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- 03/09/2017 0 comentarios | | |

Al compás memorioso de un pueblo amado

Esta anécdota sabrosa es apenas una de las 32 que componen el libro El Ariguanabo, relatos y tradiciones, de los autores de ese municipio Carlos Eduardo Hernández y María Antonia Padrón, título de especial acogida entre los lectores, principalmente los residentes en la patria chica de Abela y Silvio.
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

El senador consumió animadamente el coctel de “langostas” preparado, con especial esmero, por el cocinero Candito Márquez en el restaurante La Playita, en San Antonio de los Baños, y no tuvo reparos en afirmar, una y otra vez, mientras se relamía de gusto: “Este es el mejor coctel de langostas que he probado en toda mi vida”.
No sospechaba aquel político de principios de siglo XX que, si algo no contenía aquel manjar recién degustado a plenitud, era precisamente una gota de langosta, sino biajacas que la imaginación del cocinero Candito habían trocado en mariscos a golpe de fabuloso ingenio criollo.
Esta anécdota sabrosa es apenas una de las 32 que componen el libro El Ariguanabo, relatos y tradiciones, de los autores de ese municipio Carlos Eduardo Hernández y María Antonia Padrón, título de especial acogida entre los lectores, principalmente los residentes en la patria chica de Abela y Silvio.
Gracias a una obra anterior, Leyendas del Ariguanabo, muy emparentada en la temática con el texto anteriormente mencionado, Carlos Eduardo y su esposa María Antonia habían probado las mieles del éxito, al extremo de vender de un tirón, en un solo lanzamiento, ¡más de 200 ejemplares!, pretexto que me llevó entonces a escribir una sentida reseña sobre este título tan gustado y “perseguido” a la vez.
Carlos, ingeniero en Geología y diplomado en varios cursos de medicina tradicional, epidemiología y acupuntura, cuenta sobre el origen de esta investigación convertida a la postre en libros.
“La profesión de geólogo lleva implícito pensar en 3D y escribir mucho, porque hay que describir la naturaleza constantemente. Desde 1975 he tenido que escribir informes, impartir conferencias, describir diferentes paisajes”.
Con pasos que lo llevaron a desempeñar diferentes oficios alejados de la geología, tras el implacable arribo del Período Especial, fue comprendiendo junto a su esposa, hoy Licenciada en Comunicación Social, que estaba ocurriendo una severa pérdida de la identidad ariguanabense y, por tanto, era preciso luchar por rescatarla cuanto antes.
Pero esta identidad no solo se nutría mediante los afluentes de los grandes acontecimientos políticos y culturales y los grandes personajes de la villa, sino por una jugosa microhistoria repleta de atractivas aventuras, personajes, anécdotas…, camino ya a perderse para siempre  del imprescindible imaginario popular.
De modo que emprendieron, desde 1995, un rescate de la historia, la oralidad y las leyendas en el Ariguanabo, un “toque” sin dudas novedoso dentro de la Comisión de Historia del municipio, entonces bajo la égida del lúcido historiador, ya fallecido, José Rafael Lauzán.
María, quien confiesa su amor por el periodismo, y Carlos Eduardo, iniciaron un riguroso trabajo de campo, visitaron fincas, entrevistaron personas por doquier (cada ariguanabense tiene una historia debajo del brazo, fue su máxima), buscaron relatos de fantasmas antológicos, de mitos, aparecidos, bolas de fuego llenas de intrigas inexplicables, botijas cargadas de monedas de oro, poemas dedicados al pueblo…
Poco a poco el primer libro fue tomando cuerpo, ala, misterio, cercanía humana, candor local (y universal, ¿por qué no?), humor, drama, tragedia…, esos pequeños y auténticos sabores capaces de cautivar sin remedio el ánima de cualquier lector, no solo el de los residentes en este municipio artemiseño.
Hoy tengo la suerte de conocer a más de uno —no residente ni natural de allí— encantado de degustar el banquete servido por María y Carlos Eduardo en este par de libros publicados por la editora Unicornio.
Con varios títulos en proyecto, uno de ellos sobre Martí y la floresta cubana, y con otro montón de sabrosas historias a mano, suficientes para llenar un tercer libro, ambos autores se alegran sobremanera de haber llevado a puerto seguro el resultado de su acucioso trabajo.
Y son especialmente dichosos al saber que los dos primeros títulos están desperdigados en la geografía de 13 naciones, desde las cuales les recuerdan que San Antonio de los Baños sigue presente en el corazón de muchos… y su rica microhistoria, su sazón callejero y popular, bien merecen  no perderse nunca.
 

El Ariguanabo, un río con mucha historia
El Ariguanabo, un río con mucha historia
7:00 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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