10:30 am.
- 09/09/2015 0 comentarios | | |

El ciclismo es mi vida

La Habana acogía los XI Juegos Panamericanos. Mario Pérez Moleón era solo el joven desconocido integrante de una cuarteta de lujo que dominó la prueba contrarreloj. Junto a Eduardo Alonso, Roberto Rodríguez y Eliecer Valdés, logró la primera medalla de oro para Cuba en la cita multideportiva
Osniel Velasco Hernández osnielvelazco10@gmail.com

El primer entrenador de la estelar Marlies Mejías comenzó en el ciclismo en 1980, en la academia de Vereda Nueva, Caimito. Solo siete años después, Mario Pérez Moleón llegó a la Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento Cerro Pelado, y poco antes de los Panamericanos de La Habana’91 quedó fijo en el equipo.

Allí tuvo la guía de Miguel Leal, a quien “debo todos mis logros. Fue mi maestro cuando ciclista y hoy es mi guía como entrenador”. Recuerda la dedicación que ponía en cada jornada en sus días de ciclista. “Solo con sacrificio y amor al deporte llegan los resultados”. Justo en ese momento le salta a la mente el logro cumbre de su carrera.

La Habana acogía los XI Juegos Panamericanos. Mario era solo el joven desconocido integrante de una cuarteta de lujo que dominó la prueba contrarreloj. Junto a Eduardo Alonso, Roberto Rodríguez y Eliecer Valdés, logró la primera medalla de oro para Cuba en la cita multideportiva.

“Nos preparamos muchísimo para ese momento. Habíamos hecho el compromiso de ganar, por eso lo dimos todo en la carretera”. Luego de la victoria, el diario Granma lo llamó el “héroe inesperado”; no tenía el palmarés de los demás, sobre todo de Alonso, seis veces campeón de la vuelta a Cuba. Este y muchos otros recortes de periódico que dan fe de una exitosa trayectoria, los guarda con mucho esmero Maribel,
su esposa.

Ese fue el inicio del despegue en la carrera deportiva de Mario. Las buenas actuaciones llegaron una tras otra: en varias ocasiones resultó campeón en el panamericano de la disciplina, conquistó el oro en los Juegos Centroamericanos de Ponce 1993 en su prueba fuerte —4x100 kilómetros contrarreloj—, fue líder por puntos en una vuelta a Panamá aún como juvenil; y acumuló muchos otros premios individuales por toda el área centrocaribeña.

Igual ganó varias veces la vuelta a Cuba con el equipo Habana. “Nunca tuve la oportunidad de correr una vuelta con el Cuba, porque durante mi estancia en la selección nacional no se celebraron a causa del Período Especial”.

De no ser por esa coyuntura, Mario estima que hubiese podido correr unos 16 clásicos de las carreteras antillanas, y fuera el líder histórico. “Fueron los años de mis
mejores resultados personales”.

Cuenta que durante una vuelta a Cuba, al descender la loma de La Farola bajo un aguacero torrencial, “me lancé tras un equipo del antiguo campo socialista; sabía que era casi un suicidio, pero era la única forma de llegar a la cabeza de la carrera.

“Un poco más adelante, en una de las curvas más peligrosas, el personal de aseguramiento nos hizo señales para que nos detuviéramos; entonces, me confié y pensé, ‘cuando ellos paren yo paro, y así los alcanzo’.

“Pero los europeos tenían bicicletas más modernas y frenaron en pocos metros; yo les pasé por el lado casi a toda velocidad, por suerte alguien de la ambulancia me aguantó por el jersey. Le debo mi vida: iba directo a un barranco. Aun así, me caí; sin embargo, fueron golpes menores y pude retomar la carrera y entrar junto con el pelotón de avanzada a la meta”.

Una página triste en su carrera fue el forzoso retiro. Le consideraron viejo en el equipo nacional con solo 27 años; ese año (1996) había ganado el Panamericano de Chile y el séptimo lugar en la vuelta al Táchira. Los organizadores de los Juegos Olímpicos de Atlanta retiraron del calendario la prueba del 4x100, ese fue el principal
detonante.

De modo que se convirtió en entrenador, en Caimito. Un año después lo llamaron a la Eide, donde labora desde 1998. “Me encanta ver a los muchachos mejorar cada día; siento mucha alegría cuando alcanzan buenos resultados. El ciclismo ya es parte inseparable de mi vida”.

Ya ha llevado a muchos pedalistas al equipo nacional en 18 años, pero una alegre muchacha destaca entre todos, la multicampeona centroamericana Marlies Mejías.

“Él fue mi primer entrenador y quien me inculcó el amor por este deporte — comentó la jovencita de Güira con alegría. Con él aprendí la disciplina en los entrenamientos y la entrega a la hora de competir. Es una persona especial, porque vive para el ciclismo”.

Mario (a la derecha) luego de su triunfo en los Panamericanos en La Habana’91
Mario (a la derecha) luego de su triunfo en los Panamericanos en La Habana’91
10:30 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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