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- 20/06/2018 0 comentarios | | |

¿Cuál es el problema de coger mangos bajitos?

No existe razón alguna para permitir que se pierdan cien toneladas de mango, como está ocurriendo en una finca de Bahía Honda. Y no es la primera vez.
Joel Mayor Lorán joeldeartemisa@gmail.com

El Paraíso se tiñó de negro. No del color de una noche oscura con estrellas, sino del feo tinte de las frutas podridas. Las tierras de Los Mingolitos, en Bahía Honda, ese paraje donde suelen convivir las más hermosas frutabombas, mameyes y guayabas, igual vivió el esplendor de miles de arbustos cargados de bellos mangos… hasta que comenzaron a podrirse porque no vienen a buscarlos.
Duele ver amontonada en el suelo la carga de seis camiones, unas 600 cajas. Algunos mangos aún lucen sanos: lo sonsacan a uno con esa apetitosa combinación de rojo y amarillo, como los pintó un siglo atrás Paul Cezanne, o tal vez solo piden socorro a gritos, para salvarse de la podredumbre y guasasas que las rodean.
Despierta el jueves 14 de junio. Amanece una jornada quizá como cualquiera. Y nada tan erróneo: es otro día más para esas frutas que no esperan. Encima, otro torrencial aguacero la tarde anterior aceleró la maduración de aquellas todavía colgadas en las matas, y echó buena cantidad a tierra.
Mis botas se hunden en el fango y el agua todavía sin escurrir al manto freático. Resulta difícil caminar después que la lluvia enlodara senderos y cultivos; me atasco una y otra vez. Sin embargo, puede más el afán por estremecer conciencias con las fotos del desastre, y consigo tomar varias imágenes.  
-No se puede llegar más lejos, periodista. No como han quedado los caminos. Pero allá, al final, es donde se amontonan verdaderas pilas enormes de mangos en el suelo, al pie de las matas.  

Un sueño imprescindible
Volver a llenar a Cuba de las frutas que siempre tuvo fue un empeño formidable, un sueño realmente imprescindible, pues un país tropical no podía renunciar al sabor y colorido de los frutales de antaño. Por eso, el entonces presidente Raúl Castro promovió un movimiento recuperador entre los campesinos.
“Cada municipio habría de contar con al menos una finca dedicada a ese objetivo. Nosotros cultivábamos caña; no obstante, nos seleccionaron e indicaron las variedades: la Tommy Atkins, Super Haden y los llamados Calabaza y la Paz, principalmente”, relata Liván González, uno de los que afincaron pie en tierra en nombre de esa idea.
“Por supuesto, ocasionó una considerable inversión, no solo por las 5 000 plantas (a 20 pesos la postura), sino por el esfuerzo de labrar la tierra y el pago a los obreros. El año pasado tuvimos la primera cosecha y los primeros mangos perdidos”, señala.
“Teníamos la producción contratada con la fábrica de conservas de Batabanó, y no asimilaron ni la décima parte: recibieron la que les envió La Conchita, de Pinar del Río. Perdimos unas 900 cajas de mangos.
“¿En el municipio? Tenemos una minindustria que no funciona. ¿Directo a la población? Sí, vendimos en Güira de Melena, en La Habana y también aquí en Bahía, solo que las frutas previstas para la industria no sirven igual para la población; esas llevan otro tratamiento: lavarlas con detergente para quitarles la resina y luzcan brillosas (con otra imagen), colocarlas bajo techo, escogerlas…
“Cuando Acopio te dice que las tumbes porque vendrán a recogerlas, si no vienen se pudren. Este año, con las incesantes lluvias, comenzaron a madurar temprano. Y nosotros no podemos hacer nada, pues la cooperativa (CCS José Martí) es la que contrata con Acopio, y ellos a su vez contratan la mercancía con Batabanó.
“A manera de alternativa de Acopio, le vendimos la carga de cuatro o cinco camiones a la minindustria ubicada en Bayate, Candelaria. Debían ser seis camiones semanales, pero se rompió una estera allá, y no vinieron la semana pasada, ni tampoco el lunes ni el miércoles de esta, como habíamos acordado.
“Son unas 600 cajas… más todo el mango que resta por recoger. Lo de Bayate es adicional; Batabanó sí tiene un contrato que cumplir, de 40 toneladas, una cantidad insuficiente; sin embargo, aún no han aceptado nada”.

