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- 19/05/2014 0 comentarios | | |

Los árboles sí pueden hablar

En el Bosque Martiano ubicado en las afueras de San Antonio de los Baños, los árboles hablan. Fue Rafael Rodríguez quien lo logró, a fuerza de voluntad. Nadie pudo persuadirlo de dejar el trabajo en la tienda Artex: Felo solo pensaba en realizar su sueño
Joel Mayor Lorán joeldeartemisa@gmail.com

Foto: Otoniel MárquezUn almácigo revela a los visitantes la extraordinaria sensibilidad de Martí. Una ceiba les cuenta sobre su llegada, junto con Máximo Gómez, por Playita de Cajobabo. Entretanto, a un dagame y un fustete les corresponde narrar una historia desafortunada: entre dos similares, en Dos Ríos, cayó en combate el Apóstol.

Nada de imposible. En el Bosque Martiano ubicado en las afueras de San Antonio de los Baños, los árboles hablan. Fue Rafael Rodríguez quien lo logró, a fuerza de voluntad. Nadie pudo persuadirlo de dejar el trabajo en la tienda Artex: Felo solo pensaba en realizar su sueño.

“Tenía derecho a sentirme feliz por mi Patria chica, mediante este sueño de multiplicar amor y respeto por la obra martiana, los valores históricos y la Naturaleza”. Así que se fue a eliminar un vertedero y erigir una suerte de gran escuela con árboles, donde cada uno impartiría su propia clase con la pasión de rememorar una hazaña.

El director del Bosque pidió a varios campesinos que describieran un almácigo, y a ninguno se le ocurrió calificarlo como lo hizo Martí: con escribir “piel de seda”, ya hablaba de su tallo cubierto de una telilla fina y transparente de un brillo cobrizo. Esa es la historia que cuenta la planta burserácea.

De la misma manera, un bagá, una teca, un najesí, un ébano… conquistan a decenas de miles de visitantes cada año con interesantes relatos.

Tal vez un platanal no resulte tan llamativo, pero su narración atrapa. “Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que aparte de reconocer en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él su Jefe, electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos.”

Mientras, la ceiba sembrada el 11 de abril de 1995, justo a las 10:30 de la noche, como homenaje al centenario de la llegada de Martí y Gómez por Playita de Cajobabo, aporta detalles y emociones sobre la dicha grande del regreso de los independentistas a la Patria.

 

¿Qué sembró primero?

Humildemente, dice Felo que comenzó por sembrar ateje, copey, majagua, güira y naranja. En realidad, lo primero que sembró fue el amor a Martí.

Hubiese sido infructuoso su proyecto sin una tremenda vocación martiana para irradiar: no fue nada sencillo poblar el área con los 40 árboles y arbustos mencionados por el Maestro en su Diario de Campaña, de Cabo Haitiano a Dos Ríos: algunos ya no existían en el Occidente y estaban prácticamente desaparecidos en el país.

Como ese era su sueño, hasta de la Sierra Maestra los trajo. Mije, yamagua, jatía, jigüe, júcaro… llegaron desde Granma; guayacán y palo amargo, desde Guantánamo; e igual desde Villa Clara y otros sitios.

“Cuando de joven leí el Diario de Campaña, me impactó. Ya desde entonces aprendí del Apóstol, con la ayuda del profesor Odilio González, que me indicaba libros. No salía de mi casa; todo lo que hacía era estudiar”.

Se tiraba con un montón de textos en el piso, a pensar cómo representaría el recorrido de 394 kilómetros (desde Playita hasta Dos Ríos) en 33,6 metros.

El 19 de mayo de 1994 fue inaugurado el Bosque. Progresivamente, crecieron 35 caobas y más de cien majaguas, se expandió el bagá, la jocuma amarilla, el caguairán… fertilizados con su tesón y el de los dos directores de esta prestigiosa institución que le sucedieron, pues Alfredo Ruiz e Idael Núñez también se enamoraron de semejante empeño.

Pronto este singular museo al aire libre se vistió de verde, solo que no bastaba, y cargaron grandes piedras para continuar con el plan de compartir Historia: nació el Monumento a América, con el mapa del recorrido de Martí por el continente y frases suyas sobre la necesaria unidad; y otra roca gigantesca muestra un soneto del Indio Naborí, en el Aniversario 50 de la Controversia del Siglo.

Ahora, Idael Núñez, el director actual, emprende el Callejón del Sembrador, con piso de hojas, como describe el Diario de Campaña, y grandes piedras a ambos lados, en las cuales entre cuartetas y frases predomine la décima, porque San Antonio es cuna de poetas, como Angelito Valiente.

Ni Felo ni Idael descansan en su objetivo de sembrar, menos aún cuando el Bosque cumple 20 años, y ha recibido incontables premios y distinciones, como La Utilidad de la Virtud, conferida por la Sociedad Cultural José Martí. Precisamente, esta última institución y el Centro de Estudios Martianos les apoyan para concretar el proyecto de un Aula Martiana, ya a altura de arquitrabe.

“Hay que vivir sembrando —asegura Felo—, no solo en la tierra fértil, sino también en la conciencia, en la de los niños que acuden frecuentemente con sus padres, los pioneros que vienen con sus maestras, los jóvenes que organizan acampadas, y en todos los visitantes”.

Para ellos el Bosque seguirá creciendo y, tanto la ceiba como guayacanes o majaguas, contarán historias sobre un hombre cuya estatura supera la de cualquier árbol.

12:30 pm.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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