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- 31/05/2018 0 comentarios | | |

Escritor en su propia batalla

¿Quién lo diría? Aquel joven escritor, acorralado por las escaseces del Período Especial, escribiendo cuentos en medio de la campiña artemiseña, llegaría a colocar su relato Disparos en el aula entre uno de Jorge Luis Borges y uno de su maestro Juan Rulfo, en una antología española titulada De la piedra al átomo, acogedora de textos de autores tan universales como Arturo Uslar Pietri, Manuel Mujica Lainez, Manuel Vázquez Montalván, Juan Goytisolo y José Emilio Pacheco.
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

En pleno Período Especial, cuando todo impulsaba a buscar la subsistencia alimentaria a como diera lugar, un grupo de jóvenes escritores cubanos (a la postre llamados La Generación del 90) pugnaba por sacar adelante varias de las obras que, por entonces, ya habían escrito en medio de aquellas condiciones tan difíciles.
Uno de ellos fue Alberto Guerra Naranjo, un espigado muchacho de Marianao, que, por obra y gracia del destino,  fungía entonces como profesor de Historia en el extinto Preuniversitario Batalla del Molino del Rey. Allí, al calor de miles de contratiempos, puntuales apagones, y bajo el apoyo incondicional de sus alumnos, Guerra Naranjo daría vida a varios de sus relatos, algunos de ellos presentes hoy en antologías internacionales  de lujo.
Aunque su origen es esencialmente capitalino, haber convivido en estos predios, llevó a Alberto Guerra a compartir  espacio literario de lujo con una pléyade de jóvenes autores artemiseños que, por esa época, ponían  en alto la salud literaria de la ya desaparecida provincia de La Habana, entre ellos el magnífico poeta Alberto Rodríguez Tosca, el excelente promotor Luis Carmona Ymas y un ser muy atento a cualquier acontecimiento dentro de las letras, el profesor Gustavo Rodríguez.
De aquella efervescente vorágine en la campiña artemiseña,  de su experiencia citadina en Artemisa y La Habana, Ciudad México, Buenos Aires…, de sus lecturas de Juan Rulfo y un sinnúmero de grandes, Alberto iría sacando el zumo con el que armaría decenas de relatos hasta conformar un currículo muy respetable.
Un currículo en el que hoy resplandecen premios como el de cuentos de La Gaceta de Cuba (en dos oportunidades), una novela con decenas de valoraciones críticas (La soledad del tiempo) y un par de premios internacionales ganados en España con una diferencia de unos escasos meses entre la concesión de ambos galardones.
Por eso sentí como un honor el hecho de que, en fecha reciente, Alberto  me invitara a ser uno de los ponentes sobre su escritura en el espacio El Autor y su Obra, auspiciado por el Instituto Cubano del Libro (ICL), y en donde tuve como compañeros de panel a los escritores Pedro Pérez Rivero, Javier Fragela, Ketty Blanco y Marlon Duménigo, en predios de la biblioteca Rubén Martínez Villena.
No falté a la verdad cuando aseguré, en un texto titulado Alberto Guerra, la poesía y el gusto por las palabras, que “Guerra no admite descuidos, no se apresura por colocar el punto de cierre mientras la historia tenga verbos  rocosos, cacofonías ruidosas, adjetivos errantes y párrafos descuidados maleando en el texto. Ese es siempre su modus operandi. Así de segura y limpia es su escritura”.
Otros miembros del panel se refirieron a las contradicciones humanas y estéticas que habían sostenido con  Alberto, un hombre siempre apasionado, sin tiempo para descansar largamente en alguna adversidad o en algún tipo de miseria humana, o reconocieron cuánto ya representa el autor de Los amantes del segundo piso para la narrativa cubana de fines de siglo XX y principios del XXI.
¿Quién lo diría? Aquel  joven escritor, acorralado por las escaseces del Período Especial, escribiendo cuentos en medio de la campiña artemiseña, llegaría a colocar su relato Disparos en el aula  entre uno de Jorge Luis Borges y uno de su maestro Juan Rulfo, en una antología española  titulada De la piedra al átomo, acogedora de textos de autores tan universales como Arturo Uslar Pietri,  Manuel Mujica Lainez, Manuel Vázquez Montalván,  Juan Goytisolo y José Emilio Pacheco.
Cuando este tipo de acontecimientos suceden, cuando la Ciudad Letrada te premia de este modo, cualquiera se da cuenta del valor que tuvo el esfuerzo del joven profesor que, en Batalla del Molino del Rey, había comenzado su larga y aguda batalla literaria y hoy ha merecido un espacio de El Autor y su Obra.

 

Alberto recibirá próximamente en España el Premio Internacional José Nogales por su relato El pianista de cine mudo
Alberto recibirá próximamente en España el Premio Internacional José Nogales por su relato El pianista de cine mudo
8:45 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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