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- 09/07/2014 0 comentarios | | |

La historia pasa por Bahía Honda

Máximo Vieyto González tiene la responsabilidad de estudiar y explicar a residentes y foráneos cuánto de grande y hermoso le ha aportado a la Historia de Cuba el municipio Bahía Honda
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

Sobre los hombros de Máximo Vieyto González cae una responsabilidad mayús­cula: estudiar detalladamente y explicarles a residentes y foráneos cuánto de grande y hermoso le ha aportado a la Historia de Cuba un municipio, al parecer muy distan­te, enclavado en un lomerío cercano al mar, nombrado Bahía Honda.

Máximo, una suerte de historiador no profesional, pero no por eso menos acu­cioso, hace un alto en sus labores como jefe del Departamento de Planeación y Estadística en la Dirección Municipal de Educación y, en breve, comienza a dibu­jar un rápido boceto de un espacio donde se han escrito muchas páginas honorables y valiosas, capaces de inscribirse con todo derecho en los anales más atendibles de la Historia política, económica, social y cul­tural del archipiélago, comenzando por el Período Prehispánico y más tarde dete­niéndose en la oprobiosa etapa esclavista.

En su afán de resumir lo que casi resulta imposible de hacer en un encuentro breve, pasadas las 2:00 de la tarde de un verano implacable, relata algunos momentos cum­bres de la historia vivida en Bahía Honda a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

Es entonces cuando salta, casi al galope, la figura de Antonio Maceo y Grajales, pre­sente en este territorio en 122 días de los 305 que duró su Campaña en Pinar del Río. En este pedazo de la actual provincia de Arte­misa, el Titán de Bronce libró 24 de sus combates más importantes y estableció 22 campamentos.

No puede pasar por alto el Historiador la batalla de Cacarajícara, ejemplo de estra­tegia militar mambisa, librada por el Titán entre el 30 de abril y el 1 de mayo de 1896, en la cual, con unos escasos 150 hombres bajo su mando, fue capaz de vencer a 1 500 soldados españoles, aunque en ella per­diera la vida el coronel insurrecto Carlos Socarrás Acosta.

De ahí el afán de los bahiahondenses por que este sitio donde brilló el coraje y el pensamiento militar mambí, hoy Patri­monio Local, pueda convertirse, con todo derecho, en Patrimonio Nacional.

La batalla de El Rubí es otro de los teso­ros que guarda este municipio. Duró nueve días y participaron en ella más de 14 bata­llones españoles, incluyendo al temible general Valeriano Weyler, quien solo por una rápida escapada en tren evitó caer en manos insurrectas. Los pies en polvorosa de Weyler dicen todo respecto al desenlace de la batalla.

Hubiera sido magnífico que este rufián hubiera pagado en El Rubí las atrocidades que revelaría el Censo realizado a la pobla­ción de Bahía Honda apenas terminada la guerra: una disminución del 75 por ciento de la población en este territorio y un 72 por ciento de la de San Diego de Núñez, donde la Reconcentración weyleriana, anticipo de los campos de concentración de Hitler, segó la vida a miles de cubanos de todas las edades.

Son ampliamente conocidas las huellas de Maceo y Gómez en Pinar del Río. Pero no son tan conocidas, lamentablemente, las de otro grande de la insurrección indepen­dentista: el mayor general chileno Pedro

Díaz Molina, quien sustituyó a Maceo tras la muerte de este líder en San Pedro y plantó su campamento en Bahía Honda, donde posteriormente formó familia, aun­que murió en la vecina Candelaria.

Una república para pocos

El siglo XX irrumpe de modo estre­sante y grosero en Bahía Honda: del peor modo posible, con el rabo entre las pier­nas, España se ha ido de Cuba, dejando en su lugar a las tropas invasoras gringas y a quienes armarían la República burguesa, estrenada en 1902, sin ser “de todos y para el bien de todos”, como soñaba el Apóstol.

Era la hora de repartirse el archipié­lago bajo otro idioma y otros dueños: la Cuban Land Company se afianzó en este antiguo territorio pinareño para com­prar libremente terrenos e invertir en la zafra azucarera. Por su privilegiada posi­ción geográfica respecto a Estados Unidos, Bahía Honda reunía todos los “méritos” para instalar en ella las groseras bases nava­les y carboneras, engendros de la Enmienda Platt, la cual, por suerte y por el rechazo de los cubanos, no pudo concretarse en este lugar, solo en Guantánamo.

A partir de 1920, las nuevas fuerzas revolucionarias comienzan a cobrar vida en Bahía Honda: células del Partido Comu­nista y del Partido Socialista Popular entran en acción, el líder azucarero Jesús Menén­dez, quien hace, más que acto de presencia, acto de conciencia y de lucha entre los azucareros bahiahondenses. Más tarde flo­recerían las células del Partido Ortodoxo y, a partir de 1955, las del Movimiento 26 de Julio, muy vinculadas a las ya probadas células de Artemisa.

Era hora entonces de que Maceo, como por encanto, retornara a esta tierra, parte de una nación donde, al igual que en el siglo XIX, las fuerzas revolucionarias tomaron las armas para acabar la ignominia. Por eso el 26 de Julio de 1968 se funda el Frente Guerrillero de Pinar del Río, por el comandante

 Dermidio Escalona Alonso, enviado para esta misión especialmente por Fidel.

Dos columnas rebeldes llegarían a ope­rar en la provincia: una en la zona de Minas de Frío, nombrada Ciro Redondo y diri­gida por Rogelio Payret Silvera (El Capitán Claudio) y otra en Bahía Honda, nombrada Hermanos Saíz y con José Algiba (Pepito) en la jefatura.

Cirilo Villaverde: un símbolo esencial

Del mundo de la cultura, sería imposible pasar por alto la figura de Cirilo Villaverde, autor de obras como Cecilia Valdés, un fresco realista considerado la novela mayor del siglo XIX cubano, aunque Villaverde nos dejó otras como La peineta calada y La joven de la flecha de oro, así como impo­sible sería no darle crédito a Rafael López, autor de La sitiera, canción que ha trascen­dido en el tiempo hasta convertirse en un verdadero clásico del pentagrama criollo.

Máximo Vieyto cuenta que desde 1992 comenzaron a trabajar en la monografía histórica de este municipio, con la partici­pación de cuatro colaboradores y muchas instituciones. A pesar de la fabulosa canti­dad de trabajo realizado, queda una buena cifra por hacer todavía y por decir en todos los espacios, incluyendo los medios de comunicación masiva, pues ni la Historia ni la vida más contemporáneas se han dete­nido en este municipio artemiseño.

“Vale la pena que un grupo de personas se dedique a tiempo completo a esta tarea –afirma Máximo-. Resulta decisiva en este país. La Historia es el elemento más fuerte para el trabajo político-ideológico. Por eso se debe potenciar entre los trabajadores y todas las fuerzas posibles”.

Así piensa y habla Máximo Vieyto, un hombre que cada día sale a excavar en lo profundo de la Historia, convencido de que los viejos y nuevos tesoros de la Historia Local son también hermosas prendas para mostrar con orgullo en las más acrisoladas vitrinas de la nación.

8:45 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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