Enero 1, 2018 - 3:00pm
- 01/01/2018 0 comentarios | | |

En blanco y negro, no…

Vislumbré ilusión a pesar de los pesares, y también vi esperanza. Hay que ver en colores, en blanco y negro no; colmarte de la dicha que ya posees y no te has percatado; comenzar en positivo, como debe ser; esperar con más amor a mejoras y triunfos, a la culminación de una meta.
Myrla Pizarro de la Uz myrla@artemisa.cip.cu

Cuando somos niños parece que observamos en magnitudes diferentes. Los fines de años de mi infancia no pasaban a ser más que el loco y febril arrebato de tener a todos los primos en la casa, y quemar el muñecón horrible aquel, hecho de cuanto trapo viejo apareciera, con zapatos y todo.

Y se saltaba uno la esencia del momento, la verdadera importancia de la conglomeración de familiares y amigos, el seguimiento a las tradiciones (el puerco asado, los turrones, la sidra para el brindis y muchas más) y la espera del momento mágico, las 12:00 de la noche. Ese día ningún niño tiene sueño.

En esas fechas solía ponerme un poco rara, tal vez porque desde pequeña no tolero con facilidad los millones de “¡felicidades, felicidades!” al día, y sí existen personas para las cuales es difícil; tengo una amiga a quien se la lleva el diablo cada vez que cumple años.

O quizás veía como una simple y barata excusa eso de los inmensos festejos en diciembre entre amigos y familiares, pues a fin de cuentas lo pueden hacer más seguido durante el resto del año, y en ocasiones ni lo intentan. No sé, tal vez solo sean ideas que uno se hace.  

¿Para qué quería toda esa gente que llegara esa hora en específico? Ya de mayores nos percatamos. ¡Cuántos buenos y puros deseos, los de verdad, se regalan a quienes queremos, ese día, a esa extraña hora! Incluso, a quienes están lejos los pronunciamos en voz baja, y así les lleguen.

Lo analicé con cautela, y le di varias lecturas, desde diferentes puntos de vista. Descubrí mucho más: el fin de año significa tanto que, si fuese un señor, vestiría ropa fina y de muchos colores.

Hasta escuché a mi padre decir que daba su brazo derecho por pasar otro inicio de año con su madre, y sufrí en silencio. Pensé en Fidel, no sé por qué; a lo mejor por la nostalgia de las ausencias. Otro enero más sin el Comandante: ¡qué extraño!

Miré a los alrededores y vi a una vecina, Aurelia. Recientemente había perdido a su esposo, con quien vivió más de 40 años. Estaba rodeada de nietos, pintando las barandas de su casa de rojos ocres. Y mi papá, tranquilo y sereno, me preguntaba ¡por fin! qué quería hacer, si una carne o la otra.

Así, a todos los que pasan por algo difícil en la vida o llevan cargas un poco pesadas, los observé con un júbilo envidiable, solo porque comenzaba un nuevo año.

Vislumbré ilusión a pesar de los pesares, y también vi esperanza. Hay que ver en colores, en blanco y negro no; colmarte de la dicha que ya posees y no te has percatado; comenzar en positivo, como debe ser; esperar con más amor a mejoras y triunfos, a la culminación de una meta.

Demos gracias, junto a quienes amamos, por un año más de vida, por los espléndidos amaneceres y atardeceres de esta Cuba sin dilemas y sin guerras que entristecen, por todo cuanto consideres valga la pena festejar. ¡Festeja! Te lo dice quien nunca había perdido a nadie… y este año tiene que aprender a hacerlo sin dos de sus abuelos.

Los inicios de año están repletos de emociones y hasta de sentimientos encontrados, pero comenzarlos positivamente hace mucha falta. La buena energía y los sentimientos agradables y alentadores ayudarán para el futuro devenir del resto de días que traerá 2018. ¡Felicidades! Y recuerde: en blanco y negro, no… en colores.

Enero 1, 2018 - 3:00pm
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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