Febrero 4, 2018 - 10:45pm
- 05/02/2018 0 comentarios | | |

Con llamativa destreza… y mucha memoria

De sangre directa le viene este desvelo por su terruño: sus padres, los investigadores Carlos Eduardo Hernández y María Antonia Padrón, han dedicado “alma, corazón y vida”, a estudiar y escribir una parte de la riquísima memoria de San Antonio
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

Mirar la ciudad desde la indiferencia, conduce al hombre a una desidia fatal; mirarla con ojos críticos puede expresar el dolor de quien la siente caer sin remedio; mirarla desde el discurso del arte implica también algo de ese dolor, pero igualmente de una esperanza negada a morir.

De este mismo modo veo las intenciones de la joven artista de la plástica ariguanabense Jessica Hernández Padrón, en su exposición Calando el Ariguanabo, propuesta implicada seriamente en el empeño de que no muera la jugosa memoria de su ciudad.

Una ciudad que, no por gusto, ha sido llamada “la capital cultural” de la provincia de Artemisa, aunque el deterioro haya cebado sus tábanos en más de una construcción, una calle, un edificio patrimonial, un sitio de otrora estelaridad gastronómica, recreativa o cultural.

Amparándose en la técnica del calado, Jessica, también diseñadora de varios títulos literarios, nos regala un discurso visual muy a tono con lo escrito uno de los grandes maestros ariguanabenses,

Félix Romero, cronista de un San Antonio repleto, sobre todo, del encanto de sus personas y personajes fuera de serie.

De manos de Jessica, 10 de los más importantes espacios de San Antonio de los Baños parecieron volver a cobrar vida (u otro tipo de vida): el embarcadero, La Placita, el parque de la iglesia, el anfiteatro, El Patio (antigua fábrica de seguros), el motel Las Yagrumas…

Fue la propuesta de Jessica semejante a una tarea de rescate, semejante a la que, en medio de una tempestad, intentan los hombres para que nada quede a merced de los vientos y se pierda en el infinito de las sombras.

Llama la atención que sea una joven la que sienta como muy suya la historia del fragmento de tierra donde habita, que desde su sencilla –pero paciente y exquisita- habilidad como creadora pueda recomponer la esencia arquitectónica de su ciudad.

Esencia que, si bien ha sido maltratada por el paso del tiempo y no poca desidia de los hombres, aún resiste en pie, con una esperanza invencible en el alma de cientos y cientos de seres del Ariguanabo. No debe extrañarnos esa preocupación.

De sangre directa le viene este desvelo por su terruño: sus padres, los investigadores Carlos Eduardo Hernández y María Antonia Padrón, han dedicado “alma, corazón y vida”, como decía un célebre tango, a estudiar y escribir una parte de la riquísima memoria de San Antonio y, de manera “contagiosa”, han trasmitido esta pasión a su única descendiente.

Cortando cada pieza y después colocándola con mano precisa, hasta formar una figura completa, como en un rompecabezas, se arma cada una de las 10 obras de Jessica, metáfora de cómo será preciso volver a revivir cada espacio perdido o deteriorado, no solo en el Ariguanabo de Abela y Boligán, de Silvio y Posada, sino en cualquier espacio de la geografía cubana.

Febrero 4, 2018 - 10:45pm
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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