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- 09/11/2015 0 comentarios | | |

Boleros en la casa del olvido

Muchos alquizareños añoran el momento en que resuene la música del Gigante del Bolero y Cuba y el mundo puedan acercarse a la que fue su morada y conocer de cerca parte de la vida de Luis Marquetti
Myrla Pizarro de la Uz myrla@artemisa.cip.cu

Muchos años llevan los alquizareños esperando algo que consideran ya un milagro: ver terminada la Casa del Bolero justo en el hogar donde naciera el 24 de agosto del pasado siglo el brillantísimo compositor Luis Marquetti Marquetti.

Desde mi casa, a apenas dos puertas de la vivienda de Marquetti, añoro el momento en que resuene la música del Gigante del Bolero y Cuba y el mundo puedan acercarse a esa morada y conocer de cerca parte de la vida del importante músico alquizareño.

La casona aquella que motivó mi curiosidad desde niña permanece cerrada, y en Alquízar son pocos los jóvenes que conocen del arte y la historia de Marquetti.  Tristemente asocian solo ese apellido al pelotero, o a un maestro muy viejito que daba clases de Matemática, pues pocos como yo, más bien solo los cercanos a su casa, o quienes se vincularon a estudios musicales, saben de boleros suyos que han recorrido medio mundo en la voz de grandes del pentagrama cubano y mundial.

Pocos le asocian la autoría de Plazos traicioneros, interpretada por María Elena Pena, Deuda y Amor que malo eres, cuyo título sirvió para realizar una película en México, mundialmente conocida e interpretada por Amanda Ledesma y Emilio Tuero.  

Vivir tan cerca me dio la posibilidad, durante el primer año de Periodismo, de conversar con Pablo Marquetti, el menor de los tres hijos, un mes antes de fallecer. Hablaba de “papá” con ese brillo en los ojos de quien guarda muchos recuerdos gratos. Rememoraba las tardes de composición en el patio de su casa, pues aunque Luis se limitaba a componer y no a cantar, para ensayar las obras tenía que al menos tararearlas; ahí surgía la magia: “las mujeres de la cuadra subían a los techos a tender ropa a esa hora de la tarde y de la nada se formaba un barullo tremendo; unas a otras se avisaban solo para escuchar a papá, por lo románticas de las canciones, cuando empezaba ya todo era silencio”. 

En aquella época supe por él mismo de un proyecto conjunto entre la Asamblea Municipal del Poder Popular y la Casa de Cultura. Habían destinado un presupuesto con tal de fomentar en su casa natal un espacio artístico para la recreación, el intercambio cultural y la divulgación de la obra de Marquetti. 

Llevaría por nombre La Casa del Bolero y el mismo Pablo Marquetti, según me explicó, había donado pertenencias de su padre. Aquello parecía una idea fabulosa, pero cuando decidí documentarme mejor en la Casa de la Cultura descubrí que aquello era solo eso: un proyecto.

También en el Poder Popular las cosas no estaban bien definidas. Poco a poco tuve detalles de parte de lo que querían hacer con la casa, y hasta se habló de un plan de actividades para realizar en el centro, pero otra vez todo estaba en proyecto.

Muchas semanas pasaron para ver los primeros cambios. Ya las puertas y las ventanas no eran ladrillos pegados, techaron el lugar y aquel patio gigante ya no se parecía al Amazonas. Pero eso no duró mucho, volvieron a parar los arreglos y hasta hoy sigue cerrada la Casa de Luis Marquetti.

Ojalá las autoridades locales, sobre todo aquellas vinculadas a la Cultura, comprendan la urgencia de rescatar a un Gigante del olvido, para que mis hijos, y esta generación de alquizareños no conozca a Marquetti por azar, o por simple curiosidad, sino porque en su pueblo natal existe un espacio donde, por sobre todas las propuestas musicales, se escuchen día y noche sus boleros.

Durante mucho tiempo la casa permaneció en ruinas