Junio 5, 2018 - 9:15am
- 05/06/2018 0 comentarios | | |

Ni pelotero ni pintor… ¡ajedrecista!

Solo tenía ocho años cuando desplegó por primera vez sus caballos ante los rivales. En un tablero de cartón hecho por su abuela, dispuso las viejas piezas que habían guardadas en su casa, y comenzó la magia.
Osniel Velasco Hernández osnielvelazco10@gmail.com

Cuando su profesor César comenzó a enseñarle a mover las piezas en la escuela, difícilmente imaginó que José Alejandro Hernández Izquierdo, fuese a crecer tanto -y tan rápido- en el mundo de las 64 casillas.
Para él al principio solo era un juego, pero resultaba apasionante planear estrategias y tomar desprevenidos a los rivales. Así quiso conocer nuevas formas para atacar y defenderse y comenzó a ponerle interés y estudiarlo, cada día más a profundidad.
Solo tenía ocho años cuando desplegó por primera vez sus caballos ante los rivales. En un tablero de cartón hecho por su abuela, dispuso las viejas piezas que habían guardadas en su casa, y comenzó la magia.
Hoy, cuatro años después, ha aprendido muchas técnicas de lucha, en la Academia Municipal de Guanajay, con sus profes Alexis Sosa, Juan Eduardo Fernández, Emilio Hernández y también con el experimentado José Antonio Canina.
Primero dejó a un lado el béisbol –solo duró cinco días-, y ya después en la pintura tampoco podía reflejar todo el arte para la “batalla” contenido en su cabeza. Descubrió que en la “guerra de mentes” tendría un lugar entre los comandantes, pues al final el ajedrez es más que un juego, es una guerra donde solo los egos –y los Elos- salen heridos.

Príncipe… casi rey
Poco a poco José Alejandro ha elevado su nivel de juego y ya ostenta un Elo de 1 814, aunque ganó 28 puntos tras su buena actuación en el recién finalizado Internacional Buscando a Capablanca, donde terminó en el puesto 34, con 4,5 puntos de 7 posibles.
Sin embargo, fue un resultado previo el motivo de esta entrevista: hace menos de un mes José, junto a otros pequeñines guanajayenses, participó en el XVI Festival Ajedrecístico de la Juventud, celebrado en Venezuela.
Allí, el título se le escapó por solo medio punto, una tregua firmada para tener más fuerzas en la otra batalla; por eso no pudo sentarse en el trono, pero logró obtener el segundo puesto y eso también tiene un enorme mérito.
Tiene solo 12 años y ya se ha acostumbrado a estar en el podio de importantes eventos. En el prestigioso torneo de Camagüey, fue plata el pasado año y campeón en la última edición. También obtuvo bronce en los Juegos Escolares Nacionales de 2017.

La casa y la Academia, dos familias
“Tablero por medio somos rivales y nos esforzamos mucho para ganar, así mejoramos nuestro juego cada vez más. Pero cuando termina el entrenamiento somos como una familia, todos nos llevamos muy bien, disfrutamos mucho los viajes a los torneos, y la rivalidad solo es deportiva”, comenta José.
“Hacemos muchas actividades para relajarnos de tanto entrenamiento y estudio, por eso somos un grupo tan unido en la Academia. Los profes desde el principio nos han inculcado el compañerismo; siempre nos alegramos de las victorias y los buenos resultados de los otros, la rivalidad queda a un lado en cuanto el reloj se detiene”, asegura.
Entre bromas sobre a quién vence con menos dificultad y quiénes son sus “rivales” más duros dentro de la academia, me recuerda que sin el apoyo de su familia y de los profesores de su escuela, el juego-ciencia no podría ser el centro de su vida.
“Tenía un trabajo muy exigente y horarios bastante largos y decidí dejarlo para dedicarle mi tiempo a José y el pudiera centrarse en el ajedrez. Pero no soy yo sola, toda la familia lo apoya, y en la escuela son muy comprensivos con el tiempo que le dedican a los entrenamientos y los torneos; no obstante, todos tienen muy buenas notas”, explica Alienis Izquierdo, su mamá.
Fuera del tablero y de la escuela, José Alejandro solo le dedica raticos a su hermano más pequeño. El estudio –en ambos frentes- es su prioridad, sabe que si aspira a ser algún día como su ídolo José Raúl Capablanca, el camino será difícil.
Por ahora, se mira en espejos más cercanos, admira la contundencia del ruso Vladimir Kramnik y espera con ansias el regreso de Leinier Domínguez, con quien tuvo la suerte de compartir en un torneo de partidas Blitz.
Sabe que para llegar a esas alturas le faltan miles de horas de estudio, en las 64 casillas las posibilidades son infinitas, las suyas también; por eso festeja sus logros, pero siempre va a por más, aunque sus más “enconados” rivales también sean sus amigos.

Junio 5, 2018 - 9:15am
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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