Noviembre 22, 2018 - 8:45am
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En busca de un segundo hijo ¡aparecieron tres!

Tras casi seis meses de hospitalización en el Ciro Redondo, finalmente la mamá está en casa con sus bebés. La familia agradece los cuidados ofrecidos en el centro: “al personal de la sección de Medios de Diagnóstico (laboratorio y ultrasonido), de las salas de gestantes y cuidados prenatales, del salón de parto, cuidados intensivos, los servicios de neonatología de ambos hospitales y al Centro de Genética Provincial.
Aydelín Vázquez Mesa aydelin1987@gmail.com

Desde el inicio Suleidys apostó por sus bebés. Cuando el 22 de marzo le detectaron el embarazo de trillizos, decidió continuar adelante con él, aun cuando ya tenía a su niña Sheyla, de 11 años.

Su esposo, Rubisel Ortega, al recordar ese día, reflexiona: “¿A qué padre en busca de un segundo hijo, le dicen que le vienen tres más, y no se asusta, no se pone pálido? Me tuve que sentar, porque me asusté, la verdad”.

Pronto Suleidys comenzaría a padecer de un síndrome nefrótico. Cuando el nefrólogo le explicó que sería un embarazo de muy alto riesgo, incluso con peligro para su vida, prefirió a sus bebés. Ante tan firme decisión, los médicos no podían menos que ofrecer todo su empeño para procurarle un final feliz a la familia.

Una historia de amor real

Rubisel y Suleidys son pareja hace 20 años. Todo comenzó cuando tenían 15 y ambos estudiaban en el preuniversitario Manuel Ascunce. Él se graduó de Ingeniería Eléctrica; ella, de Licenciatura en Matemática-Computación.

“Nos casamos el 9 de diciembre de 2005. Cursábamos el último año de la carrera, y vivíamos solos, aunque fungíamos como matrimonio únicamente sábado y domingo. La niña nació en enero de 2007”, rememora Rubisel.

Él, como ingeniero en Electromedicina, cumplió varias misiones médicas: en Honduras, entre 2008 y 2010; en Bolivia, entre 2012 y 2014; y nuevamente desde diciembre de 2016 hasta 2018.

“No habíamos tenido mucho tiempo para concebir otro hijo. En agosto de 2016, íbamos a tener una segunda niñita, pero con siete meses le diagnosticaron una malformación, y fue necesario interrumpir el embarazo. Ella quedó devastada.

“En febrero de 2018, estando de vacaciones en Cuba, Suleidys salió embarazada, esta vez de trillizos. Debía volver a Bolivia pocos días después. Decidí reincorporarme a la misión hasta que cumpliera las 20 semanas, tiempo establecido para su ingreso, al tratarse de un embarazo múltiple, de riesgo”.

El 23 de junio, cuando Rubisel regresó a Cuba, encontró a Suleydis ingresada en el Hospital Comandante Ciro Redondo, de Artemisa. “Allí estaba desde el 14 de mayo, en la Sala de Gestantes. Le había subido la presión y los médicos decidieron hospitalizarla”.

¡Qué clase de enredo, mi madre!

Ante tal situación, Rubisel solicitó el fin de la misión. “Nosotros somos una familia pequeña. Por su parte, los padres y su abuelita de 90 años, y viven en Puerta La Güira; por la mía, mis papás, mi hermana y yo, y vivimos en Las Cañas. Necesitaba mucho mi apoyo, mi presencia. Le llevábamos desayuno, almuerzo y comida todos los días. Además, Sheyla también requería cuidados”.

Desde entonces, Suleidys permaneció en el centro asistencial. Su embarazo necesitó atención diferenciada. El esposo asegura que le realizaban análisis complementarios dos veces en la semana, de nefrología, ultrasonidos de genética cada 15 días, tanto en la sección de Medios de Diagnóstico del hospital como en el Centro de Genética Provincial, contiguo al centro. En la Sala de Gestantes le tomaban la tensión arterial tres veces diariamente.

