9:15 am.
- 16/12/2014 0 comentarios | | |

Hace falta una carga

Vuelve el eterno joven a despertar epítetos, vuelve el que cumple sus 115 abriles este 20 de diciembre. Vuelve y no se ha ido, porque sí hay algo grande que hacer, porque después de esperar por días y años, después de luchar, de pensar, de sentir, de escribir, de crear, ya supo crecer hasta lo inmensurable
Susana Gomes Bugallo susana@artemisa.cip.cu

Hace falta una carga. Una carga para traer a Villena. Se necesita a gritos otro par de pulmones alquizareños. Otros ojos relámpagos para el mundo. Un joven de 115 años que venga desnudo a esta fiesta de amor, para seguir armando un hexaedro de Cuba. Hace falta una carga. Una carga gigante para jurar ante ella de rodillas por la Madre América, como hizo el joven veinteañero desde aquellos versos.

Este diciembre de 2014 pide un Rubén que se empeñe en conquistar las nubes sin que el anhelo parezca inútil. Un Villena que cante el sainete póstumo de todo cuanto debe morir prosaicamente. Hace falta una carga para traerle.

Esgrimo sus metáforas prestadas para hablar de él, para convocarle, para hacerle de este 2014, al que pertenece. Para tomar sus energías y su espíritu, y citar, unir y seguir descubriendo “villenamente”, con ese andar tormentoso y el alma incansable, con la pupila insomne y el impulso torvo, pero atisbando ensueños en la vida.

Vuelve el eterno joven a despertar epítetos, vuelve el que cumple sus 115 abriles este 20 de diciembre. Vuelve y no se ha ido, porque sí hay algo grande que hacer, porque después de esperar por días y años, después de luchar, de pensar, de sentir, de escribir, de crear, ya supo crecer hasta lo inmensurable.

Rindió montañas… amasó estrellas… sacudió al gigante interno, más enorme que las paredes cóncavas que obstaculizaban los gestos inseguros y las furias sonámbulas e ingenuas del durmiente agazapado. Porque había más Villena dentro del que solía caber en su envoltura. Porque hubo más acción que la que permiten los límites del cuerpo.

Como los hombres más inmensos, fue, es y será indefinible… interminable… inaprensible. No tan sutil como preciso. Capaz de desafiar al poder y transgredir las fronteras de lo aconsejable para quien va a vivir a medias. Consciente de su destino tan intenso como breve. Desafiando mil veces la muerte y quemando alegremente su vida, como nos contó su Raúl Roa.

Nadie como él para ponerse en sus trece y protestar ante la corrupción. Para formar esa unión incombustible con Mella, y tomar la universidad como trinchera de una batalla por la justicia, que nunca acabaría porque ya estaba inoculada para siempre en su espíritu de guerrero.

Si es que existe el Derecho enseñado como doctrina lírica, le dio forma Rubén, el muchacho que huyó de bufetes para salvar su alma de procesos y dueños. Porque no hubo modo más certero de mostrar justicia que haciéndola en las calles, desde el pensamiento, con la acción, con las metáforas, con los hechos, también en las aulas, hasta desde el lecho de ascenso infinito.

Pero sin dejar que sus alumnos se quedaran tras las paredes. Para eso estaba la Universidad Popular José Martí… y cada convocatoria a los estudiantes e intelectuales para levantar la bandera de la lucha perenne y necesaria.

Como pasto del mito le definen algunos, por esa imposibilidad de delimitarlo entre realidad e historia. Portador de un Mensaje lírico civil que va directo a salvar el templo del amor y la fe, porque la poesía era más que todo, era su manía de multiplicar los sentires. Y por eso se multiplicó tanto que siguió haciendo después de no estar. De no estar de un modo, de estar a su modo.

Por eso pido una carga. Y la desato. Y la asumo. Hace falta Villena 115 años después de llegar. Hace falta y está. Vive.

9:15 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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