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- 03/05/2014 0 comentarios | | |

Cooperativismo se afinca en Artemisa

El modelo de gestión cooperativo demuestra posibilidades de éxito. En Artemisa funcionan 18 de las 99 Cooperativas No Agropecuarias (CNA) constituidas en el país.
Joel Mayor Lorán joeldeartemisa@gmail.com

Desde luego que es perceptible el cambio. Odalys Bordón cobraba 148 pesos de salario; ahora, 2 000. En seis meses, la cooperativa recuperó 731 toneladas más de materias primas que el año precedente, cuando era una empresa municipal de Artemisa. Y los clientes denotan satisfacción por la calidad superior del servicio.
Si consigue beneficios para sus miembros, para la economía del país y para los clientes, el modelo de gestión cooperativo demuestra posibilidades de éxito, y no solo en la recuperación de materias primas sino también en otras esferas. Desde luego, son los asociados quienes logran que algunas triunfen y otras no.
Raúl Rodríguez Cartaya, jefe del Consejo de Administración Provincial, reveló que en la joven Artemisa funcionan 18 de las 99 Cooperativas No Agropecuarias (CNA) constituidas en el país: una de transporte, otra de reciclaje de desechos y dos de gastronomía, en la propia ciudad capital; una de ornitología, en Güira de Melena; una de construcción, en Mariel y 12 agromercados distribuidos en los 11 municipios.
Además, está aprobada la fundación de un nuevo grupo de 50: la mayor parte (49) dedicadas a la gastronomía y una a la construcción, en San Antonio de los Baños, agregó. De modo que la cantidad ascenderá a 68.
El camino del aluminio
Lucilo Valdés, un jubilado, acude a la Cooperativa de Reciclaje de desechos sólidos de Artemisa con un saco lleno de aluminio. Se lo pesan y, al momento, recibe el pago correspondiente. “Antes, me entregaban un cheque. Tenía que ir al Banco y demorarme otro rato más”.
Ya no sucede así. Por eso el local suele verse muy concurrido: camiones, tractores, bicicletas y carretillas cargadas de latas y otros objetos metálicos. “Esto lo vaciamos ayer, y mira hoy cómo está, lleno otra vez”, indica Roberto Rodríguez, chofer y estibador.
Pero los ocho socios de esta CNA comparten el entusiasmo de trabajar y recibir más por el fruto de su esfuerzo. Dice Roberto que solía ganar 80 o 100 pesos de salario básico quincenal; eso cambió: con 2 000 pesos mensuales se siente estimulado a echar el resto día tras día.
“Es lo que cobra cada uno de los socios —señala Orlando Falgueiras, presidente de la cooperativa. ¿Cómo? Estábamos sujetos a un plan de compra y venta; desde el 1 de julio de 2013 ya no tenemos límites para una cosa ni la otra. Se duplicó el trabajo y, a la vez, las ganancias.
“La recuperación aumentó considerablemente, de bronce, cobre… La de papel y cartón casi se triplicó, y la de aluminio se multiplicó por cuatro. Buena parte se exporta y genera ingresos en divisas al Estado.
“Con el empeño de todos, duplicamos el fondo de operaciones para comprar materias primas. Atendemos un mayor número de clientes (30-40 a diario). Tenemos contabilidad propia, con lo cual abolimos trámites que retrasaban los pagos, así como eliminamos las cuentas por pagar y cobrar. Y prestamos servicio de transporte a la población, si lo necesita.
“Nuestras utilidades superaron el millón de pesos en 2013. Pagamos el préstamo inicial y disponemos de capital propio. Al finalizar el año distribuimos 20 000 pesos a cada uno de los socios. La cooperativa ha significado bienestar, tanto para la economía como para nosotros”.
En la gestión está la clave
Visitar dos Cooperativas No Agropecuarias que funcionan como agromercados permitió apreciar diferencias notables. Mientras en La Avenida (Artemisa) los productos permanecían inmutables, con precios para nada asequibles y escasa concurrencia, La Victoria (Bahía Honda) atraía a jubiladas, amas de casa y población en general, ávidas de llevar a casa tomates, arroz y otros alimentos.
“Los campesinos quieren venderte al precio de la tarima —asegura Leonardo González, presidente de la cooperativa artemiseña, tras acudir a productores de Alquízar. Pedían 1.50 por la libra de boniato, un peso por la de plátano burro, 3.80 por la de malanga y dos por la de yuca. Un productor de Artemisa tenía la mazorca de maíz a 1.50.
“Y Acopio tiene precios muy altos también. Encima, alquilar transporte para ir al mercado mayorista en La Habana cuesta de 400 a 800 pesos, en dependencia de si los pagara entre dos o fuera solo. De todos modos, hemos tenido ganancias; ya el Banco nos descontó una parte del crédito inicial”.
González se quejó de lo poco que le vende la Unidad Básica 204, perteneciente a la Empresa Provincial Mayorista de Productos alimenticios y otros bienes de consumo, en evidente desconocimiento de la necesidad de rubricar contrato con esa entidad e ir a gestionar los productos. Odelín González, la jefa comercial, confirmó que ellos apenas tocaron su puerta una vez y solo a finales de febrero tuvieron listo el contrato.
