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- 15/05/2017 0 comentarios | | |

Madres

Si pensamos que eran invencibles o seres de otro mundo con poderes sobrenaturales, nos equivocamos de una punta a la otra, porque ellas también lloran, se cansan y a cada rato tienen deseos de, como canta el poeta, soltar todo y largarse. Ellas también dudan, temen y se arrepienten. A nuestras madres también les duele y más que nadie necesitan el consuelo, la sonrisa, el descanso, el abrazo… y no solo el segundo domingo de mayo.
Leticia Martínez Hernández yailin@artemisadiario.cip.cu

Se acuestan de últimas, cuando todos duermen y no hay un plato más que fregar. Se levantan de primeras, para que cuando los demás abran los ojos, la casa esté inundada de olor a café. Pero entre la madrugada y el alba, varias veces se levantaron para cerciorarse de que los niños están bien. Nadie sabe cómo sucede, pero en la mañana siempre tienen una sonrisa para dar el “de pie”.

Parece que nada les duele, que la coraza que las envuelve es infranqueable, como para proteger a cada uno de los hijos. Tienen una respuesta para todo, desde el más elemental porqué hasta el marco teórico de cualquier tesis.

Y, si de pronosticar se trata, ellas saben lo que pasará ahora mismo o mañana, sin necesidad de mapas o modelos de trayectoria. Basta que digan “no hagas esto” y lo hagas, para que sus palabras caigan sobre ti como la profecía más rotunda… y te sancionen con un “te lo dije”.

Tienen un don para el sosiego. No existe lugar más apacible que su regazo. Cuando parece que el mundo se nos viene encima, allí están ellas para hacerte saber que el sol siempre vuelve a salir. Son el horcón de la casa grande, a donde volvemos en busca de aquella quietud, incluso con los hijos bastante creciditos.

Nos pasamos la vida llenándolas de preocupaciones, pero siempre tuvieron el abrazo a mano. Hicimos que se desvelaran con nuestra fiebre, que pasaran la madrugada en el sillón mientras nosotros bailábamos despreocupados, que dejaran a un lado sus sueños para concretar los nuestros, que pasaran por encima de sus convicciones para complacernos, que pagaran la culpa que fue nuestra… y todo con la lealtad que solo conoce el amor de ellas.

Si pensamos que eran invencibles o seres de otro mundo con poderes sobrenaturales, nos equivocamos de una punta a la otra, porque ellas también lloran, se cansan y a cada rato tienen deseos de, como canta el poeta, soltar todo y largarse. Ellas también dudan, temen y se arrepienten. A nuestras madres también les duele y más que nadie necesitan el consuelo, la sonrisa, el descanso, el abrazo… y no solo el segundo domingo de mayo.

Que nunca nos falte el tiempo para visitarlas; para quitarles nuestras cargas; para hacerlas reír, si es posible a carcajadas; no dejemos para mañana el beso de hoy, porque la Madre que nos tocó es la mejor de todas, la más noble, la más guerrera, pero no es eterna. ¡Que solo eso baste para honrarla todos los días!

6:45 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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