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- 09/11/2015 0 comentarios | | |

Huellas imborrables

Desde tiempos inmemoriales el ser humano, impulsado por la religión, las supersticiones, el arte, las costumbres, la estética o la moda, ha tatuado o perforado distintas partes de su cuerpo
Myrla Pizarro de la Uz myrla@artemisa.cip.cu

Carmen es madre soltera y su hija Claudia de 14 años no llega. Aún no había regresado de la escuela y eran más de las ocho de la noche. El día anterior habían tenido una discusión muy fuerte porque Claudia quería colocarse un piercing en el ombligo para estar a la moda cuando viniera el verano.

La mayor parte de sus compañeras de estudio los exhiben en disímiles lugares del cuerpo y ella marca la diferencia. Además, cuenta que su ídolo musical, Cristina Aguilera, posee 11 en su anatomía.

La jovencita regresó muy tarde y su madre se percató de que algo estaba sucediendo; finalmente se había perforado el ombligo sin autorización.

La moda de horadarse

Desde tiempos inmemoriales el ser humano, impulsado por la religión, las supersticiones, el arte, las costumbres, la estética o la moda, ha tatuado o perforado distintas partes de su cuerpo.

Aunque resulta imposible determinar con exactitud la aparición del anillado corporal o piercing, que en español significa perforación, se conoce que en Roma los miembros de la guardia del César usaban aros en los pezones para demostrar hombría y audacia.

Dicha práctica también se extendió a la India, donde las jovencitas eran anilladas en la nariz antes de sus nupcias, como símbolo de devoción a su cónyuge.

En algunas culturas de la antigüedad se adoptaba esta expresión porque, según sus creencias, los defenderían de malos espíritus o tragedias. Durante la época de la Inquisición muchas comunidades religiosas utilizaron el anillado genital como método de castidad y de expiación de culpas.

Actualmente, diversos grupos étnicos colocan un piercing entre las dos fosas nasales, con el propósito de adornar su rostro, diferenciarse del resto de los grupos tribales y conocer el estatus social del que lo lleva.

En Brasil, por ejemplo, existen comunidades que tienen la costumbre de hacer un pequeño corte bajo el labio o en los lóbulos de las orejas, que les aumenta el tamaño y donde colocan una pieza circular.

Moda que mata

Asumir una moda, una conducta o un símbolo forma parte de los fenómenos vinculados con la globalización y el intercambio cultural de unas naciones con otras. El acceso a Internet y a otros sitios o espacios informativos que socializan tendencias y costumbres de diversas regiones, y la irradiación del consumo cultural, intervienen en la reproducción del piercing.

Según la socióloga Eneycy Morejón, muchas de las personas que lo usan lo hacen porque piensan que así pueden desinhibirse en relación con el cuerpo, obtener la libertad en toda su expresión, el respeto a su espacio, no reprimirse ante nada y estar dispuestos siempre a vivirlo todo con intensidad.

Por su parte, la psicóloga Ingrid García Chávez, especialista del Centro de Orientación y Ayuda Psicológica del municipio Güira de Melena, considera que llamar la atención de manera descoordinada, sobresalir por encima de la sociedad que no acepta determinados patrones, o identificarse con un grupo que asume una forma de pensar y actuar diferente a la preestablecida, pudieran ser las causas que originan este comportamiento.

García también le concede gran importancia a la influencia que generan ídolos —como cantantes y actores— en muchos jóvenes, que al tomar a estas personas como referencia de lo que ellos desean ser, copian sus comportamientos.

“El tránsito entre la niñez y la adultez presupone una serie de cambios que incluyen la búsqueda de la identidad, asumir las transformaciones físicas y psicológicas que aparecen en esta etapa de la vida y adquirir poco a poco la independencia. Por ello, intentan imponer sus normas, expresar sus demandas y autorrealizarse mediante el uso de tales objetos como una especie de marca que los identifique o los distinga”.

