de videos, cartas, postales, estos últimos enviados por la Unidad Central de Colaboración Médica. Agradezco a los compañeros que realizan esta labor en Cuba que nos llenan de alegría días señalados como los 3 de diciembre, fin de año y primero de enero”, expresa Luis Enrique, quien se mantiene en contacto con sus padres, quienes sufren de Alzheimer.

“Yo cuido de su papá, y visito también a su mamá. Cada vez que habla con su hijo, ella llora, y su papá me pregunta en ocasiones por él, pues olvida que está de misión. Me dice, ¿dónde está viviendo ahora Tite?

“En una oportunidad en que Luis Enrique fue a hablar con su papá, se cayó la llamada y pedimos a un amigo de la familia que se hiciera pasar por él, y felizmente no notó la diferencia”, rememora Laura, concluyendo la anécdota con una sonrisa en los labios.

Para ella, como para numerosas esposas, hijos, padres, amigos, pensar en la noble tarea de salvar vidas, llevada a cabo por los internacionalistas cubanos hace que valga la pena el sacrificio. Todos forman parte de una gran obra de amor inmensurable, y sin fronteras.

Enero 30, 2015 - 11:00am
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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