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- 18/12/2017 0 comentarios | | |

Cha cha chá nuestro

Acerca del cadencioso ritmo, el famoso violinista candelariense opinó en entrevista de prensa poco antes de fallecer: “construí algunos danzones en los que los músicos hacíamos pequeños coros; gustó al público y tomé esa vía; luego le pedí a la orquesta que todos cantáramos al unísono.
Elena Milián Salaberri elenams18081966@gmail.com

Diciembre en Candelaria suena inevitablemente a Enrique Jorrín: el creador del cha cha chá, polémicas aparte, nació en esa localidad el 25 de diciembre de 1926 y el homenaje de su pueblo se antoja un modo de aferrarse a lo auténtico, en época de reguetón allí moviliza aquel ritmo con 64 años de historia entre talles y pies.

De ello dan fe los certámenes ya tradicionales de coreo-danza y composición musical, convocados inalterablemente después del 22 de diciembre hace casi 15 años por el departamento de Música de la casa de cultura  local, distinguida con el nombre del popular artista, cuya sonrisa rebasa los límites de una foto o una caricatura para simbolizar una cultura mulata de auténtico Caribe.

El baile del cha cha chá surgió de los aportes e innovaciones que diferentes músicos de la Isla hicieron al danzón, con melodías casi bailables por sí solas, indican investigaciones de musicólogos del país, en tanto su evolución le debe mucho a los bailadores, que en la sociedad Silver Star, en la céntrica esquina habanera de Prado y Neptuno, y más adelante en todos los salones de La Habana, urdieron pasos adecuados a las características del nuevo estilo.

Los bailadores hacían un “escobilleo” marcando, a un lado y otro, el un, dos; un, dos, tres, y ese sonido sobre el piso fue lo que le dio nombre.
Todo ello revela que Jorrín no creó él solo o inventó el chachachá, mito surgido posteriormente. Lo que sí podemos afirmar es que Jorrín fue el compositor y arreglista más representativo del género, al que aportó números fundamentales para su éxito nacional e internacional; o como diría el musicólogo Danilo Orozco, la figura con que ‘cristaliza’ el género, como sostuvo el colega Miguel Terry en comentario publicado en este semanario  acerca del tema.

Acerca del cadencioso ritmo, el famoso violinista candelariense opinó en entrevista de prensa poco antes de fallecer: “construí algunos danzones en los que los músicos hacíamos pequeños coros; gustó al público y tomé esa vía; luego le pedí a la orquesta que todos cantáramos al unísono.

“Con ello logré que la letra se escuchara con más claridad, más potente y un ritmo contagioso y de participación”; así nacía el nuevo género, bailado aún hoy en los grandes salones internacionales.
Títulos como La Engañadora, El túnel, Nada para ti, Me muero y Cógele bien el compás, son imprescindibles si de música popular cubana se trata, desde que  el ocho de mayo de 1954, Jorrín fundara  la orquesta que llevaría su nombre, con sobrada fama en  México donde permaneció hasta el año 1958. Fue allí donde  decidió modificar la resultante tímbrica de su agrupación con la amplificación del contrabajo y los violines y la incorporación de trompetas, hasta ese momento presentes exclusivamente en el formato de  las orquestas tipo jazz bands.

En La Habana, a partir de 1960 y hasta 1975, y sin abandonar el trabajo con su agrupación, Jorrín se desempeñó como primer violín de la Orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión y dirigió asimismo la Sinfónica del chachachá.

De ese modo se  ligaría para siempre el nombre de Candelaria, hoy localidad artemiseña, a la historia de la música cubana, invitando a “bailar Cha cha chá… mamá”, como se solía decir; mejor dicho, como aún convidan los candelarienses.

ENRIQUE JORRIN Y SU ORQUESTA.  Foto: Tomada de Internet
ENRIQUE JORRIN Y SU ORQUESTA. Foto: Tomada de Internet
9:45 pm.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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