Algunos consideran esta técnica una forma de expresión artística, con la cual pueden manifestar sus inquietudes, aspiraciones; desarrollar sus ideas y buscar mejor estado físico y espiritual.

Eiffel Torres, estudiante de Medicina de la provincia de Artemisa, usa un piercing en la ceja izquierda: “No lo hago por seguir una moda determinada. Lo considero un cambio trascendental en mi vida y un modo de marcar la diferencia. Para mí es una forma de exteriorizar rebeldía; un símbolo, una prueba”.

Juan Cabrera, padre de dos niños, con 45 años, refiere que, pese a su edad, lleva con mucho orgullo sus piercings: “tengo dos en el labio, uno en la ceja y otro en la parte superior de la oreja. Hay quienes lo ven como una ridiculez; en cambio, los exhibo sin vergüenza alguna. Estoy contento de manifestar lo que soy como quiera”.

Si bien gran número de adolescentes adopta este comportamiento por un condicionamiento social, familiar o para ser aceptado entre sus amigos, otra parte lo rechaza por considerar que esta práctica acarrea daños físicos, riesgo de contraer enfermedades o que esa imagen no se corresponde con la educación recibida en el hogar.

La estudiante de primer año de Medicina Edennys Mendoza, señala que “el uso del piercing es físicamente perjudicial. Constituye una agresión innecesaria al cuerpo y, además, viola la primera barrera de protección al perforar la piel y propiciar la entrada de gérmenes patógenos o la transmisión de enfermedades mediante instrumentos mal esterilizados”.

Las consecuencias

Para especialistas de la salud, el uso de estas prendas constituye una acción agresiva contra el cuerpo que requiere de responsabilidad y cuidado. El dermatólogo Carlos Valles, del hospital Iván Portuondo, de San Antonio de los Baños, cuenta que en una ocasión atendió a un muchacho que poseía piercings en las orejas y la lengua:

“El de la zona bucal tenía el grosor de un tornillo —explica—. El material con que estaba hecho causó una dermatitis por contacto alrededor del mentón”.

Para prevenir problemas mayores, el doctor Valles recomienda mantener una higiene adecuada en la zona donde se colocó, evitar su uso en personas con acné o alérgicas a la bisutería, y comprobar las normas básicas de esterilización.

Maura Concepción, enfermera del Hogar de Impedidos Físicos y Mentales en el municipio de Bauta, no aconseja utilizar este accesorio: “Muchos de los que se dedican a ponerlos no esterilizan las agujas y pueden infectar a cualquier persona. Además, no siempre conocen de acupuntura y colocar equivocadamente el objeto en algún punto de la oreja puede provocar consecuencias adversas. Conozco una muchacha que adelgazó demasiado y cuando se le realizaron análisis médicos se descubrió que lo causaba un piercing mal colocado”.

Este no parece ser el caso de Reinier Gómez, residente de Alquízar, que desde hace más de tres años se dedica a esta labor. Según cuenta, muchos jóvenes han pasado por sus manos sin daño alguno. “Antes de comenzar esta práctica —afirma— pasé un curso de acupuntura”.

Sobre los procedimientos que sigue para la colocación del aditamento comenta: “Al emplear instrumentos como pinzas de ojo, agujas, troquel y joyas, los paso dos veces por el autoclave (equipo que desinfecta los instrumentos en los hospitales u otros centros de salud) de la clínica cercana a mi casa. Cuando termino cada perforación, desecho todo con lo que trabajé.

“Para evitar infección, les oriento a los jóvenes, durante un tiempo, no exponerse al sol, no tomar bebidas alcohólicas, no dormir sobre el sitio donde se colocó el piercing, lavarse bien la zona con abundante agua y jabón, aplicarse la pomada tres veces al día, mover la prenda y no tener sexo.

“Los jóvenes de entre 14 y 17 años siempre vienen con sus mayores. En una ocasión perforé en el ombligo a una niña de diez años a quien acompañaba su mamá. Solo una vez tuve problemas con familiares: una muchacha vino a comprar un piercing para guardarlo hasta que tuviera el valor de ponérselo; a la semana, la madre me formó un escándalo y quería que le devolviera el dinero. Para evitar problemas, accedí a su pedido”.