Entretanto, Emma Quintana, directora de la UEB Comercializadora de Productos Agropecuarios (a la cual todavía suelen llamar Acopio), agregó que La Avenida no tenía contrato. “Las CNA iniciaron en julio de 2013, y fue el 26 de febrero que ellos vinieron a buscar la proforma”.
Quintana compartió con este blog la lista de precios, y nos quedó muy claro: si La Avenida les comprara la malanga (a 3.50 la libra), el boniato (a 0.76) o la calabaza (a 1.15), no tendría que vender la libra de malanga a cinco pesos ni la calabaza a tres, porque tampoco resulta justo gravar los alimentos con un margen comercial abusivo. Gestión, esa es la clave para estas cooperativas.
Precios más asequibles
En Bahía Honda, en cambio, procuran proteger a la población de menos ingresos. Osmel Aroche, ex director municipal de Acopio y presidente de la CNA Agromercado La Victoria, señala uno de los principios que defienden: lograr ganancias a partir de vender grandes volúmenes de productos, no a costa de ampliar el margen comercial (15-18 por ciento).
“Nuestra política de precios refleja que trabajamos para la base de la pirámide. Mientras menor sea el precio, más veces regresa el cliente”.
Mirta Rodríguez ha seguido de largo pese a encontrar varios carretilleros con productos agropecuarios en el camino. “Venden el tomate a seis pesos la libra. No todos lo pueden pagar. Por eso vengo aquí, donde lo tienen a 3.50”.
María Bacallao coincide. “Uno va a donde más barato esté; aquí los precios son más asequibles”. Y Marcelina Gómez añade: “el trato es mejor, y me despachan la cantidad exacta”.
Siete socios fundaron la cooperativa. Hoy la cifra asciende a 25. Todos comparten la idea de que este ha de ser un mercado seguro para los productores del territorio. A ellos les compran cuanto sean capaces de sacarle a la tierra y los animales por encima del compromiso con el Estado.
Pero no basta para satisfacer la demanda, por lo cual intercambian excedentes de aguacate, plátanos y piña (que habitualmente se perdían en el campo) por arroz, frijoles, cebolla y ajo, entre otros. Se trasladan hasta Alquízar o Artemisa y municipios de la vecina provincia Pinar del Río, como Sandino, Mantua, Guane y San Juan.
En la CCS Antero Regalado, en Güira de Melena, consiguen un precio razonable para la malanga, con tal de venderla a dos pesos a sus clientes del territorio. En la CCS Orlando Nodarse, de San Luis, hallaron el tomate que luego pudieron ofertar a 2.50. Y en la CCS José Martí, en la propia Bahía Honda, accedieron a boniato a 0.40 centavos.
Economía en mil ideas
El presidente de La Victoria enfatiza que no existen límites para comprar el total de las producciones a sus proveedores. La fruta de mayor calidad la ofertan en la tarima, en tanto el resto va a parar a su propia minindustria, para convertirla en jugos o compotas.
De esa manera solucionaron el problema de la merma. Con las viandas y granos hicieron otro tanto: unas las emplearon en propuestas gastronómicas y con los otros fabrican pienso criollo. También construyen un centro de elaboración, para encurtidos y cárnicos en toda su variedad.
“Además, pronto emprenderemos gastronomía con comida y cabaret. Los ingresos provenientes de esa actividad permitirían estrechar más el margen comercial de los productos agropecuarios (bajar los precios en tarima). Los propios bahiahondenses lo piden, porque confían en la cooperativa”.
Igual se fía el Banco, pues a los tres meses liquidaron el préstamo inicial, y les concedieron otros dos créditos —uno para inversiones—, los cuales amortizan con puntualidad.
En 2013 sus ventas rebasaron un millón 713 000 pesos, de modo que distribuyeron 10 000 a cada socio. Pero este será un año mejor: en enero y febrero ya superaron el millón.
¿Qué les preocupa? No disponer de un medio de transporte. “Tenemos el apoyo inmenso de la Base Municipal, pero su disponibilidad técnica resulta insuficiente para enfrentar las necesidades del territorio, y las tarifas son muy altas (40 pesos la hora de estadía).
“Ese es el elemento que más encarece los precios a la población; en los dos primeros meses erogamos más de 43 000 pesos por ese concepto. Si recurriéramos a porteadores privados, haríamos de la cooperativa una carretilla gigante. La solución radica en que nos arrienden un carro”.
Por lo demás, todo marcha. Leodanis Alfonso, el placero, cobró 3 200 pesos el mes pasado. “Trabajamos mucho, pero ganamos más que antes y la población está contenta”.
Al modelo de gestión cooperativo todavía le queda mucho camino por delante. Unos avanzan más aprisa, otros despacio con paso firme, y algunos tropiezan más de la cuenta; no obstante, los de la vanguardia han probado que depende de la preparación, la voluntad y las intenciones.

Cooperativa de Materias Primas. Foto: Otoniel Márquez
Cooperativa de Materias Primas. Foto: Otoniel Márquez
8:45 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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