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- 30/05/2016 1 comentario | | |

Aunque ella no lo sepa

Mi hija tiene solo cinco años, sabe poco, pero vive feliz. Y la madre que escribe está en el deber de agradecer, porque en Cuba, a pesar de todo lo perfectible, puede crecer sin preocupaciones paralizantes, esas que en otras latitudes son tan cotidianas como el parpadeo.
Leticia Martínez Hernández yailin@artemisadiario.cip.cu

Ella no lo sabe, pero nació en el paraíso de la infancia en América Latina. Sí, es cierto, no vive en un país perfecto, pero desde mucho antes de nacer ya era una preocupación —o mejor, ocupación— para los médicos en este “chispazo de tierra en el mar”.
Aún era un gusarapo y ya era observada con sofisticados aparatos, era tema de consultas y su nombre aparecía repetidas veces en la agenda de la doctora del consultorio.
Ella no lo sabe, pero está llena de vacunas. Once de ellas la mantienen a salvo de enfermedades como la tuberculosis, la hepatitis B, el tétanos, la difteria, la rubeola, el sarampión, la poliomielitis… preocupaciones de menos en este mundo donde tantos niños no llegan a ver repetidas veces el amanecer por falta de cuidados.
Pronto comenzará en primer grado, luego seguirá su camino hacia la enseñanza secundaria, el preuniversitario, hasta la Universidad si su sapiencia lo permite. Y cuando caiga en cuenta, habrán pasado casi 20 años de una escuela a otra, sin tener que preocuparse por nada más que estudiar.
Ella aún no lo sabe, pero en este país tan asediado siempre, no tendrá que doblar el lomo para sacar a flote a su familia. Tampoco tendrá que vender su cuerpo a tiernas edades para llevar algunas monedas a casa. No tendrá mayor intranquilidad por el dinero que las pesetas reunidas para el helado que querrá comprar a la salida del colegio.
Ella todavía lo desconoce, pero cuando esté apta podrá probarse como atleta o como bailarina o como cantante. Su acceso al deporte y la cultura estará garantizado, amén de su condición social, creencias religiosas, raza o sexo.
Mi hija tiene solo cinco años, sabe poco, pero vive feliz. Y la madre que escribe está en el deber de agradecer, porque en Cuba, a pesar de todo lo perfectible, puede crecer sin preocupaciones paralizantes, esas que en otras latitudes son tan cotidianas como el parpadeo.
Todavía con miles de carencias, abunda la voluntad política, el amor por los niños, el respeto a sus derechos, la tolerancia cero ante cualquier daño. No hace falta que un funcionario de la Unicef nos cite a cada rato como ejemplo en un encuentro mundial, aunque el reconocimiento reconforta, basta salir cada mañana a la calle para que la alegría de cualquier niño inunde de esperanzas.
 

Todavía con miles de carencias, abunda la voluntad política, el amor por los niños, el respeto a sus derechos / Foto: Humberto Lister
Todavía con miles de carencias, abunda la voluntad política, el amor por los niños, el respeto a sus derechos / Foto: Humberto Lister
6:30 pm.
- 21/04/2014 1 comentario | |

COMENTARIOS DE LA NOTICIA

Madelaine
- 06/02/2016 - 11:38
1
Pienso que tu escrito ha sido una reflexión sabia y oportuna,felicidades por tan brillante artículo.Es cierto que para muchos resulta fácil criticar constantemente a un país que realiza imnumerables acciones encaminadas ha mantener las condiciones mínimas y elementales para que un pueblo pueda subsistir y resistir ante un bloqueo tan cruel e inhumano, como el que hemos tenido por más de 50 años.Por qué no mejor agradecer que gracias ha esta revolución y las conquistas alcanzadas, gozamos de un sistema de salud y educación totalmente gratuito como ningún país del mundo, aún los más poderosos. Como toda obra humana no es perfecta, pero sí es la sociedad más justa que he conocido; y al igual que usted puedo enumerar disímiles razones que sustentan mi afirmación. Nací con la revolución, pero he podido conocer historias muy tristes vividas antes del triunfo por mis familiares más cercanos, puedo citar como ejemplo a mi mamá, quien hoy guarda el más amargo recuerdo de perder a su papá cuando contaba con apenas 37 años a causa de una enfermedad respiratoria, por no contar con el dinero para sufragar los gastos de su curación,sin embargo quizá ha sido una de las ironías de la vida pero he tenido la posibilidad de comparar, hoy mi mamá lleva 22 años viviendo con un EPOC(Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica),que a pesar de ser una enfermedad progresiva, ha podido resistir gracias a esta revolución, su sistema de salud y sus brillantes profecionales del sector, específicamente los médicos, enfermeras y demás trabajadores del Hospital Neumológico Benéfico Jurídico, quienes la han atendido durante todo este tiempo y a quienes le agredeceré siempre el cuidado y el amor que le han brindado. A usted mi respeto y reconociento, exhortándola a continuar escribiendo sobre estos temas tan conmovedores.

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