Enero 29, 2015 - 10:30am
- 29/01/2015 0 comentarios | | |

Con olor a linotipo

De una marcada sensibilidad al servicio del periodismo dan fe la vida y la obra del poeta, escritor y antropólogo Miguel Barnet, cuya presencia por estos días en nuestro centro lo convirtieron en la primera de las personalidades que nos visitarán como parte de las actividades por el aniversario 50 de Granma.
Editor artemisadiario@cip.cu
 
 

De una marcada sensibilidad al servicio del periodismo dan fe la vida y la obra del poeta, escritor y antropólogo Miguel Barnet, cuya presencia por estos días en nuestro centro lo convirtieron en la primera de las personalidades que nos visitarán como parte de las actividades por el aniversario 50 de Granma.  

Muy apremiado llegó al encuentro que sostendría con los trabajadores —en el mismo sitio donde antes se hallaba el área de linotipos del periódico— pues este joven permanente que cumple hoy 75 años también era esperado en la inau­guración del Congreso de Pedagogía. Pre­sidente de la Uneac y de la Fundación Fernando Ortiz, miembro del Comité Central  de Partido y del Consejo de Estado, Barnet llega de sitio en sitio, seduciendo con la poesía de sus argumentos y la magia de su decir.  

Aun cuando sus éxitos en el terreno literario son de amplísimas resonancias —Cimarrón, Canción de Rachel, también sus cuentos y su  poesía— siempre, nos  comenta, quiso tener con el lector una comunicación mayor.

“Alejo Carpentier decía que había aprendido mucho del periodismo para su literatura. En mi caso ha sido  al revés, yo empecé a escribir crónicas de mis viajes, mis poemas, mis novelas, pero no  era suficiente. Si no hubiera hecho como hice mi libro Akeké y la jutía, una compilación de fábulas cubanas recreadas por mí,  pero tomadas del imaginario cubano y de la fuente viva que son los testimoniantes, con toda seguridad  hubiera sido tomado como un informe de la Academia de Ciencias, muy aburrido y no lo hubiera leído nadie, solo los lingüistas y  los académicos”.

Hablar de sus más entrañables creaciones es un acto de obvia emoción, pero mencionar su cercanía a Don Fernando Ortiz, a quien se aproxi­mó desde muy joven, y a quien ayudó con orgullo a pasar a máquina el nuevo Catauro de cubanismos, resulta ineludible en su conversación. “Fue un camino de luz, de Damasco lo que se me abrió”.

Por su propia definición de periodismo supimos de su pasión por este género consciente.  “Es la vocación de comunicar, de transmitir, pero no solamente de hacer una crónica…sino de crear una conciencia, una sensibilidad, y  es también contribuir a moldear el pensamiento de una nación como la nuestra, una nación joven que necesitaba defender los fundamentos de su identidad”.

Foto: Jose M. Correa

Como el experto que cuenta con pudor sus experiencias, refirió el modo en que el propio trabajo investigativo como antropólogo acrecentó su vocación por el decir. “No quería hacer libros para el mundo archivístico y académico, sino llegar al gran público, esa fue mi vocación siempre y lo sigue siendo y es la razón por la cual he hecho mis colaboraciones en varios medios pero fundamentalmente en Granma.

De su acercamiento al periódico, en los primeros años de la Revolución nos dejó también gratos testimonios. Consideró un honor haber compartido momentos increíbles aquí junto al Co­man­dante en Jefe Fidel Castro; a Jorge Enrique Mendoza, el director de entonces, y con nuestra colega Marta Rojas; y contó anécdotas en torno a un poema suyo dedicado al Che, que apareciera por aquellos días en primera plana.

En la velada no faltaron las recomendaciones a los periodistas del presente. “El verdadero periodista tiene que leer de todo, tiene que ser integral y más orgánico que el escritor porque un escritor puede estar en su tema y no interesarse por otras esferas, pero el periodista tiene que conocer  toda la urdimbre y la armazón política contemporánea, y ese es el verdadero periodista”.

Para cerrar su charla Barnet agradeció la invitación al periódico y se sintió feliz por la celebración de estos 50 años del diario. “La conciencia que tiene hoy el pueblo cubano, y que no la tienen otros pueblos, se debe en gran medida a la labor de la prensa cubana”, y remarcó que siendo también pedagogo, el periodista merece ser reconocido porque está en el deber de informar la verdad con la ética y dignidad de la Revolución.

Fernando, con una prosa “modélica”;  Nico­lás, con “olor a linotipo” y Alejo con su peculiar estilo aparecieron en varios momentos de sus palabras por tratarse de figuras trascendentales del periodismo cubano.

Por último hizo referencia al tono despectivo con que algunos medios extranjeros se refieren al periodismo revolucionario cuando lo nombran oficialista: “No se preocupen cuando digan el órgano oficial, siéntanse orgullosos y digan: ‘aquí tengo el escudo de la patria’. Mientras más oficial, más revolucionario, más fidelista y más honesto tiene que ser el Granma”.

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Enero 29, 2015 - 10:30am
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