Septiembre 11, 2018 - 8:45am
- 11/09/2018 0 comentarios | | |

El hombre que enamoró a la poesía

Cabe la posibilidad de que la lírica se inspire en ese “joven negro, obrero, combativo” —como lo describiese Fidel—, porque vuelve del Moncada, o de los largos entrenamientos en los días de su exilio en México, o reniega de la cobardía y grita la palabrota que estremeció a los expedicionarios en Alegría de Pío, porque “¡aquí no se rinde nadie, c…!”.
Editor artemisadiario@cip.cu

Por Liudmila Peña Herrera

Hay algo en este hombre que no dejará mentir a la poesía. Dicen que es esa determinación de no llegar jamás de segundo a la pelea y no dar la espalda a lo difícil, aunque la muerte se encontrase a la distancia de un gatillo.
Será porque lo hermoso de aquel delgado taquillero, que fue albañil, mozo de limpieza, peón de obras públicas… estuviese en esa manera tan suya de entregarse a las labores más fieras para servir de horcón a la familia.
Cabe la posibilidad de que la lírica se inspire en ese “joven negro, obrero, combativo” —como lo describiese Fidel—, porque vuelve del Moncada, o de los largos entrenamientos en los días de su exilio en México, o reniega de la cobardía y grita la palabrota que estremeció a los expedicionarios en Alegría de Pío, porque “¡aquí no se rinde nadie, c…!”.
Habrá que preguntarles a los poetas si hay musa que se resista a su mirada. No es bravía. Tampoco dominante o seductora. Hay una transparencia en esos ojos que desafían horizontes, que parecen buscar un no sé qué, un no sé dónde, pero siempre desde la lealtad y la firmeza.
Uno lo mira hoy,  eternizado en las fotografías y en la memoria colectiva, y parece como si, más allá del Comandante, estuviésemos mirando a un gran amigo.
Será que la poesía tiende sus redes misteriosas para atrapar a los sensibles. Tal vez sea esa la razón por la cual el jovenzuelo que llegó apenas al octavo grado, aprendió a hilvanar versos a diestra y siniestra, entre riesgo y sosiego, hasta acumular más de 300 canciones y una docena de libros donde su historia y la de la Patria se vuelven una sola.
Debe ser porque hay una misma sonrisa límpida que traza la línea de tiempo del joven vestido de combatiente, que sostiene las riendas de un caballo, o que mira hacia la cámara desde el taburete recostado a una casa de guano; o del hombre que está de pie en la tribuna, muy cerca de su pueblo; o la del Comandante de la Revolución que escucha de su amigo Raúl alguna idea imposible de ser capturada por la lente.
Puede que existan demasiadas razones —difíciles de resumir en una frase— para que la obra de Juan Almeida Bosque siga latiendo con fuerza en las entrañas de Cuba. Yo no encuentro una explicación mejor: de ese hombre quedó prendada la poesía.
 

Septiembre 11, 2018 - 8:45am
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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