Cuál sería la sorpresa de Rubisel cuando el sábado 15 de septiembre, al llegar al hospital al mediodía, le informaron el traslado de su esposa a Cuidados Prenatales.

“Aparecen cifras de tensión arterial bien elevadas, con un aumento de la creatinina, un empeoramiento de la protenuria… y se decide, en conjunto con los obstetras, interrumpir la gestación”, explica la doctora Sureydis Ramos González, especialista en Nefrología, quien junto al colega Alberto Arzola, atendía a la paciente.

“No podía comprometer la salud de mi esposa por darle más tiempo a los niños. A ellos les habían hecho la maduración pulmonar desde las 26 semanas, previendo una situación así. A las 4:50 de la tarde me dijeron que los tres bebés habían nacido bien, y ella estaba delicada”, narra el papá y, al recordarlo, no puede evitar exhalar profundo.

A Suleidys la trasladaron a los servicios de cuidados intensivos, y a los niños a Neonatología. Primero nació Kevin Michel, con 1900 gramos; luego Dayron Leonel, con 2050 y Brayan Rubisel, con 1600.

“El más chiquito bajó a 1300, y lo remitieron al hospital Iván Portuondo, de San Antonio de los Baños. Allí estuvo del 17 de septiembre al 9 de octubre, hasta alcanzar el peso requerido para su regreso al de Artemisa.

“Le llevaba el desayuno, el almuerzo y la comida a mi esposa a Artemisa. Cuando regresaba a mi casa en Las Cañas, a las 8:00 de la noche, iba para San Antonio. Llegaba allá sobre las 9:15 o 9:30, y solicitaba la evolución del niño. ¡Qué clase de enredo, mi madre!”

Por fin en casa

Tras casi un mes en Cuidados Intensivos, Suleidys permaneció en un salón aislada, en Prenatales, para evitar contagio por infecciones del ambiente, pues el tratamiento aplicado para el daño renal le debilita las defensas del organismo.

Durante esos días, con frecuencia solía verse a Rubisel desandar la distancia de allí a los servicios de neonatología, procurando estar presente para su esposa y sus bebés.

“Cuando iba a verla me preguntaba mil cosas. Salía de llevarle el almuerzo y pasaba por el cunero. Casi siempre era hora de darles leche; entonces, aprovechaba, entraba y ayudaba a las enfermeras a alimentarlos”.

Tras casi seis meses de hospitalización en el Ciro Redondo, finalmente la mamá está en casa con sus bebés. La familia agradece los cuidados ofrecidos en el centro: “al personal de la sección de Medios de Diagnóstico (laboratorio y ultrasonido), de las salas de gestantes y cuidados prenatales, del salón de parto, cuidados intensivos, los servicios de neonatología de ambos hospitales y al Centro de Genética Provincial.

“Los niños se han mantenido bien. Han tolerado la leche en polvo. Les estamos suministrando vitaminas para compensar la ausencia de leche materna. En el caso de Brayan, el más pequeño, lo inyectan para aumentar su hemoglobina. La neonatóloga nos ha explicado que es habitual que esto suceda en niños prematuros, sobre todo en su caso, al ser el menor de los tres”, dice Suleydis, quien asumió a sus trillizos como una bendición desde el comienzo.

Cada día, de lunes a viernes en el horario de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde, la enfermera Gladys Rodríguez ayuda en casa en el cuidado de Kevin, Dayron y Brayan. Por supuesto, Sheyla y el resto de la familia también hacen lo suyo en la atención a los pequeños, protagonistas de una verdadera historia de amor filial.

 

 

 

“Le di a mi esposa la oportunidad de escoger el nombre de los tres niños, por su sacrificio. Ella y la niña los seleccionaron”. Fotos: Humberto Lister
“Le di a mi esposa la oportunidad de escoger el nombre de los tres niños, por su sacrificio. Ella y la niña los seleccionaron”. Fotos: Humberto Lister
Noviembre 22, 2018 - 8:45am
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