Noviembre 25, 2017 - 6:15pm
- 25/11/2017 0 comentarios | | |

El hombre bajo el traje de Comandante

Quizás debajo de esa robustez estuvo siempre el ser humano menos conocido, que también sentía dolor ante una mala noticia, amaba su familia…, solo que su personalidad fuerte, fraguó su carácter y le enseñó a mantenerse firme aun en las peores circunstancias.
Aydelín Vázquez Mesa aydelin1987@gmail.com

Ahora vienen a mi mente los versos de Silvio Rodríguez: “No voy a hablarles de un hombre común…”. La encomienda es compleja, hay tanto que decir sobre Fidel para hacerlo en unas pocas líneas. La historia de Cuba no podrá escribirse sin mencionarlo, ni siquiera la del mundo.

Tuvo, tiene y tendrá defensores y detractores; difícilmente indiferentes, ni los más apolíticos. A casi un año de su muerte, todavía resulta raro creérsela del todo, quizás porque de algún modo no lo está.

Aunque muchas veces pensé en el momento en que dejara de existir físicamente, nunca logré imaginar cómo sería. Hoy, desgraciadamente, no necesito hacerlo. Por estos días la pesadumbre es más intensa ante las evocaciones de su figura en la radio, la televisión, los periódicos, las redes sociales…

Sin embargo, prefiero quedarme con los gratos recuerdos. Aquella comparecencia en el Salón de Plenarias del Palacio de las Convenciones, durante la clausura del VII Congreso del Partido, donde él mismo mencionaba que sería quizás de las últimas ocasiones que hablaría en ese sitio.

Lo confieso: mis ojos se humedecieron esa vez ante la imagen de un Fidel anciano y al mismo tiempo tan entrañable, tan familiar; porque mis ojos se habían acostumbrado a verlo con su enorme estatura, vestido de verde olivo y sus grandes manos de largos dedos.

Quizás debajo de esa robustez estuvo siempre el ser humano menos conocido, que también sentía dolor ante una mala noticia, amaba su familia…, solo que su personalidad fuerte, forjada en la dureza de la vida guerrillera, fraguó su carácter y le enseñó a mantenerse firme aun en las peores circunstancias.

El documental Comandante, del realizador norteamericano Oliver Stone, nos muestra una arista más íntima de Fidel, desconocida por muchos. Como dijera el protagonista, no era partidario de mezclar la familia con la vida política, por eso nunca supimos de sus asuntos privados.

Ante las cámaras del cineasta, Fidel declaró sentirse como preso en su oficina ante el cúmulo de trabajo:

- “¿Pero me pregunto si usted ha sido un buen padre porque usted ha estado tan ocupado siempre?”, le cuestiona Oliver.

-“El tiempo que he dedicado a mis hijos no ha sido mucho. Si se considera lo buen padre que haya podido ser por el tiempo que he pasado con ellos tal vez no sea un buen padre. Pero sí, soy capaz de sentir y siento un gran afecto por ellos aunque no los vea todos los días. Pero cuando estoy con ellos intento aprovechar el tiempo que pasamos juntos”.

Tras la interrogante de cómo recibía las buenas y malas noticias respondió: “Mire, a las buenas noticias, las recibo con mucha tranquilidad, aunque me alegran… desde luego. Y para las malas noticias, estoy acostumbrado”.

-“¿Pero no le duelen?”, inquiere Oliver, como escudriñando detrás de una coraza.

-“Algunas son más duras. Por ejemplo, (…) recuerdo el día que recibí la noticia de la muerte de mi madre, y sentí un dolor fuerte, fuerte”, contestó con amargura.

Y como todos, cometía errores, él mismo lo reconoció. Sus enemigos se encargarán de difundirlos hasta la saciedad, los agradecidos los comprenderemos. No se puede exigir a nadie la perfección absoluta.

No obstante, en esa ocasión declaró: “Si pudiera nacer otra vez sería como soy, en las mismas circunstancias que he vivido, que he nacido”. Probablemente se refería a su convicción profunda de Patria o Muerte, Venceremos.

Noviembre 25, 2017 - 6:15pm
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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