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- 09/05/2018 0 comentarios | | |

Eduard sí tiró su pasillo...

Las competencias son así, unos ganan… y otros también ganan. Se lució el guanajayense súper en el baile desde niño, quien llevó el carisma de Guanajay en su sangre, hasta el minuto final, además de sus finos y limpios movimientos. Nos enseñó con brillo en la escena que “segundas partes sí son buenas”.
Alejandro Lóriga Santos a.losantos@cmbs.icrt.cu

Excelente binomio han demostrado ser la Televisión Cubana y RTV Comercial. Proyectos como Sonando en Cuba, La colmena TV y Bailando en Cuba, son de la preferencia de todos o, al menos de la mayoría, que emisión tras emisión frente a la pequeña pantalla disfrutan de esas muestras atractivas y de notable factura, capaces de sensibilizar a cualquier espectador.
Así nos sucedió a los artemiseños -y en especial a los guanajayenses- con la reciente edición de Bailando en Cuba, cuando constatamos que Eduard Saldivar participaba en el programa dirigido por Manolito Ortega. Las noches desde ese momento tenían mayor encanto y si en temporadas anteriores se hizo difícil separarme de la pantalla, esta vez fue imposible. Todos queríamos seguir los pasos de nuestro muchacho, bailarín de la Compañía Banrrará, hijo de Guanajay y compañero de aula de muchos acá, en la escuela José Ramón Martínez Álvarez.
Al ver las audiciones casi gritábamos en casa al disfrutar del show: “¡Ese es Eduard!”, el chico de la primaria que “nació bailando”, el “travieso” del grupo de sexto grado. “¡Era candela!” Son inolvidables los matutinos que preparaba la guía Sara, las danzas de la maestra Belkis y las obras de Alicia, donde -por supuesto- no faltaba; él se distinguía. Creo que le gustaba más bailar que estu¬diar, él no se perdía nada y sus tardes las dedicaba a la Casa de Cultura, a la com-parsa Rayitos de Guanajay, lo que ya era, tal vez sin saberlo, su preparación profe¬sional en ciernes.
Pasaron los días y la noticia se regó por cuanta esquina hay en la Villa Blanca. Los lunes en las bodegas, las escuelas o las colas, el tema era la noche anterior del concurso y la actuación del muchacho de la pareja número 15. Los comenta¬rios reconocían su talento a la manera de nuestro pueblo: “¡Se la comió!”, “¡Qué bien lo hizo!”, “¡Verdad que sabe moverse!”, “¡Pipo...estás pasao'”!
Del mismo modo, corresponde destacar a Maidelys, su compañera, con quien tuvo la oportunidad de compartir la experiencia que ambos definen como “una de las más emotivas vividas en los últimos tiempos”. Ella, matancera de 29 años y madre de dos pequeños, está vinculada a la enseñanza a partir de un proyecto cultural en su ciudad natal.
Según relata el sitio web oficial de Bailando en Cuba, antes de ser seleccionados, la joven le preguntó si le gustaría ser su pareja; Eduard no titubeó al afirmárselo, a pesar de saber que tenía ante sí a una mujer corpulenta. Los dos portaban demasiada empatía y eso fue suficiente para que les siguieran Guanajay y Matanzas, ambas Atenas que desde la cultura saben distinguir lo extraordinario.


En la final, la tensión fue extrema, más cuando el jurado compuesto por Susana Pous, Santiago Alfonso y Lizt Alfonso dictaminó la improvisación. Vamos... ¡ahí también se lucieron nuestros muchachones!, cerraban con esas actuaciones páginas de entrega y sacrificio; yo sé que ellos querían más, a él lo conozco de chico, sin embargo estamos conscientes de que no fue el final del camino.
Las competencias son así, unos ganan… y otros también ganan. Se lució el guanajayense súper en el baile desde niño, quien llevó el carisma de Guanajay en su sangre, hasta el minuto final, además de sus finos y limpios movimientos. Nos enseñó con brillo en la escena que “segundas partes sí son buenas”.

9:45 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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