Sin embargo, Reinier afirma que en este municipio, un joven que se dedicaba también a poner piercings empleó el mismo troquel en la perforación de más de 20 personas. Para desinfectar ese instrumento, solo lo depositaba en agua caliente y, además, no usaba guantes. ¿Resultados? Infecciones, ombligos agrietados y queloides.

El doctor Valles comenta que con el tiempo “los agujeros se agrandan y deforman. Un piercing colocado en el lóbulo de la oreja puede acabar en un desgarro de fácil arreglo quirúrgico; pero en las tetillas el resultado estético es peor. La perforación en el labio puede dejar escapar la saliva, y en la nariz, la mucosidad interior”.

Reinier Gómez ha tenido piercings en el entrecejo, la membrana interdigital entre los dedos índice y anular, y dos en un lóbulo de la oreja. Confiesa que no seguir el procedimiento adecuado le ocasionó pericondritis en la oreja izquierda. “Imagínate que se me hinchó cantidad y se me puso negra. Si no llego a retirarlos a tiempo hubiese perdido parte de la oreja”, rememora.

Según la ginecóloga Patricia Roque, del hospital Iván Portuondo,  los riesgos en las zonas genitales (en las mujeres, labios menores y clítoris; y en los hombres, el pene) son mucho más graves que los usados en cualquier otro lugar.

“Sé de mujeres a las que por una infección grave se les ha tenido que extirpar la mayor parte de los órganos de reproducción internos —nos informa—, y a algunos hombres se les ha intervenido quirúrgicamente para cortar un pedazo del pene”.

“Hace más de cinco años me puse un piercing en el pene y hasta ahora no he tenido ningún contratiempo. Es una forma de brindarle placer a mi pareja y me ha dado resultado. Al parecer no es igual en todo el mundo; un compañero de trabajo se lo quitó porque sentía mucho ardor y no podía tener relaciones sexuales”, cuenta el cuarentón Mario Casas.

Ana Leyda, estudiante de Periodismo, dice: “Cuando se empezaron a usar los piercings decidí ponerme uno, pero lo quería en un lugar diferente al de todas mis amigas. Por lo que me habían hablado, se suponía que en el clítoris debía beneficiarme a la hora de tener relaciones sexuales”.

“Las cosas nunca fueron como esperaba. Lejos de darme placer, me creó problemas y molestias. Si no me lo hubiese quitado a tiempo, hoy no estaría haciendo el cuento”.

Lo que nos hace diferentes...

Los padres tienen distintos puntos de vista, criterios y posiciones. No pocos consideran que esta actitud es circunstancial, y que en un momento de la vida el hijo va a cambiar, adquirir responsabilidades y madurar en sus ideas. Otros, empero, aceptan y comprenden los aires de la modernidad, que no cambian sus valores en la etapa más difícil de su vida.

Nancy González, jefa del Departamento de Relaciones Internacionales de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), y madre de una joven de 18 años y una niña de dos, opina que si ellas deciden algún día usar un piercing, respetaría su deseo:

“No me gustan las cosas que puedan ser agresivas al cuerpo por un problema de sanidad y dolor, pero todo tiene en la vida su momento, su lugar y su edad. Como moda, la considero bonita y en las muchachas luce bien, pero reconozco que para llevarlo hay que tener en cuenta el lugar y el espacio. No imagino a nadie en una sesión plenaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular con piercings en el rostro, pero que jóvenes de 18 años lo usen en una discoteca es normal”.

Otros se mantienen aferrados a las tradiciones y tratan de presionar e imponerles a los hijos su forma de pensar y conducirse. Como todo en la vida, tener o no tener tales perforaciones debe ser el resultado de un proceso que incluya el conjunto de riesgos y, por supuesto, el placer de estar a la moda.

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