Ni mangos ni culpa   
Liván González toma su teléfono y llama a Acopio. Desde el otro lado de la línea le responden que, al parecer, la semana próxima (esta, para los lectores del periódico) Batabanó asimilará sus entregas. La voz suena solidaria.
De todos modos, el campesino insiste. “Recuérdales que el mango no es como las viandas; no lo puedes recoger cuando quieres, sino cuando esté maduro. La semana que viene probablemente ya no quede mango; tiene que ser esta”.
Visiblemente contrariado, me comenta al colgar: “¿y cómo tumbar otra cantidad de mangos sin certeza alguna de que los van a recoger? Ya les hemos echado hasta a las vacas. Batabanó contrató 40 toneladas, y aquí hay más de cien”.
Afortunadamente, no les sucedió con las frutabombas; se las compraron todas. En cambio, le preocupa que les ocurra luego con las 21 000 matas de guayabas. Y las tierras están surcadas para, tan pronto cese de llover, sembrar más de 40 000 matas del gustado plátano macho.
Domingo, Félix y Leovigildo González han enriquecido el legado de su padre en la finca de la familia, junto con Germán, Liván y un puñado de obreros contratados. Se han erigido en los mayores productores de frutales en ese municipio montañoso, enterrando una verdadera mina bajo la tierra y viéndola germinar después. Por eso decidí indagar más, primero en Acopio.
Amablemente, Raúl Machado, jefe de nave, dedica unos minutos a explicar que Batabanó contrató 40 toneladas de mango con la provincia de Artemisa, de las cuales apenas 15 corresponden a Bahía Honda.
“Este mes no hemos podido entregar ni una, solo a Bayate, fuera de contrato. En la fábrica de conservas nos dicen que intentan solucionar problemas de contaminación con aguas albañales, y en la otra tienen una rotura. Nos hemos desgastado llamando”, sostiene.
Como sería imperdonable no escuchar la respuesta de la entidad ubicada en Mayabeque, desde allí mismo llamé, y el administrador accedió a contestar.
-Tenemos un problema con el rebombeo de residuales por parte de Acueducto. Hoy (jueves) en una reunión se va a decidir si continuamos procesando.
-Pero ¿están trabajando?
-Sí, nosotros no hemos dejado de moler.
-¿Y de dónde han recibido mangos?
-De Madruga.
-¿Y el contrato con Bahía Honda?
-¿Con Bahía? Ellos empezaron a llamar esta semana, el lunes o el martes. Creo que son 15 toneladas. Eso es m… Nosotros procesamos de 60 a 70 toneladas diarias; en tres o cuatro días terminamos.
Al finalizar la llamada no me quedó claro quién decía la verdad. Quise pensar que cuando el administrador calificó de m… la cantidad pactada con Bahía, estaba comparando con el volumen total procesado en cada jornada, aunque no debió minimizar el valor del sudor de los hombres en el campo ni las ofertas dejadas de percibir por artemiseños, mayabequenses, habaneros…
Sí percibí que todavía no se contrata la mayor parte de los frutos de la agricultura, que la industria no consigue respaldar la producción, y que -aun cuando fomentamos el desarrollo de las minindustrias en la provincia- seguimos buscando socios fuera.
A propósito de tal desaguisado, entablé una conversación telefónica con Tomás Rodríguez, director del Grupo Empresarial Agropecuario y Forestal de Artemisa, y este aseguró que el territorio está procesando notables volúmenes de mango, y aseguró que Bahía Honda podía sumarse sin problema alguno.
Supuestamente, aparecía luz entre tanta oscuridad, solo supuestamente. ¿Por qué antes no hubo acuerdo entre Acopio de Bahía y la dirección de la Agricultura en la provincia? ¿A quién corresponde esa responsabilidad? Lo cierto es que la población no tiene ni debe pagar la culpa de nada.
Y el viernes otra llamada desde la finca de Los Mingolitos permitió atisbar una nueva esperanza. “Después del avispero levantado, dicen que enviarán varios camiones a cargar”. Pero, hasta el lunes, solo había llegado uno, “y Acopio no tiene los huacales donde echar las frutas”.
Verdaderamente, ¿se habrán puesto todos de acuerdo para coger los mangos bajitos?
 

8:30 pm.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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