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- 16/05/2018 0 comentarios | | |

No solo con sus manos, sino con el corazón

Cada 12 de mayo se celebra la fecha en recordación a la italiana Florence Nightingale, considerada precursora de la enfermería profesional moderna, quien nació un día como ese en 1811
Yusmary Romero Cruz yusmary26688@gmail.com

Ese temor inicial que sentimos desde pequeños —incluso cuando todavía no tenemos plena conciencia, pero la bata blanca y la jeringa nos aterran—, pasados algunos años, para muchos se mantiene latente como el primer día y evitamos a toda costa “caer en sus manos”.

Sin embargo, más allá de nuestros miedos, cuán reconfortante resulta con­tar con los cuidados que solo ellas y ellos (pues cada vez son más) suelen propiciar­nos con sus habilidades para desinfectar la más fea de las heridas, cuidar de una operación, poner un levín… cumplir las indicaciones médicas.

Para ser enfermera o enfermero se requiere de ternura, esencial en el ejercicio de una profesión tan humana. Cierto, no siempre conservamos los recuerdos más felices; mas, cuando coincidimos con personas que real­mente aman lo que hacen, vale la pena “entregarse” a ellas.

Aún agradezco, pese a no recordar sus rostros, a quienes desde los 21 días de nacida y hasta los cinco años participaron de las infiltraciones que con frecuencia requería un inmenso angioma, del cual apenas quedan diminutas y casi imper­ceptibles huellas.

Incluso a quienes me sujetaban manos y pies, para evitar bajara de aquella inolvidable camilla, mientras una conjugación de gritos y llanto inun­daba el espacio en el tercer piso de la consulta externa del Hospital Infantil Pedro Borrás.

Agradezco a Lourdes Tejeda, la paciente enfermera que a dia­rio curaba las recurrentes úlceras de aquel lunar, desde su espacio fami­liar, donde siempre había miel de abejas para embarrar mi tete con la intención de calmarme.

Y, por supuesto, agradezco a mi madre, que —pese a no ser enfermera— fue la fiel compañía de cada momento junto a estos profesionales, al igual que Mima y Ñoña, las consagradas de siempre en esa travesía.

Como yo, muchos tendrán disími­les personas a quienes guardar gratitud, para las cuales no hay palabras suficientes con las que retribuir su dedicado queha­cer, y a quienes no alcanza un 12 de mayo para hacerles saber cuán importantes son en las vidas que tocan, no solo con sus manos, sino con el corazón.

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- 21/04/2014 0 comentarios | |

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