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- 11/09/2018 0 comentarios | | |

Mensaje para el amigo Leal

A punto de tocar las puertas de otro 11 de septiembre, es bueno saber que la historia escrita y protagonizada por los hombres al sur del capitolio de Washington, también es parte sustancial de este mundo.
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

Los gobiernos norteamericanos, en su eterno afán de que el mundo se mueva, sufra  y respire a tono con el color de su bandera, decidió convertir al 11 de septiembre en una fecha especialmente notable para todo el planeta.
Si bien los ataques terroristas de ese 11 brutal ocurrieron en tierras yanquis, lo cierto es que un universo de acontecimientos notables, también ocurridos en esa fecha, no pueden ser ni silenciados ni disminuidos.
En este caso, pudiéramos referirnos al brutal golpe de estado contra el presidente constitucional chileno Salvador Allende, en 1973, y al nacimiento, en 1940, de una figura ubicada con todo derecho entre lo más valioso y brillante de la cultura cubana: Eusebio Leal Splenger, el historiador de la Ciudad de La Habana, ahora sumergida en su aniversario 500 de fundada.
Eusebio arriba ahora a sus 76; pero con motivo de su anterior cumpleaños tuvo la suerte de ver la luz el volumen Nuestro amigo Leal Mensaje para un septuagenario quinto aniversario (ediciones Boloña).
En este hermoso volumen, con aporte de las más diversas voces de reconocidos pintores, arquitectos, músicos, trovadores, escultores, políticos, historiadores…, se retrata la esencia de un hombre imprescindible a la hora de hablar de esa nación martiana que tanto añoramos mejorar y siempre defendemos a como dé lugar.
Decenas de firmas ilustres se agrupan al pie de los testimonios, entre las que sobresalen las de Carilda Oliver, Omara Portuondo, Marta Rojas, Roberto Fernández Retamar, Leo Brouwer, Eduardo Torres-Cuevas y Liuba María Hevia, entre otras rúbricas de peso.
Y se abrigan dentro de ellas, las de dos artemiseños de trayectoria cultural  bien sobresaliente: el trovador ariguanabense Silvio Rodríguez y el escultor bautense Juan Quintanilla.
Silvio confiesa en su texto La dimensión inabarcable: “Hoy, cuando tu obra y tu dimensión  se hacen casi inabarcables, te confieso que me veo en ti, querido hermano, no en tu incomparable estatura, benefactora de la ciudad y del país sino en el cotidiano afán de extraer del fondo de nosotros lo que nos hace buenos”.
Por su parte, Quintanilla en El eterno enamorado deja constancia de su profunda amistad con el personaje más insigne y lúcido de La Habana Vieja y con quien fuera la madre de este, Silvia Spengler, hospitalaria mujer que tenía por sabrosa costumbre servir en jícara criolla el humeante café a los visitantes a su morada.
A punto de tocar las puertas de otro 11 de septiembre, es bueno saber que la historia escrita y protagonizada por los hombres al sur del capitolio de Washington, también es parte sustancial de este mundo.
 

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- 21/04/2014 0 comentarios | |

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