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- 02/03/2017 0 comentarios | | |

El mejor fruto de la Emilio Hernández

Con resultados sostenidos en la producción agropecuaria, la cooperativa artemiseña mantiene el vigor que la catapultó hasta un lugar de referencia en la entrega de alimentos
María Caridad Guindo Gutiérrez mguindogutierrez@gmail.com

Famosa por la disciplina y exigencia de sus directivos, y por los jugosos dividendos que perciben sus trabajadores, la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Emilio Hernández, de Artemisa, también constituye un referente en cuanto al trabajo agropecuario sostenido frente a todo tipo de dificultades.
De la conducción certera de su presidente Osvaldo Blanco saben muchos artemiseños. Los resultados hablan por sí solos: Vanguardia Nacional en varias ocasiones, y 21 años de rentabilidad.
Pero, debido a problemas de enfermedad, Blanco no se encuentra ahora al frente de la cooperativa, y el ingeniero agrónomo Rolando Barrera conduce la nave hacia buen puerto con firmeza, desde el segundo semestre de 2016.
“Nos dividimos en 17 centros de costo, compuestos por ocho fincas de plátano, dos de cultivos varios, una de frutales (13 variedades), un centro de lombricultura, un módulo pecuario, otra destinada a la siembra de hortalizas, la de maquinaria y comercialización”.
El 70 por ciento de las ganancias se distribuyen entre los obreros agrícolas, y el resto beneficia a los que no se vinculan directamente a la producción, y a los fondos de la cooperativa.
Según Barrera, cada finca tiene su jefe y este recibe un estímulo salarial en correspondencia con el cumplimiento eficaz de sus funciones. “Cada quien gana según lo que sea capaz de hacer”.
Un grupo de principios éticos rigen la conducta de estos guías, como la necesidad de velar por el cumplimiento del horario de trabajo de 7:00 a 11:30 de la mañana, y de 1:00 a 4:30 de la tarde. Deben vincularse a la tierra tanto como sus subordinados, y predicar con el ejemplo.
De la labor meritoria de los jefes de finca depende en gran medida la estabilidad de la fuerza de trabajo y los resultados favorables, cuyas ganancias entusiasman a todos.
La mayoría de sus producciones van al centro de acopio municipal, y abastecen con viandas, granos y hortalizas cinco puntos de venta en el municipio cabecera, así como cuatro mercados en La Habana. Además, surten a diversos clientes, después de cumplir sus compromisos.
Antes de la llegada de los picos de cosecha del plátano, principal producto de la UBPC, logran transportar el 90 por ciento de los frutos en tres camiones propios, aunque uno de ellos lleva seis meses parado sin baterías.
Asoman problemas también en la finca San Juan, de cultivos varios, donde la rotura del motor eléctrico afecta la producción de alimentos, tan necesarios en nuestras mesas.

Decisivos en cada lugar
María González es de las 17 mujeres que componen el colectivo de 134 trabajadores. Pese a la ínfima cifra en comparación con el total, las féminas tienen un papel importante; así lo confirma esta joven de 30 años, envuelta en el escarde de la malanga. Junto a otros siete labriegos, alterna sus funciones entre la siembra y recogida de boniato, y las atenciones culturales a la papa en la finca Velita.
De pocas palabras, pertenece al grupo de quienes prefieren hacer. Lo mismo sucede con Omar Sánchez, fundador de la Emilio Hernández y desmochador de plátano. Él trabajó como boyero durante la cosecha del alimento, pues según revela el actual presidente de la UBPC, nunca han abandonado la tracción animal, tanto en el tiro de abono como en el acopio de los racimos.
Prestan especial atención a potenciar la lombricultura, a partir de la descomposición de material orgánico. En este centro de costo encontramos a Benito Hernández, quien nos explicó el proceso de obtención del humus de lombriz. Casi el 70 por ciento del fertilizante que requieren los cultivos lo suplen con este compuesto orgánico, de ahí el interés de los clientes por adquirir tomates y coles frescas procedentes de esta forma productiva.
Entre 48 y 50 radica la edad promedio de los cooperativistas, por lo cual intentan sumar jóvenes al difícil mundo de la agricultura, y recuperar el comité de base de la UJC, una fortaleza necesaria e indiscutible.

Pertenencia versus inercia
Para Rolando Barrera, el sentido de pertenencia de cada trabajador sustenta los éxitos de la UBPC, al igual que un sistema mensual de emulación entre fincas con tal de estimular el esfuerzo cotidiano.
Pero no pocas zancadillas entorpecen el desempeño de estos hombres de campo. Hasta la fecha les ha sido imposible repartir las utilidades del año anterior —ascendentes a un millón y medio de pesos—, a causa de las cuentas por cobrar a la Empresa Agropecuaria de Artemisa.
A finales de octubre de 2016, ya habían cumplido su plan de 36 000 quintales, y en diciembre completaron 54 800, si bien la asignación de combustible tampoco se corresponde con los resultados del colectivo.
El organopónico agroecológico atraviesa problemas desde la rotura del motor que permite abastecer el agua, y la ausencia de una grúa impide sacar la turbina y arreglarla.
No obstante, en las 22 caballerías de tierra cultivable, de las cuales tan solo nueve poseen sistema de riego, hacen maravillas y jamás descuidan la alimentación del pueblo, tarea sagrada del campesino cubano.
La UBPC Emilio Hernández representa un fiel ejemplo de la fuerza arrolladora del ser humano, cuando se propone transformar su entorno, marcar la diferencia y emplear los recursos naturales en pos del bienestar de sus semejantes. Entonces, si oye decir que su vecino cobró una utilidad de 40 000 pesos en esta cooperativa, atribúyalo sin dudas a la riqueza que generan, al impacto de tanto sudor en la producción de alimentos y en la sustitución de importaciones.
 

En la finca Velita, de cultivos varios, se encargan del escarde y atención constante a la malanga, la papa y el boniato / Fotos: Humberto Lister
En la finca Velita, de cultivos varios, se encargan del escarde y atención constante a la malanga, la papa y el boniato / Fotos: Humberto Lister
9:30 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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