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- 13/05/2018 0 comentarios | | |

La grandeza de cuatro letras

Si tiene a su lado a una de esas mujeres extraordinarias, aproveche el segundo domingo y obséquiele flores, o simplemente un abrazo, una mirada de admiración
María Caridad Guindo Gutiérrez mguindogutierrez@gmail.com

Conmovido por las feroces circunstancias de la vida, alguien dijo que ningún recién nacido debería sobrevivir a la muerte de su progenitora, ¡y en esa frase encerraba tanta compasión por los niños huérfanos!, pues no todos gozan el privilegio de encontrar en su existencia seres humanos capaces de amar, con la misma devoción de una madre. Sin embargo, otros sí conocen los más bellos sentimientos que solo nacen en almas repletas de ternura, donde el odio no encuentra un rincón y el cariño se adueña de cada espacio. Solo tanta belleza podría justificar la inmensa felicidad de saber que llevas en el vientre una nueva vida pese a las renuncias y las transformaciones corporales que implica, el desvelo de cula espera y el dolor infinitamente dulce de la llegada. Después, las noches en vela, los sollozos, los primeros pasos y palabras, las tareas, los amigos y los amores… Y todo sin un manual bajo el brazo para consultar y aprender cómo educar sin nalgadas, complacer sin malcriar, preparar sin deformar. Algunos solo valoran la grandeza de mamá cuando ya partió, o aprenden, de acuerdo con el dicho, a ser buenos hijos cuando son padres. A las madres les corresponde el trabajo más agotador, de enero a diciembre, y a tiempo completo, más allá del fogón, la ropa planchada, la casa limpia y el closet en orden. Celebran nuestros triunfos y lloran cada una de nuestras penas, duermen muchísimo menos que nosotros, y con los años ven agigantarse los problemas, ya que a los 40, todavía nos ven como niños. Díganle sobreprotección, llámenle efecto del subdesarrollo o consecuencia de la insularidad, pero las madres cubanas defienden a su prole con uñas y dientes, al tiempo que saben administrar jarabes y coscorrones a tiempo. Sin horario ni fecha en el calendario, como la añeja canción, me sorprenden madres, tías y abuelas con su estirpe de guerreras del tiempo y el abandono. Si tiene a su lado a una de esas mujeres extraordinarias, aproveche el segundo domingo y obséquiele flores, o simplemente un abrazo, una mirada de admiración. Su gratitud compensa cualquier desgarro. En las madres siempre se bebe de la fuente más pura y se aprende a entregar sonrisas, tan solo por el placer de multiplicarlas.

10:30 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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