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- 02/08/2018 0 comentarios | | |

El intenso imán de La Coronela

La Coronela sigue con paso firme hacia cumbres superiores, a tono con la belleza del verdor del paisaje y del lomerío imponente y un tanto misterioso que acoge cada uno de sus triunfos.
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

Olga Lidia Fernández Curbelo ya tiene 36 años. Desde los 15 o los 16, no ponía un pie en la sede de la base de campismo La Coronela, centro recreativo ubicado al norte de Caimito. Bastó que irrumpiera en el lugar para que el asombro no le cupiera en la cabeza: la rústica base que un día dejó de visitar es ahora lo más cercano a un sueño.
“Esto se ha vuelto un sitio especial, no tengo palabras para describirlo”, dice Olga, capitana de salón en el Centro de Negocios El Pelícano en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, opinión que comparte con otro visitante, Raymel Pérez, y sobre la cual remata Rafael Ernesto Ramírez, salvavidas de la instalación: “Cuando entró Yosbet como director, otro gallo comenzó a cantar”.


Cascada El Copey: una verdadera tentación para los bañistas

De Yosbet Pérez Hernández y la intensa tarea desplegada al mando de La Coronela, hablamos hace ya un par de años en estas mismas páginas: entonces narramos cuánto asombro nos había causado el ascenso de este sitio tan querido por los caimitenses, hoy añorado por habitantes de los más disímiles municipios artemiseños y capitalinos.
Así no los hizo apuntar Reynaldo Hevia, un capitalino con residencia en Güira de Melena: “Este es el mejor campismo que he visitado en mi vida. Si no fuera así, te lo diría con toda la sinceridad del mundo. No tengo compromisos con nadie. No miento. Cuando llegué le dije al administrador: ‘‘oye, hermano, qué tú hiciste aquí’, a lo que me respondió claramente: ‘¡trabajar!’”
Para el matrimonio formado por Gabriel y Adela este espacio resulta “muy bueno, repleto de trabajadores agradables, muy respetuosos y pendientes de todo”. No se arrepienten de haberlo elegido para pasar tranquilamente unos días del intenso verano criollo. Es casi imposible que no retornen el año próximo.
 
Lo que va de ayer a hoy

Alumnos de la secundaria Carlos Gutiérrez Menoyo en plena fiesta cumpleañera

Un grupo de estudiantes que recientemente terminó su paso por el octavo grado de la escuela secundaria Carlos Gutiérrez Menoyo, decidió —en compañía de sus madres— pasar una jornada completa de asueto en predios de La Coronela, donde el agua cristalina y fría de la cascada El Copey  hace las delicias de todo visitante.
A la invitación hecha por ellos me sumé sin reticencia, no tanto por la idea de la promesa de un glorioso chapuzón o la celebración colectiva del feliz cumpleaños 14 de mi hija María Fernanda (extraordinaria admiradora de este lugar), sino también por la idea de reportar periodísticamente el  “estado de salud” actual de un paraje donde muchas veces dejé mis huellas juveniles.
Al llegar, el saludo afable y sincero de Yosbet no se hizo esperar. Es parte imprescindible de su modo de vivir. “He hecho más amigos aquí que en ninguna parte”, jura este joven holguinero devenido artemiseño.
“Desde que llego por la mañana, les pido la opinión a los campistas acerca de todo: qué les gusta y qué no, les pregunto por la comida y por las distintas opciones. Busco que se sientan cómodos, en confianza, a tono con un lugar tan hermoso. Lo que te diga el campista es la realidad, y sobre esos problemas debes trabajar hasta solucionarlos”.
Pero, ¿cuánto ha cambiado La Coronela desde la última vez que recibió unas palabras en las páginas de este periódico? Yosbet responde que, desde entonces, a las 26 cabañas (ahora todas alquiladas) se les puso papel de techo y les colocaron cortinas nuevas de baño, espejos con apliques, mesitas de noche, cestos de baño, duchas de “teléfono”, dos ventiladores, colchones nuevos, un cesto de basura en exteriores para cada una de ellas, y 10 mesas de cuatro sillas con el nombre del campismo grabado en su espaldar.
Haber logrado que el servicio de agua respondiera las 24 horas del día hizo, precisamente, agua la boca a todos los campistas, así como la instalación de una nevera y la adquisición de hielo en Guanajay.