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- 19/05/2014 0 comentarios | | |

Martí y los cowboys de la bala infinita

Leyendo hace mucho una enjundiosa crónica de José Martí, titulada Jesse James, gran bandido, la cual forma parte de sus deliciosas Escenas norteamericanas, asistí al muy claro enfoque del Apóstol respecto a la fabricación de una cierta clase de héroe, sangriento, vándalo y beligerante, por parte de la prensa y la propaganda norteamericanas
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

Confieso que, cuando contaba apenas unos siete años de edad, yo también me emocioné sobremanera con un viejo filme de Hollywood, nombrado Murieron con las botas puestas, en el que su protagonista, el general George Armstrong Custer (interpretado por Errol Flynn), jefe del tristemente célebre Séptimo de Caballería, caía muerto en “glorioso” combate contra unos indios que parecían salidos de las mismísimas calderas del Infierno.

Pero la imagen de aquel general dulzón que Hollywood regaló al mundo entero, no duraría demasiado. Varios años después, en un filme memorable, Pequeño gran hombre, de Arthur Penn, el “célebre” general sería retratado como lo que realmente fue: un asesino, un hombre sin escrúpulos de ninguna clase que en la batalla de Little Big Horn, en junio de 1786, frente a los jefes indios Toro Blanco y Caballo Loco, terminó pagando con su vida —y las de casi todos sus subordinados— el precio de los cueros cabelludos que arrancaron sin clemencia a miles de nativos inocentes.

Siempre me gustaron los filmes del oeste. Creo que todavía me siguen gustando, sobre todo ese duelo memorable, a golpe de “música chillona” de Ennio Morricone, casi como un ballet,  entre el Malo (Henry Fonda) y el Bueno (Charles Bronson) de la película Érase una vez en el Oeste, un clásico del western spaguetti.

Pero si alguna vez la historia humana logró reescribirse de una manera tan manipulada, fue precisamente mediante este género cinematográfico, en el cual los indios casi siempre llevaron la peor parte, y los negros ninguna, a pesar de que miles de hombres de esa raza participaron también en la conquista de este espacio geográfico tan agreste.

Sin embargo, ¿tocó exclusivamente al cine norteamericano el error de contar —a través de una absoluta manipulación y reinvención de la historia— la vida de personajes tan oscuros como el propio Custer y las de otros bandidos y asaltantes  como Jesse James, Wyatt Earp y Billy el Niño, convertidos desde el principio en verdaderos héroes populares y después en flamantes protagonistas de novelas, cuentos, baladas, cómics y películas?

Leyendo hace mucho una enjundiosa crónica de José Martí, titulada Jesse James, gran bandido, la cual forma parte de sus deliciosas Escenas norteamericanas, asistí al muy claro enfoque del Apóstol respecto a la fabricación de una cierta clase de héroe, sangriento, vándalo y beligerante, por parte de la prensa y la propaganda norteamericanas, entre los cuales el mencionado Jesse, “héroe de la selva”, según Martí,  es un ejemplo harto elocuente.

El Apóstol inquiere en uno de los párrafos de la mencionada crónica: “Mas, ¿dónde hallan, como quieren hallar diarios y cronistas, hazañas de caballero manchego en ese ensangrentador de caminos?”, para agregar más adelante: “Y los corregidores que le persiguieron en vida, le sepultaron en féretro suntuosísimo, que de su bolsa pagarán, o de la del Estado”.

Martí retrata el momento de sepultura del célebre pistolero, y no puede evitar su asombro ante tanto “dolor” de las masas,  por el final sangriento de un cowboy de gatillo alegre, “que rompió tantas veces con la bala de su pistola el cráneo de los hombres, con la misma quietud serena con que una ardilla quiebra una avellana”.

Para el final de la crónica deja esta visión especialmente simbólica: “Y los empleados de la policía del lugar quedaron arrebatándose la yegua veloz en que montó el bandido”.

Se cuenta que el pistolero Jesse Wodson James (1847-1882) fue autor de 11 robos de bancos, siete asaltos de trenes postales, tres saqueos de diligencias y 16 muertes, “hazaña” de crímenes y asaltos que lo emparentaron con otros cowboys ya mencionados… y con otros que llegarían en el siglo XX a convertirse también en verdaderos “héroes populares” norteamericanos, como John Dillinger y Al Capone, nombres que vuelven a las pantallas de cine una y otra vez bajo la misma aureola “gloriosa” de Jesse James, no importa cuántas balas hayan clavado en la carne del prójimo ni cuánta bolsa pública hayan saqueado sin misericordia.

Los cowboys de bala infinita, primero con caballos y después con autos y trajes perfectamente cortados, o con uniformes de combate, han sacudido desde siempre las páginas, pantallas y corazones de la sociedad norteamericana.

“No os asombréis de nada”, dijo el poeta. Si existió ese bandido que tan bien dibujó Martí, existieron —también dibujados por Martí en la misma crónica— gobernadores, corregidores, policías, jueces, periodistas, dueños de diarios… que trocaron en gloria y leyenda el larguísimo historial de un asesino.

El tiempo ha dicho la última palabra al respecto. La historia de criminales convertidos en héroes lleva un sello American Way of Life por todas partes, aun cuando ya pasaron 132 años  desde que José Martí quedara absolutamente impresionado por la muerte tan llorada y publicitada de un perfecto “héroe de la selva”. Por suerte, en otras partes del mundo los héroes que caen abatidos podían llevar en la mano también un revólver, pero en el pecho otra clase de alma.

Pie de fotos

-Jesse James: bandido sanguinario que la propaganda y el cine elevaron a la condición de héroe

-En Murieron con las botas puestas, el general Custer es dibujado como el gran héroe que nunca fue

12:30 pm.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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