8:30 am.
- 23/04/2014 2 comentarios | | |

Donar amor

Marian Menéndez lleva en su cuerpo un pedazo de su madre, Dacelys Valdés
Yailín Alicia Chacón Guzmán yailinali@gmail.com

Mira si mami es constante

y es tanto lo que te adora,

sin excusas ni demora

aceptó ser tu donante.

Ha sido perseverante

y es tan grande su sentir

que la vemos definir,

demostrando ser tu estrella,

que dio un pedazo de ella

porque pudieses vivir.

Décima escrita por Mirta Valdés,

tía abuela de Marian.

 

Marian Menéndez Valdés tiene apenas dos años de edad, pero ya conoce en carne propia de intervenciones quirúrgicas, de esperanza, de amor, de milagros médicos. Dacelys Valdés Collado, la madre, conoce el desasosiego, el dolor, el llanto, y también la alegría.

La pequeña Marian lleva consigo un hermoso regalo donado especialmente por su mamá. Ahora, en la parte superior derecha de la cavidad abdominal, sana el pedacito de hígado que Dacelys diera a su niña para que continúe viviendo.

“La cicatriz de la operación es la marca más bella que tengo en mi cuerpo, porque sé que con ella salvé a mi hija”, afirma esta joven mujer.

Ver a Marian es maravilloso. Cuesta imaginar que hace apenas unos meses fue operada. Juega, pinta, saluda a los vecinos.

Mientras, los progresos siguen notándose.

Días de tormentas

Esta historia comenzó dos años atrás. Cuando la niña de Pueblo Nuevo, en Caimito, cumplió dos meses, se le informó a la familia sobre la necesidad de someterla a una intervención quirúrgica, por una atresia de las vías biliares (obstrucción de los conductos que llevan la bilis desde el hígado hasta la vesícula biliar).

“Fue el momento más difícil; no estaba preparada. Decidí tener mi primer hijo a los 31 años, y saber de la operación cuando ella estaba tan pequeñita fue lo peor. Me obsesioné”, sostiene Dacelys.

La operación tiene lugar cuando las vías no se desarrollan con normalidad. Si no son tratadas a tiempo pueden causar daño hepático o cirrosis, lo cual puede resultar fatal.

“La realizan para esperar el trasplante, porque el 90 por ciento de los operados terminan en trasplante hepático”, subraya la mamá de Marian.

“Y la confirmación nos llegó a los diez meses de edad. Una vez que te lo dicen, la primera posibilidad es la de un donante vivo; cuando los niños son tan pequeños casi siempre resulta, porque solo necesitan un segmento del hígado”.

El donante en estos casos debe estar en la primera línea de consanguinidad, tener el mismo grupo sanguíneo del paciente, menos de 40 años de edad y ser una persona sana. Mario Menéndez, el papá, no podía ser por la edad, y el grupo sanguíneo de Dacelys es el mismo de Marian.

Amor con forma de hígado

“Entonces, me sometí a un grupo de pruebas para determinar si cumplía los requisitos. Cuando el equipo médico determinó que yo podía ser la posible donante, tuve que bajar 30 libras porque mi hígado estaba en el límite para ser un hígado graso”, continúa narrando.

“El trasplante ocurrió el día 2 de diciembre de 2013. Yo entré primero al salón y estuve durante 12 horas. Luego entró Marian el mismo día, pero salió al siguiente. La operación, duró 15 horas”.

Dacelys sabe que en Europa hubiera necesitado entre 150 000 y 200 000 euros, y en Estados Unidos hasta 600 000 dólares, para una intervención considerada entre las más complejas y costosas de su tipo a nivel mundial.

En cambio, a ella no le costó nada, y ya una semana después madre e hija volvieron a reunirse; Marian es la primera artemiseña a quien le practican esta intervención en Cuba, a partir de un donante vivo.

La pequeña permanecía en terapia, debido al proceso de recuperación. Hasta el reencuentro, Mario Menéndez estuvo acompañando a su hija en este azaroso viaje.

Pero la historia estaba lejos del final feliz. El 12 salió de terapia, y el 16 regresó al salón debido a una fuga biliar. Dos días después volvió a ser sometida a una intervención quirúrgica, por una perforación del intestino (ambas complicaciones posibles en estos casos). Subió a la sala el 26 de diciembre y le dieron de alta el 10 de enero.

De regreso a casa

“El proceso fue lento. Marian estuvo inmovilizada mucho tiempo, no hablaba, no se paraba, no se sentaba, tenía la vista fija en un punto. El cambio ha sido de 180 grados: volvió a ser la niña alegre y activa de siempre.

“La recuperación dura un año, pero hasta ahora todo marcha bien. Los parámetros están normales, las consultas han sido cada 15 días y continúa aumentando de peso”.

Ambas, madre e hija, retoman sus vidas. Marian deberá tomar el inmunosupresor por siempre (medicamento gratuito en el hospital) y no comer ciertos alimentos; por lo demás, podrá tener un crecimiento como cualquier niño de su edad.

“Mi satisfacción es inmensa. Mi agradecimiento no cabe en palabras, solo que no puedo dejar de mencionar a los médicos del hospital William Soler: a los cirujanos; a César, el hepatólogo; a las enfermeras y enfermeros de la sala; al personal de terapia y a Juana, la pantrista.

Historias como la de Marian suceden a diario en nuestros barrios. Hablan del amor incondicional de una madre hacia su hija, de la grandeza de la Revolución, de los habitantes de esta tierra y de la dedicación de nuestros médicos.

8:30 am.
- 21/04/2014 2 comentarios | |

COMENTARIOS DE LA NOTICIA

Dacelys
- 07/04/2016 - 15:32
1
Soy la mami de la protagonista de esta historia, hoy doy gracias a la vida, al equipo de médicos del hospital William Soler de la capital por salvar la vida de mi hija. Hoy soy feliz, muy feliz, por tener a mi Marian conmigo, por darme cada segundo más de una razón para vivir y porque mi pedacito de hígado ayudó a salvarla.
- 02/27/2017 - 13:02
2
Es muy hemrosa tu historia y fue un placer poder contarla

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