Mayo 11, 2014 - 9:00am
- 11/05/2014 1 comentario | | |

Ignacio Agramonte: Genio militar, patriota y caballero

Ignacio Agramonte, estratega ejemplar, dirigió la caballería camagüeyana y la convirtió en el odio de los españoles. Murió en combate el 11 de mayo de 1873 con 32 años de edad.
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

Aunque muchos lo desconozcan, el 11 de mayo de 1873 el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz y su caballería camagüeyana llevaban todas las de ganar en los potreros de Jimaguayú, donde debían arribar unos 700 soldados españoles con el ánimo de destruirlo.

El nivel estratégico de Agramonte era muy alto, y su caballería, aun hambreada hasta los tuétanos, exhibía una moral elevadísima tras batir sin clemencia a varias agrupaciones enemigas, entre ellas las del capitán Setién, jefe sanguinario y temible, apodado El Tigre, y la del coronel Abril, quien murió junto a otros de sus jefes tras una carga de la indomable caballería insurrecta.

Agramonte se había convertido en el odio mayor de los españoles, que salieron a cazarlo a como diera lugar. Al jefe mambí no le había bastado con la hazaña del 8 de octubre de 1871, cuando con apenas 35 hombres, tres veces menos que sus enemigos, liberó magistralmente al brigadier Julio Sanguily. A esta hazaña, reconocida con admiración hasta por el bando contrario, había sumado más victorias y parecía no detenerse ante ningún obstáculo de los muchos que a diario enfrentaba.

Pero el “azar concurrente” le reveló una sorpresa letal y, de modo inesperado, el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz y cuatro de los miembros de su escolta, cayeron en una impensable emboscada que costó la vida al indomable abogado camagüeyano.

La muerte de Ignacio Agramonte impactó especialmente el curso de la guerra y la unión de las fuerzas mambisas. Desde su caída, como por “encanto” macabro, comenzó a llenarse de traspiés el camino de las fuerzas revolucionarias: varios meses más tarde, Carlos Manuel de Céspedes es destituido, del modo más absurdo e indigno,  como Presidente de la República en Armas, por obra y gracia de algunos de sus compañeros de armas.

A esta calamidad podría sumarse que Calixto García cayó gravemente herido en manos españolas, las continuas sediciones del general Vicente García sembraron y promovieron el desorden y la indisciplina entre los combatientes…

La ausencia del Mayor, un hombre con un prestigio, inteligencia y disciplina total, fue una carencia imposible de mitigar entonces y durante mucho tiempo después. Y pesó. Pesó demasiado, porque con Agramonte vivo el destino de los acontecimientos hubiera podido ser otro muy diferente, tal como lo vio Fidel en el centenario de la caída del insigne prócer: “¿Habría actuado así Ignacio Agramonte, tan caballeroso, tan digno, tan virtuoso? ¿Habría permitido aquel proceder indigno contra Carlos Manuel de Céspedes? No, estamos seguros que no”.

El brigadier Henry Reeve, El Inglesito, uno de sus mejores oficiales, aseguraba que “solo hubo un Mayor y cayó en Jimaguayú”.

No es que Agramonte fuera una leyenda o un mito. Este hombre soñaba terminar la guerra algún día no lejano, para estar solamente con su esposa Amalia y su hijo y no volver jamás a tocar un arma. No. Es que su cabalgata por los campos de la dignidad y el combate fue extraordinaria.

Por eso, el intento inútil de España de quemar sus restos mortales y lanzar al viento sus cenizas, no era precisamente un intento de impedir la profanación de su cadáver, sino de poner fin a la propagación de su ejemplo. ¡Vaya decisión inútil de aquellos colonizadores!

Caía el Mayor con apenas 32 años, pero muy pronto Maceo, Gómez, Martí y otros muchos se encargarían de ratificarle a la corona española lo mismo que Ignacio Agramonte escribiera, el 19 de julio de 1972, a un amigo residente en Nueva York: “La Revolución vive, y con elementos para una larga vida, marcha tenazmente hacia su objetivo”.

Mayo 11, 2014 - 9:00am
- 21/04/2014 1 comentario | |

COMENTARIOS DE LA NOTICIA

dariel
- 2014/11/29 - 13:14
1
Hay que darse cuenta de que esta es una de las personalidades ma´s grandes de nuentra historia

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