Julio 9, 2018 - 7:00pm
- 09/07/2018 0 comentarios | | |

Cuando los sueños terminan en pesadilla

Tras la firma del último acuerdo migratorio entre Cuba y Estados Unidos, el 12 de enero de 2017, específicamente la eliminación de la política “pies secos-pies mojados”, ha disminuido significativamente la emigración irregular desde la nación hacia ese país.
Aydelín Vázquez Mesa aydelin1987@gmail.com

Es 26 de diciembre. El último sábado de 2015. La discoteca resulta la primera opción de muchos jóvenes para alegrar la noche. La semana reserva ese espacio para la diversión. Casi termina el año y los aires festivos comienzan a sentirse. Faustina lo entiende; a fin de cuentas, su hijo Albertico “es un buen muchacho, trabajador”. Lo ve salir vestido de blanco, y nada parece fuera de lo normal.
“No acostumbraba a salir y pasarse días fuera de la casa. Si iba a regresar tarde o pasar toda la noche fuera, me lo decía. Al transcurrir tanto tiempo, ya me preocupaba. El domingo en la tarde salí a preguntar por él a los más allegados.
“Comenzaron los comentarios: ‘que si fulano salió el sábado y no ha regresado, y el otro tampoco’. Así, en total 11 jóvenes de este barrio. Alguno debió comentar que iban a irse en una lancha, y llegó a oídos nuestros. Tuvimos la certeza de eso porque ya no volvieron”, resuella Faustina Beltrán, una madre de 54 años.
Desde entonces la vida de esta mujer, como la de los padres de otros 12 tripulantes de una improvisada embarcación, zozobra ante la incertidumbre del paradero de sus hijos. “De los 13, solo dos no vivían en el pueblo”, dice la residente en la comunidad sancristobalense Modesto Serrano.
Ella asegura que Albertico nunca manifestó interés en abandonar el país. “Somos campesinos humildes. Pero él trabajaba: se compraba sus cosas; era un joven muy independiente, incluso nos ayudaba económicamente a su padre y a mí, porque vivía con nosotros.  
“Como madre, creo que actuó por embullo. Era un grupo de muchachos del mismo barrio, trabajadores, ninguno conflictivo ni con causas pendientes con la justicia, ni problemas políticos… Estaban motivados por el creciente flujo migratorio de entonces”.
“Estados Unidos les abrió las puertas a los cubanos, a la juventud; acogía a todo el que llegaba”, añade Clemente Rodríguez, padre del joven.
Un mes antes había arribado a costas norteamericanas una embarcación con habitantes de la comunidad. El éxito debió alentar a los jóvenes a enrolarse en tal empresa.

El fiasco
Albertico no fue uno de los 7 142 balseros cubanos interceptados entre octubre de 2015 e igual mes de 2017, tampoco ninguno de los 12 pasajeros que le acompañaron esa noche.
Los primeros meses posteriores al hecho, los padres mantuvieron contacto con las autoridades de Rescate Marítimo… sin ningún resultado: los jóvenes no fueron detectados en alta mar.
Lamentablemente, sus nombres tampoco figuran entre los 58 384 cubanos procesados en la frontera sur de Estados Unidos (por tierra), entre octubre de 2015 y diciembre de 2017, según estadísticas de la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza de ese país.
“Nos hemos dedicado a seguir el programa Entre fronteras, que aborda el tema migratorio. Además, acudimos al Ministerio de Relaciones Exteriores. Allí nos atendieron amablemente y solicitaron los datos de nuestros hijos. Comunicaron con todos los consulados y no los encontraron”, explica Faustina.
A través del programa televisivo supieron de un grupo de inmigrantes, trasladados desde Australia hasta un centro de retención en Islas Nauru, donde están incomunicados. La noticia ha avivado su esperanza. Nuevamente han recurrido a las autoridades correspondientes en busca de ayuda. Mientras, un poco de apoyo por parte de las más cercanas sería agradecido.

Un panorama diferente
Tras la firma del último acuerdo migratorio entre Cuba y Estados Unidos, el 12 de enero de 2017, específicamente la eliminación de la política “pies secos-pies mojados”, ha disminuido significativamente la emigración irregular desde la nación hacia ese país.
El diario Granma, en su edición del 12 de enero de 2018, publicó: “Entre el 12 de enero y septiembre de 2017, según estadísticas de autoridades norteamericanas, solo 2 057 cubanos llegaron a EE.UU. sin visas, la mayoría de ellos a la frontera con México. Cifras del Departamento de Estado señalan que el acuerdo ha reducido el flujo total de la inmigración procedente de Cuba en un 64%, con respecto al año fiscal 2016, y el número de migrantes irregulares interceptados en el mar disminuyó en un 71%.
“Por su parte, la Jefatura de Tropas Guardafronteras tiene registrado que, tras la entrada en vigor del acuerdo, solo se produjeron 60 hechos con 666 participantes, lo que representa una disminución del 94% de los hechos y del 92% de los participantes, respecto al año 2016 (…) Del total, solo 24 salidas se dirigieron a territorio estadounidense, con 190 participantes, que fueron interceptados por el Servicio de Guardacostas de EE.UU. y devueltos a Cuba”.
Las cifras muestran con elocuencia el impacto disuasivo de la derogación de la política que otorgaba a los cubanos un estatus especial como emigrados.
Sin embargo, más allá de la repercusión de la medida, cabría preguntarse por qué algunos hijos de esta tierra deciden arriesgar su vida en una travesía irregular, ya sea marítima o terrestre: en un país con derechos garantizados como el acceso a la salud, a la educación y la cultura, entre otros, por qué algunos buscan otros horizontes para emprender su proyecto de vida.
Una mirada a la cotidianidad y oído a la vox populi permiten constatar el condicionamiento esencialmente económico de la emigración cubana, explicable en un país bloqueado por más de 50 años y no exento de errores administrativos propios.
No solo migran los habitantes de las naciones del Sur subdesarrollado, hacia el Norte industrializado, sino incluso entre países ricos. Cuba no escapará de esa situación, menos en el escenario de estímulo a la emigración ilegal desordenada y de carencias inducidas por el cerco comercial del gobierno de Estados Unidos.
Pero igual ha de persistir en el enfrentamiento a esas políticas, y en combinar ese legítimo derecho con trabajo, intelecto y disciplina, en pos de una economía capaz de garantizar a cada cubano las vías para la realización de sus aspiraciones, sin deseos de buscar otro destino para sus sueños, esos que, lamentablemente, como el caso de Albertico y sus amigos, terminan a veces en pesadilla.
 

Julio 9, 2018 - 7:00pm
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