7:00 am.
- 04/08/2015 0 comentarios | | |

¡Nuevo campeón olímpico de Artemisa!

El mediodía del 30 de julio el ariguana­bense hizo historia, al conquistar sendas preseas para Cuba. De paso, se convirtió en el primer medallista de San Antonio de los Baños en Juegos Olímpicos
Carlos Enrique Rodríguez González periodicoartemisa@artemisa.cip.cu

Dos medallas y una leyenda nos enorgu­llecen, agigantan y estimulan. Llegaron en las piernas de un joven ariguanabense de 22 años, quien compitió en las Olimpiadas Es­peciales en Estados Unidos.

Orlando Rodríguez Díaz se fue a Los Ángeles en busca de un sueño. Voluntad de acero y pasos agigantados, lo elevaron a la cima de los inmortales.

Su carrera impresionó, despertó elogios, arrancó aplausos de los presentes en las tri­bunas del estadio, mientras superaba la línea de meta con el brazo en alto. Se sabía cam­peón olímpico.

Hizo lo que quería. Una medalla de oro era posible. Esa fue su meta, y no cejó en el empeño de lograrla. La distancia de 200 metros planos lo tuvo como protagonista, con tiempo de 23.88 para ceñirse la corona.

Estar en la final fue el mejor premio a su entrega, amor y disciplina. Fue la consagración entre los grandes del deporte en el Ariguanabo, y la conquista de un oro que se hizo leyenda. Pero quería más, sabía que podía: en cada zan­cada puso el corazón y la técnica.

Faltaban los cien metros, distancia en la cual también era favorito. Todos a la posición de salida. Arrancada en falso en el primer intento. Fue Orlandito quien salió primero. ¿Ansiedad? ¿Nervios? ¿Deseos de otro oro? La salida antes del disparo lo hizo fallar.

Otra vez a los carriles. Ahora el artemi­seño salió rezagado. Parecía que se quedaba fuera del podio. Faltaba muy poco para la meta, y apretó el paso hasta entrar tercero, con un bronce que nos regala otra felicidad.

El mediodía del 30 de julio el ariguana­bense hizo historia, al conquistar sendas preseas para Cuba. De paso, se convirtió en el primer medallista de San Antonio de los Baños en Juegos Olímpicos.

Abrazos, saltos, gritos, besos, lágrimas. Todos querían un pedacito de esta gloria. Orlandito se agigantó entre muchos y en cada frase de elogio hacia su mamá Yudith, estaban impregnados el esfuerzo, las horas de entrenamiento y el desvelo por hacer rea­lidad esta hazaña.

Pupilas humedecidas. Rostro sonro­jado. Voz entrecortada y corazón palpitante. Orlandito hizo realidad su sueño. Es cam­peón olímpico y medallista de bronce.

No será Carl Lewis ni tampoco Michael Johnson o Usain Bolt, pero es nuestro grande, el chico callado y sonriente que hizo hablar a sus piernas mientras corrió y bañó sus medallas de leyenda.

 

7:00 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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